La ferocidad del colapso: una autopsia de la familia y el poder en la Italia contemporánea

En La ferocidad, Nicola Lagioia (Italia, 1973) desentraña los mecanismos más oscuros de una familia aparentemente perfecta para mostrar lo que ocurre cuando el barniz del éxito y la respetabilidad comienza a resquebrajarse. Ganador del Premio Strega en 2015, este libro no es solo una novela negra ni una saga familiar: es una autopsia emocional de una sociedad enferma, y su bisturí son las palabras de Lagioia, precisas y profundamente literarias.

Todo comienza con el cuerpo desnudo de Clara, una joven de clase alta, hallado en una carretera del sur de Italia. La policía intenta cerrar el caso como un suicidio, pero su hermano, Michele, no está convencido. Lo que sigue es una investigación personal que se convierte en una inmersión en las profundidades de la historia familiar, y por extensión, en una disección del poder, el capitalismo salvaje y el patriarcado estructural.

Lagioia se vale de una prosa que oscila entre la narración cruda y la observación poética para construir un retrato devastador de la familia Salvemini, emblema de una Italia que se ha enriquecido a base de especulación inmobiliaria, corrupción política y silencios cómodos. El padre, Vittorio, es un empresario intocable, símbolo de ese orden antiguo que mezcla el poder económico con el dominio moral. Clara, su hija, es la pieza que no encaja: hermosa, sensible, trágica. Su muerte es el síntoma de un mal mayor.

El ritmo narrativo no es lineal; Lagioia construye la novela como si fuera un mosaico fracturado. Saltos temporales, múltiples voces y puntos de vista le otorgan a la historia una textura densa que exige concentración, pero que recompensa con una mirada compleja sobre la decadencia. La estructura se convierte en reflejo del caos emocional que embarga a los personajes, especialmente a Michele, un antihéroe incapaz de asumir del todo su rol de investigador y vengador.

Uno de los grandes logros del libro es cómo captura esa ferocidad latente bajo las formas burguesas. No hay estallidos explosivos ni escenas de violencia espectacular; la verdadera brutalidad es íntima, silenciosa, doméstica. La familia Salvemini no necesita alzar la voz para destruir a sus miembros: le basta con el peso de su legado y las expectativas sofocantes.

Pero La ferocidad no es solo una crítica social ni una novela con claves de misterio. Es también un estudio psicológico sobre la culpa, la negación y la memoria. Lagioia nos obliga a preguntarnos cuánto de lo que recordamos es verdad y cuánto es una construcción para sobrevivir. Y nos recuerda que a veces, la verdad no redime: solo duele.

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