Eco de lo que no fue: la melancolía luminosa de «En algún lugar», de Duncan Dhu

En 1987, Duncan Dhu lanzaba El grito del tiempo, un disco que sería clave para definir el sonido pop español de los ochenta. De todas las canciones de ese álbum, «En algún lugar» es, sin duda, la que mejor ha resistido el paso de las décadas. Con su aire de postal en sepia y su melancolía elegante, la canción se ha convertido en una especie de himno nostálgico generacional, uno que no necesita alzar la voz para dejar una marca profunda.

Duncan Dhu, liderado por Mikel Erentxun y Diego Vasallo, tomó el camino menos transitado en la efervescente escena musical española de la época. Mientras otros apostaban por la irreverencia, el synth pop o el punk festivo de la Movida, ellos recuperaban la calidez de los arreglos acústicos, las armonías vocales y una sensibilidad heredada del folk británico y del rock de los sesenta. «En algún lugar» suena más cerca de The Smiths o de los Beatles que de Alaska o Radio Futura, y eso, en lugar de aislarlos, los hizo inolvidables.

La letra es un ejemplo de evocación contenida y poética. Comienza con una imagen que parece sacada de un sueño distópico: «En algún lugar de un gran país / Olvidaron construir / Un hogar donde no queme el sol / Y al nacer no haya que morir». Es un comienzo poderoso, casi mitológico, que nos habla de un país fallido, de una promesa incumplida. Un territorio donde la vida comienza marcada por el dolor, y donde incluso los dones más brillantes se apagan sin ser reconocidos: «Y en las sombras mueren genios sin saber / De su magia / Concedida, sin pedirlo / Mucho tiempo antes de nacer».

El estribillo refuerza esa sensación de aislamiento, de destino sellado: «No hay camino que llegue hasta aquí / Y luego pretenda salir». Es un lugar sin salida, un rincón olvidado que arde bajo el «fuego del atardecer», donde incluso la naturaleza se consume en una belleza agónica: «Arde la hierba».

Musicalmente, es una joya de simplicidad efectiva. La guitarra acústica marca el tempo con una cadencia suave, mientras que un acompañamiento sutil de cuerdas y percusión enmarca la melodía sin recargarla. Hay un claroscuro en la producción que refleja perfectamente el tono de la letra: dulce pero gris, luminosa pero nostálgica. Como una tarde nublada en la que, sin embargo, uno se siente en paz.

«En algún lugar» también es, en cierto sentido, una canción política disfrazada de balada. Habla de exilios, de pasados truncados, de países que se desdibujan en la memoria. No es panfletaria ni literal, pero hay una historia de fondo que conecta con muchas vivencias del siglo XX español. Quizá por eso ha seguido tocando fibras, incluso en generaciones que no vivieron los ecos de esa historia.

 

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