Un juego entre la metaliteratura y la vida

Por Carlos Gamez Cuando en 1977 murió Vladimir Nabokov, dejó indicado a su mujer que destruyera las 138 tarjetas indexadas –una metodología muy del gusto de Nabokov— que conformaban el embrión de su última e inacabada novela. Pero su mujer, Vera, fue incapaz de hacerlo, y legó las tarjetas a su hijo: Dmitri Nabokov. Este …

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