Ainara Mantellini

federico andahaziEl Libro de los Placeres Prohibidos, Ed. Planeta. 298pp

Placer y prohibición parecen ser dos palabras para siempre ligadas con este autor argentino que debe buena parte de su fama a la primera novela por la que se le conoce, El Anatomista. Esta novela que cuenta el importante descubrimiento del clítoris por parte de otro Colón y mucho después del hallazgo de Cristóbal Colón, trata del órgano femenino del placer y fue, sino prohibido, al menos centro de una polémica desaprobatoria. Pero un libro acerca del placer que fuese blanco de prohibiciones, no podía resultar otra cosa que un éxito de las librerías.

El Libro de los Placeres Prohibidos llega muchos años después como una novela policiaca en la que hay una sucesión de asesinatos de ciertas prostitutas, que suceden al mismo tiempo que se lleva a cabo un juicio por otro crimen, no de sangre, pero sí catalogado también como asesinato: el asesinato del libro. Gutenberg, el inventor de la imprenta está siendo juzgado por haber creado una herramienta satánica para reproducir textos tan fielmente que resulta imposible determinar el original, y ya se daba cuenta el fiscal acusador que tal empresa pondría en manos de todos los textos y el conocimiento hasta entonces reservados a los clérigos. El libro es un peligro.

Federico Andahazi estuvo en Miami el mes de julio presentando su libro en Books and Books (Coral Gables) y tuvimos ocasión de entrevistarlo.

AM: Hace unos años, en ocasión de la polémica por El Anatomista, dijo al Diario La Nación: “mi libro se ha convertido en un “librorum prohibitorum”. El Libro de los Placeres Prohibidos expone acerca de la censura en el momento justo del nacimiento de la máquina que popularizaría el libro y por tanto la lectura, ¿es una respuesta en el tiempo a ese tema de lo prohibido?

FA: Bueno, en principio, te digo que El Libro de los Placeres Prohibidos, son dos libros en uno. Porque está esta historia policíaca que tiene que ver con estas mujeres del burdel, y por otra parte la reconstrucción histórica, y no solamente de la historia de la imprenta, sino de la biografía de Gutenberg. Son dos libros que se van entrelazando y al final se juntan en uno. Pero yo considero que este libro es una suerte de saga de El Anatomista, porque cuando yo creé El Anatomista era un autor muy joven para ser escritor (tenía veintipocos años) y en esa época yo suponía que escribir era formular preguntas, estaba convencido de que uno formulaba preguntas sin respuesta. Y ahora que acabo de cumplir cincuenta, me arrogo el derecho de contestar algunas de esas preguntas que yo mismo me formulé en aquel entonces. Entonces, la gran pregunta, que tiene que ver con el centro del libro, es en qué momento la sexualidad dejó de ser algo sagrado para ser algo prohibido. En la antigüedad la sexualidad era sagrada hasta tal punto que se ofrecía en los templos.  Quienes ofrecían sexo en los templos eran las sacerdotisas. Entonces, yo suponía que esto que planteo de alguna forma en El Anatomista no tenía una respuesta. Pero después de tantos años de escribir, de indagar, encontré la respuesta. Y tiene que ver con que cuando los hebreos varios siglos antes de Cristo caen cautivos bajo el yugo babilónico, son obligados a practicar el sexo en el templo. Al principio se resisten, luego se someten. Pero finalmente, cuando consiguen librarse del yugo babilónico van a repudiar de tal manera al opresor que van a terminar identificando a los rituales sexuales con el sexo y al sexo con Babilonia.  Este repudio que llega hasta nuestros días hacia la sexualidad, tiene que ver con este repudio de los hebreos a Babilonia que nos llega por vía judeo-cristiana. Cuando uno lee la biblia en el Antiguo Testamento, la responsable del Apocalipsis es la prostituta de Babilona. Entonces es notable como a veces llega a nuestros días una serie de actos, de costumbres que repetimos automáticamente. Esta figura que aparece en el libro, la de los monjes copistas, ágrafos, analfabetas que escribían día tras día, año tras año, página tras página, siglo tras siglo, toda esta tradición y no entendían una palabra, una sola letra de lo que escribían. Eran deliberadamente elegidos ágrafos porque cuando uno entiende el sentido de un texto se siente tentado involuntariamente a discutir con ese texto, a cambiar el sentido, entonces era una condición sine qua non que fueran ágrafos. Bueno, salvo el fiscal que era el dueño de la palabra, que era copista y sí entendía el sentido de los textos.

AM: ¿Es decir que venimos arrastrando un montón de rituales, ideas, costumbres milenarias porque de alguna manera no se nos ha permitido leerlas bien, comprenderlas y entonces cambiarlas, modificarlas a nuestro gusto?

FA: Somos monjes copistas medievales. Pasamos toda nuestra vida repitiendo actos de manera automática, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y pasan los días y pasan las semanas y pasan los meses y repetimos las mismas cosas y hacemos cosas cuyo sentido ignoramos igual que aquellos monjes. Entonces, digo, a veces se nos va la vida en esto y veo que toda nuestra existencia es una novela. Una novela que no nos atrevemos a calificarla de tal.  Solemos subestimar nuestra vida. Y cada día es una novela pero que no sabemos leer, igual que aquellos monjes.

AM: Más que leer, interpretar.  Y de ahí también todo este gran temor, disfrazado de “esta es una obra satánica”, de que los demás interpretaran.  No de que los demás leyeran, sino de que los demás interpretaran, que llegaran al conocimiento.

FA: Claro, pero por eso la lectura era algo que estaba reservado a los clérigos, y las misas eran leídas por los clérigos, digamos, no existía siquiera la idea de que un particular pudiese leer ni siquiera la Biblia porque quien otorgaba el sentido y quien leía el pasaje según la conveniencia era el clérigo.

AM: El gran censor.

FA: Exactamente. Entonces, la invención de Gutenberg venía justamente a masificar eso que estaba en poder de la Iglesia. El gran invento de Gutenberg es que de alguna forma, para decirlo en términos actuales, democratiza la lectura. Entonces el libro deja de ser sagrado y pasa a ser profano. Y cuando es la gente quien empieza a darle el sentido a los textos empieza a escribir otros textos, entonces ya desaparece la idea del monje copista como aquel que escribe siempre lo mismo. Nace la literatura: cuando la gente empieza a leer y pide leer cosas diferentes y sucede aquello que temía la lglesia.  Por eso nace la literatura, por eso fue posible Cervantes, porque no solamente leían y daban a los textos el sentido que querían sino que creaban sus propios textos. Esto es lo maravilloso del invento de Gutenberg,  que crea la ficción. La novelística habría sido imposible sin el invento de la imprenta.

AM: El libro tiene entonces una conexión muy directa con esto que llevamos varios años presenciando: los nuevos formatos electrónicos. Estamos ante este cambio: se dice que asistimos a la muerte del libro pero también al nacimiento de una proliferación de la lectura o de un cambio en el hábito de la lectura, porque además ahora podemos leer inteligentemente, enriquecer la lectura de otra manera. Pero es claro que hay un rechazo del nuevo formato, que muchas veces se le “sataniza”.  ¿Cómo podemos entender este cambio?  ¿Va a ser un cambio para un nuevo entendimiento del hecho literario o un nuevo entendimiento solo de la experiencia de la lectura?

FA: Todavía no podemos medir el alcance del libro digital. Va a cambiar muy profundamente la lectura, va a cambiar muy profundamente la escritura.  Así como en esa época, Gutenberg no fue consciente de lo que iba a significar su estafa. Porque esto es notable, además: la industria editorial se monta sobre esa primera estafa; el libro tal cual lo conocemos es un formato pensado en principio como un medio general de estafa. El primer libro fue un libro pirata. Yo creo que Gutenberg no era consciente en absoluto de la importancia de este invento ni de la forma en que iba a cambiar, no solamente la forma de leer sino la forma de escribir. Se escribe de otra forma a partir de Gutenberg.  Y todavía nosotros no podemos ver en qué se va a convertir la literatura.  ¿Se va convertir en otra cosa? Yo no podría aventurarte cómo va a ser. En absoluto. De que va a ser distinto, no tengo duda. No ahora, no en los próximos dos años, ni 3, ni 5, ni 10. Probablemente en los próximos 50 años. Pero la narrativa tal cual la conocemos va a ser diferente completamente, porque también va a ser diferente la informática. La primera imprenta fue muy rudimentaria. Muy perfecta, pero muy rudimentaria. Nosotros estamos asistiendo al nacimiento de la informática: estas máquinas que manejamos hoy todos los días, estos teléfonos, estas notebooks, son imprentas de las primeras. Dentro de 10 o 20 años, las máquinas van a ser otra cosa completamente distinta.  Entonces dependiendo de cómo sean estas nuevas máquinas, también de eso va a depender la forma en que vamos a escribir y vamos a leer.

AM: Pero siempre vemos que hay una traslación del poder. Porque al final, las figuras de poder se mantienen en el mundo. En la época en la que El Libro de los Placeres Prohibidos se circunscribe, el poder es la Iglesia y hay que utilizar esas herramientas de satanizar el crimen para combatir a los enemigos de la Iglesia. Lo que estamos encontrando en nuestros tiempos es que esta literatura en formato digital ha tumbado un poco las estructuras tradicionales a las que estábamos acostumbrados: las editoriales, los editores, las aduanas… y ahora hay un gran monstruo que tiene el poder y que se llama Amazon. Aunque todo el mundo esté queriendo meterse en su camino, Amazon tiene el poder de la distribución del contenido. ¿Cómo ve esa traslación del poder?

FA: Es lo mismo que intentó Google cuando quiso capitalizar todo a la fuerza: hubo mucha resistencia y mucho juicio y se frenó. Pero es así: todo tiende a estar contenido, normalizado, regimentado. Entonces esto que al principio, igual que la imprenta de Gutenberg, surge como una enorme herramienta de democratización y difusión, hace surgir inmediatamente la industria editorial, con todo lo que eso significó,  y entonces la industria editorial vino a representar de alguna forma aquel mismo orden.  Y con la literatura digital va a pasar lo mismo.  Ahora existe la falsa creencia de que se acabaron los derechos de autor y los negocios. De ninguna manera. Esto se va a convertir en otra cosa, pero los que tienen el poder realmente lo van a seguir teniendo.  A mí, siendo que soy parte del asunto, hay algo que me espanta un poco: esto que decíamos del monje copista y de hacer mecánicamente cosas, todas repetidas. Uno va a los aeropuertos y todo el mundo está leyendo lo mismo.  Hay miles de millones de libros que se han escrito, que se han impreso, y uno va al aeropuerto y todo el mundo está leyendo uno, dos, tres libros. Es impresionante. Es decir, somos el monje copista. Estamos haciendo lo que hacen todos automáticamente, mecánicamente. Siendo que hay una cantidad de libros que sabemos que nunca vamos a poder leer, porque es materialmente imposible. Y entonces hay alguien, que no sabemos muy bien qué forma tiene, cómo es, que nos dice qué es lo que tenemos que leer, qué es lo que tenemos que hacer. La lectura también está incluida en esos actos automáticos.

AM: No encontramos la panacea a la censura y la prohibición con el hecho de popularizar el libro, la lectura. El asunto está en la interpretación que cada quien decida hacer de lo que lee.

FA: La decisión, cómo decide uno lo que va a leer.

AM: Particularmente, yo lo decido por placer. Y el Libro de los Placeres Prohibidos, más allá de incluir a las meretrices o las sacerdotisas, y toda esta idea poética de que llevaban el libro de su conocimiento grabado en sus pieles, esta novela deja entrever otros placeres prohibidos: la invención, pues estaba satanizado inventar (incluso propones el matrimonio del genio con la máquina), el lucro y el placer del dinero y la avaricia, pero sobre todo, la lectura como placer prohibido. Que la lectura sea un placer prohibido todavía hoy en día, tiene que ver con el hecho de interpretar.

FA: Sí, por una parte tiene que ver con el hecho de interpretar. El poder no tolera la literatura, no tolera el carácter revulsivo de la literatura, no tolera que dejemos de ser este monje copista que está haciendo todo el tiempo lo mismo. El poder siempre se las ingenia para que de un modo u otro rija nuestra vida. El libro, la literatura está hecha de una sustancia completamente diferente.  La sustancia de la literatura es el deseo, es el placer. Y lo que no tolera el poder es ese deseo, ese placer, porque la función del poder es normativizar, regir, contener. Esa es la función intrínseca del poder. Mientras que la función de la literatura, si es que tuviera alguna, es al contrario, es la libertad absoluta, es la creación. El poder no lo tolera porque está en  contra de su naturaleza. Es así como el invento más básico que inventó el poder para neutralizar este carácter revulsivo de la literatura es la censura. Desde el inicio de la humanidad hasta nuestros días. Pero después el poder encontró que es mucho más efectivo, en vez de la brutal censura, la canonización, la sacralización. No podemos luchar contra esto, no lo podemos normativizar, lo vamos a sacralizar. Construyó un enorme pedestal de mármol.  Puso allá arriba al escritor, puso allá arriba a la literatura y consiguió que la gente no tenga relación con la literatura.  Estos son los mecanismos que no vemos pero que funcionan así.

AM: ¿Qué hay de todos esos otros libros que sí persisten en los aeropuertos? ¿Qué hay de estos otros autores que se hacen famosos con una literatura que presume ser autoayuda…?

FA: Es la norma, pero hasta tal punto que nos quieren hacer creer que es la ruptura de la regla. Nos hablan de la moda de la literatura erótica, de la moda de la literatura de alguna forma transgresora y no es asé: es la sujeción a la norma. Detrás de toda esa cáscara de presunta libertad sexual, de presunto libertinaje, hay una moralina muy profunda y muy acendrada, no es el Marqués de Sade. Al Marqués de Sade lo prohibieron, lo encarcelaron. Es increíble que haya llegado a nuestros días la obra del Marqués de Sade, pero si alguien quiere saber lo que es el sadismo, no lo va a encontrar en esa saga que está de moda, sino en Sade. Parece que esa literatura existe para que la gente no lea a Sade. andahazi

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Venezolana para siempre, pero fuera de Venezuela por propia decisión. Vivir en Miami me convierte en un poquito de todos lados. Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. La lectura me atrapó desde que aprendí a leer y ya no hay remedio para ello. Mi otra pasión: mi esposo y mi hija.