Resucitando a Sugar Man.“Cold Fact” de Rodríguez

Mario Reggiardo

rodriguez

La madre de Sixto Díaz Rodríguez murió cuando él era muy pequeño.   Es hijo de inmigrantes mexicanos que se trasladaron a EEUU antes de que él nazca.  Hoy tiene 71 años de edad, vive solo en un pequeño departamento de las zonas pobres de Detroit y hasta hace un tiempo era un obrero de construcción.    Humilde y sencillo, tiene una gran sabiduría que arrastra desde sus años universitarios en Wayne State.   Es una persona tranquila, pacífica, de aspecto un poco triste.   Siempre interesado en el bienestar de los demás, en 1989 postuló para ser concejal por Detroit pero no llegó a ser elegido.

Sus vecinos y colegas no sabían que Sixto había sido músico y que editó sin éxito dos discos a inicios de los setenta.    El primero lo empezó a componer en 1967 mientras tocaba en bares sombríos de dudosa reputación.  Su estilo tiene algo de Bob Dylan, Leonard Cohen y Arthur Lee/Love.   Una mezcla de folk-rock y pop orquestal llena de pequeños detalles.  Las canciones eran hermosas y algunas hasta pegajosas.   Las letras –ingeniosas y crudas- trataban sobre su vida diaria: vendedores de drogas (Silver magic ships you carry / Jumpers, coke, sweet Mary Jean), desamores (Soon you know I´ll leave you / And I´ll never look behind / ´Cos I was born for the purpose / That crucify your mind) y violencia urbana (Gun sales are soaring, housewives find life boaring / Divorce the only answer, smoking  causes cancer / This system´s gonna fail soon, to an angry young tune / And that´s a concrete cold fact).  A pesar de que tocaba de espaldas al público, no daba la cara, tenía una reducida red de contactos y evitaba todo lo que implique promocionarse, Sussex Records, un pequeño sello discográfico local, se interesó por él y lo fichó para sacar un álbum.   En 1970 editó “Cold Fact” lleno de expectativas, pero una promoción manejada de modo deficiente hizo que el disco pase desapercibido incluso para la escena underground en el competitivo mercado musical de EEUU.

Convencidos de que las canciones de Rodríguez eran aún joyas sin explotar, se lo llevan a Londres para grabar un segundo álbum con una mejor producción.  “Coming to reality” se editó en 1971 pero casi nadie se enteró de su existencia y las ventas fueron desastrosas.   La disquera quebró y Rodríguez pasó a dedicarse por completo a la reparación de casas para mantener a sus pequeñas hijas.  A inicios de los 80s Rodríguez ya solo estaba interesado en servir a la comunidad a través de un puesto público en la ciudad, pero sus esfuerzos por ser elegido también resultaron infructuosos.    Luego de eso vivió una silenciosa vida de monje urbano, viviendo  sin teléfono, gas ni muchos servicios y comodidades propias de la sociedad de EEUU.

Sin embargo la historia de Rodríguez era distinta al otro lado del mundo.   En los 70s alguien se apareció con unas copias del “Cold Fact” en Australia, donde tuvo una espontánea difusión masiva que lo llevó a tocar allá en pequeños conciertos en 1979 y en 1981; en este último caso usando como banda de apoyo a unos jóvenes Midnight Oil.   Luego del último concierto, no volvió a recibir más llamadas para volver a tocar en algún lado.  Mientras tanto, otras copias del “Cold Fact” llegaron hasta Sudáfrica y ahí empezó a gestarse una situación que se mantuvo desconocida por muchos años.  Las canciones de Rodríguez se popularizaron entre la gente joven, universitarios, surfers, artistas y, curiosamente, entre los soldados que se consolaban con casets del “Cold Fact” durante la guerra contra movimientos insurgentes.  Se empezaron a editar copias originales del disco y de pronto las canciones del chicano, llenas de poesía (The moon is hanging in the purple sky / Baby´s sleeping while its mother sighs / Talking ´bout the rich folks / Rich folks have the same jokes / And they park in basic places), apología a las drogas (Sugar man you´re the answer / That makes my questions disappear), libertad sexual (I wonder how many times you have sex / And I wonder do you know who´ll be next) y crítica política (The mayor hides the crime rate / Council woman hesitates / Public gets irate but forget the vote date), se convirtieron en el soundtrack del movimiento contra el apartheid dentro de la misma población blanca.   Por eso sus canciones fueron prohibidas por la South African Broadcasting Corporation, lo cual no evitó que llegue a ser parte del imaginario popular y muchos sudafricanos tengan un disco suyo en casa.   Rodríguez se había convertido en el gurú secreto de toda una generación.   Como nada se sabía de ese sujeto con pinta de indígena hippie, se creó la leyenda urbana de que el músico se había suicidado sobre un escenario.   Sin embargo, Sudáfrica era un estado paria producto de su brutal política racial, aislado del mundo y del que poco se sabía.   Por ello Rodríguez desconocía que era un éxito en ese país y no recibió un solo cheque por las ventas.

En 1997, Stephen Segerman, el propietario de una tienda de discos de Ciudad del Cabo, se interesó por conocer la historia de Rodríguez luego de que le encargaran la reedición en CD del “Coming from Reality” para Sudáfrica.  Ahí es donde Segerman se entera que en USA nadie sabía algo de ese músico de nombre hispano.    Durante meses hizo una serie de llamadas siguiendo la red de las disqueras, hasta que ubicó a Mike Theodore, uno de los productores musicales del “Cold Fact”, quien sorprendió a Segermen al decirle que el personaje a quien buscaba estaba vivo.   Segermen consiguió su número y llamó a Rodríguez por teléfono, le contó que era adorado en Sudáfrica y que le gustaría llevarlo a tocar allá.  Escéptico, Rodríguez viajó en 1998 pensando que se trataba de la exageración de un fanático o incluso una estafa, pero se encontró con un recibimiento como si se tratase de los Beatles.  El primer concierto fue para 5000 personas, en un coliseo lleno que se vino abajo cuando la gente vio aparecer a su misterioso ídolo en el escenario.  La ovación antes de que empiece a sonar siquiera una nota duró varios minutos.  La emoción venía de ambos lados y Sixto estuvo paralizado sin entender por qué tenía ese recibimiento de estrella cuando en su país era un absoluto desconocido.   Repitió los conciertos en Sudáfrica en el 2001 y 2004, pero una vez que regresaba a Detroit, regresaba la indiferencia y el anonimato.

Su primer reconocimiento a nivel mundial vino en el 2008 cuando el pequeño sello Light in the Attic Records reeditó sus dos álbunes en disco compacto, los que fueron muy bien recibidos por la crítica especializada.  Rodríguez empezó a tener un discreto trato de genio redescubierto.  Para ese momento ya algunos meticulosos melómanos regados por Europa y USA empezaban a disfrutar de su música, asegurando que la obra de Rodríguez se preserve más allá de Oceanía.

En el 2012, luego de una visita a Sudáfrica en la que de casualidad se entera de esta historia, el sueco Malik Bendjelloul filmó un divertido documental que cuenta las vicisitudes de Rodríguez, su éxito en Sudáfrica, cómo lo ubican a fines de los 90s y su exitoso regreso a los escenarios.    Entre otros premios, “Searching for sugar man” ganó el BAFTA británico y el Oscar estadounidense a mejor documental del 2013.  Rodríguez no quiso ir a la premiación del Oscar porque dijo que el mérito era del director y no de él.   Como no tiene televisor en su casa, estaba dormido durante la ceremonia y fue su hija quien lo llamó a avisarle que habían ganado.  Este premio terminó de dar el gran impulso a la renaciente carrera de Rodríguez.  Sus discos ahora empiezan a venderse por cientos de miles y tiene largas giras por Estados Unidos y Europa con entradas que se agotan a veces en pocos minutos.   Ha llenado las 6,000 localidades del Radio City Music Hall de NYC y tocado para cerca de 100,000 personas en los festivales de Coachella y Glastonbury.  Su última gira a Sudáfrica le reportó ganancias por US$ 700,000, pero él lleva una vida espartana y ese dinero lo repartió entre sus hijas y los amigos que lo apoyaron en la época en que era un aparente fracasado.  A pesar de que se está quedando ciego por causa del glaucoma, lo que lo lleva a caminar lento y usualmente tomado del brazo de alguien, la vitalidad de Rodríguez es admirable.  Ahora piensa sacar un tercer álbum y lanzarse a la alcaldía de su amada Detroit.  Dice que ahora sí llego la oportunidad de poder ayudar a su gente.

 

 

 

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