Gonzalo Salinas

 

MIa_PantherCoffee_405La historia de Panther café comienza con el sueño de una pareja de esposos que quería que Miami tuviera un café local en donde la gente se reúna, beba un buen café, tenga un ambiente excelente (donde se sienta el aroma y se procese el grano)  y donde se reúna la comunidad local artística de la ciudad.

Esos esposos son Joel Pollock and Leticia Ramos Pollock, quienes no solo establecieron una relación entre productores de café en diversas partes del mundo, sino que en su local original en el área de Wynwood, tienen una rostizadora de café que garantiza no solo el procesamiento correcto, sino que la experiencia de esta familia trabajando durante muchos años en el rubro, son usados para darnos una alternativa a otros cafés mas impersonales con aroma corporativo que abundan por Miami Beach.

Comenzaron hace algunos años en Wynwood, cuando aquella área comenzaba su transformación, y por la época en que muchos visionarios apostaban por unos terrenos que aún estaban rodeados de zonas peligrosas donde abundaba el crimen, y que hoy cada vez más se está convirtiendo en el referente de la zona artística y bohemia de Miami, destituyendo a zonas de mayor trayectoria y con mayor antigüedad, para la movida artística.

Los dueños, al darse cuenta que funcionaba el sistema de rostizar su propio grano de café, el crear un ambiente positivo para socializar entre artistas, el crear eventos de micrófono abierto, recitales de poesía, traer a escritores leyendo sus escritos y demás actividades artísticas en su calendario, decidieron arriesgar por un terreno competitivo como South Beach donde abundan los cafés locales y donde grandes cadenas como Starbucks de Seattle o Aroma de Tel Aviv, se pelean por una clientela muy exigente.  No escogieron la populosa avenida Washington, ni tampoco la zona más comercial de Lincoln Road, sino que apostaron por una zona que cada vez esta adquiriendo mayor fuerza comercial: la zona de Sunset Harbour, en la cálida Purdy Ave.

Ahora, por el hecho de que Purdy esté repleta de restaurantes y nuevos establecimientos comerciales, no significaba que por arte de magia Panther iría a tener éxito. Pero de la misma forma como se ganaron a los clientes de Wynwood, esta vez incorporaron dos ases que sacaron debajo de la manga: a la hora del Happy Hour puedes tomarte una cerveza con los amigos en las mesitas de la terraza, o una copa de vino en los muebles del interior. Además cuenta con una larguísima mesa de estudio donde vienen los universitarios, los escritores, los que solo quieren matar el rato o los que quieren venir a tomar un buen café leyendo una novela de Murakami.

Y  no ha sido fácil. Desde que Panther abrió, ha tenido que competir contra todos los nuevos locales que abrieron en Purdy, comenzando por la filial del café francés A La Folie, que tiene su local principal en Española Way, y que es uno de los cafés más populares de South Beach. Además tiene competencias como Icebox, el restaurante de la playa famoso por sus postres; y Barceloneta, un restaurante de American Fusion que por las tardes es punto de reunión estilo café.

Pero Panther ha sabido brillar, con las misma intensidad con que brilla en su local inicial y mientras tengamos este café sabemos que hay empresarios con conciencia como los esposos Pollock, quienes producen excelente café, importan el grano asegurándose que los productores no son explotados como ocurre con otras grandes cadenas, y los canales de distribución aseguran que el grano llega en su punto exacto para ser rostizado in situ para disfrutar un excelente taza de café.

Darse una vuelta una tarde por Panther café de Purdy es más que una práctica simple: es un retorno a conocer el típico negocio familiar que mueve y hace único a South Beach,  famoso por ser personal en su trato, de ambiente cálido e íntimo, y nos alegra el saber que todavía estos negocios le dan el color y el sabor que sabemos que representa a nuestra ciudad.

© 2013, Gonzalo Salinas. All rights reserved.

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Nació en Lima, Perú. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y desde el 2003 vive en los Estados Unidos. Ama el océano, la guitarra, la ciudad de Miami, la guanábana, el ceviche, el idioma español, los libros de Tolstoi, las maratones, el buceo en Key West, la música de Jack Johnson y la prosa del libro de Las Mil y una Noches en la traducción de Burton. Actualmente trabaja en su primera novela.