Encuentro por casa un ejemplar de la segunda edición del poemario hiperlocal Capital de tercer orden (versos del amor de disgusto), de Ángel María Pascual, publicado en MCMLXXI, es decir, en 1971, pero firmado, en El Busto, Navarra, en octubre de 1946. Su autor moriría un año después, víctima del retroceso de la ciencia española, un 18 de diciembre de 1947, con apenas 36 años, el conocimiento de seis idiomas, una cultura vastísima y varios libros y cientos de artículos publicados. Eugenio D’Ors, que siempre admiró su elegancia, lo llamaba “el falangista de los zapatos de orillo”.
Su condición de falangista con tendencias más preocupadas por lo social que otra cosa, como me contaba un familiar suyo, lo convirtió en una rara avis en el ambiente franquistón de la Navarra de posguerra. Los altos cargos de la prensa local acabarían por relegarle al cultivo de sus Glosas a la ciudad, con una responsabilidad limitada. Antes, había dirigido, el Arriba España, en la calle Zapatería de Pamplona, donde estaba y luego volvió a estar la sede del Partido Nacionalista Vasco.  
A los falangistas los absorbió Franco con el rollo ese de meter el yugo y las flechas en su simbología. Pero, dicen los que saben, siempre fueron vistos más como una amenaza que otra cosa. Algo incluso exótico, poetas o gente peor, escritores, literatos, uff.
Me ha llamado la atención el último poema de Capital de tercer orden. Hay como una llamada de auxilio, una prédica falangista en el desierto, de una extraña soledad y crudeza (“bebamos juntos de las mismas heces”). 
La idea de otro exilio interior (vease Vicente Aleixandre), el de los que estaban en el bando vencedor, pero que sentían tanto o más rechazo por el imperante estado de cosas.

Envío

A tí fiel camarada que padeces
el cerco del olvido atormentado.
A tí que gimes sin oír al lado
aquella voz segura de otras veces

Te envío mi dolor. Si desfalleces
al acoso de todos y cansado
ves tu afán como un verso malogrado,
bebamos juntos de las mismas heces.

En tu propio solar quedaste fuera.
Del orbe de tus sueños hacen criba.
Pero, allí donde estés, crée y espera

El cielo es limpio y en sus bordes liba
claros vinos del alba, Primavera.
Pon arriba tus ojos. Siempre arriba.

Ángel María Pascual
El Busto, octubre 1946.

*He copiado tal cual, con las reglas de puntuación y acentuación de la época.


Portada del poemario, con ilustraciones del propio autor

© 2012, Eduardo Laporte. All rights reserved.

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Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):