Héctor Torres

nostalgia-portadaQuizá caribeño sea la expresión que sintetice con mayor eficacia un conjunto de atributos que se le endilgan a (o suelen ejercer con vehemencia) las personas de este rincón del mundo. A oídos forasteros, “caribeño” suena a mojito, guayabera, son, alegría y baile. Es una expresión con tanta fuerza evocativa que, incluso, puede desmarcarse de ese mar de azules intensos, costas calientes y vientos bravos que da origen al término, ya que Caribe, más que una precisión geográfica, supone un modo de ir por la vida.

Eso, al menos, fue lo que sentí al leer Nostalgia de escuchar tu risa loca (Sudaquia Editores, 2012), novela del panameño Carlos Wynter Melo (Ciudad de Panamá, 1971), una de las voces más representativas de la nueva narrativa de esa nación, como lo atestigua su participación en Bogotá 39 y en Los 25 secretos mejor guardados de América Latina (Fil Guadalajara 2011).

Lo primero que uno siente cuando se adentra en la lectura de esta novela es la presencia, innominada pero no invisible, del mar. Un mar que se presiente a través del temperamento de sus personajes: negligentes, temperamentales, inquietos, inesperados, bulliciosos hasta para espantar la tristeza. Uno avanza a través de sus páginas y adivina una ciudad cercada por un mar que le hace de espejo, y adivina también la melancolía y el temor a los pensamientos que aparecen con la soledad, cayendo sobre sus habitantes luego de la puesta del sol.

Es decir, la otra cara de tanta alegría desaforada.

Es el caso de Arcos, un displicente profesor de música, cuya vida comienza a desmoronarse en el preciso instante en que inicia el camino de regreso del aeropuerto, adonde había ido junto al resto de los miembros de Son de Mar, la banda musical de la que forma parte, para despedir a Estelita Almengor, la solista del grupo, la cual se embarcó en un viaje a México para probar fortuna.

Arcos es un tipo simple, carente de visiones elaboradas y deseos de trascendencia. Un ser un tanto indolente y egoísta que, paradójicamente, es profundamente dependiente de los demás, quienes le proporcionan su sentido de permanencia. Arcos es un adolescente tardío, cuya vida se sostiene en la aprobación y el afecto de mujeres con las que se involucra sin permitirse ningún tipo de compromiso con ellas. Un antihéroe, un hombre solitario que se empeña en ahogar su soledad en la compañía femenina, llámese Teresa, Erika, o Ana, aunque en ningún caso podrá estar a salvo de la enorme fatiga que comienzan a producirle las rutinas que consumen sus días.

Leónidas es un miembro de Son de Mar, el cual forma parte de una sociedad secreta que recopila testimonios que afirman haber visto al general Torrijos merodeando por las calles de Panamá. Juanita Jones es una amante ocasional de Arcos, a quien carecer de piernas no le impidió irse un día detrás de sus sueños. El delirio de la orfandad que sigue buscando al padre, en un extremo; la pasión de creer en sus propios sueños, en el otro. Arcos es testigo de ambas vidas. Arcos se descubre como un hombre sin voluntad. Arcos se va dejando ir, incapaz de moverse. Arcos decide al no decidir. Arcos se derrumba. Arcos también ve un día a Torrijos en una calle y lo persigue. Arcos es secuestrado. Arcos recibe una sacudida. Arcos toca fondo para reconocerse en lo que es y no en lo que creyó ser.

Aunque en Nostalgia de escuchar tu risa loca no aparezca el mar, ni los mojitos, ni hombres con guayabera (música y bares sí, y en cantidades respetables) es una historia del Caribe. Un Caribe íntimo que nutre el temperamento de sus habitantes, aún en una ciudad que mira al Pacífico. Es el lado oculto de la luna. Es la derrota detrás de una risa triste con nombre de bolero.

Carlos Wynter es un hombre curtido en el cuento que aborda en Nostalgia de escuchar tu risa loca, su primera novela, la vida de un hombre en el que también podemos identificar a cualquier hombre de este rincón del mundo. Al menos de ese que sigue allí cuando se apagan las luces y se baja el telón.

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