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Por Manlio Chichizola

Maximiliano Papandrea nació en Buenos Aires en 1976. Se ha desempeñado como corrector, traductor y editor freelance y desde 2010 es editor y coordinador de La Bestia Equilátera. Integra el staff de la revista de crítica Otra Parte  y es el editor de la sección literatura argentina en el sitio de reseñas OP Semanal.

La Bestia Equilátera es una de las editoriales independientes más prestigiosas de la Argentina. Con un catálogo de más de 50 títulos, ha publicado a autores como Kurt Vonnegut, Muriel Spark, David Markson, Virginia Woolf, Alfred Hayes y Roberto Bazlen. En 2012, su director, Luis Chitarroni, fue elegido “Editor del Año” por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

· Cuéntame un poco de los inicios de la editorial. ¿Cómo nació La Bestia Equilátera?

Nació gracias a Muriel Spark y a dos lectores argentinos. Natalia Meta y Diego D’Onofrio se dieron cuenta de que hacía muchos años no se conseguían las novelas de esa gran escritora escocesa en las librerías argentinas y decidieron fundar una editorial para reparar esa falta. Contaban con el asesoramiento de Luis Chitarroni, por entonces editor de Random House Mondadori Argentina y hoy nuestro director editorial. La Bestia se lanzó en el 2008 con una novela de Spark que nunca había sido traducida —Los encubridores— y con una colección de ensayos inéditos de Luis. Descubrieron dos cosas. Que el entusiasmo por Spark lo compartían muchos lectores y que había un terreno propicio —una zona de la literatura desatendida, digamos— para ir construyendo un catálogo basado en grandes escritores olvidados o nunca traducidos, joyas secretas y apuestas de riesgo. Con el tiempo, la capacidad de sorprender y de establecer complicidad con los lectores y el afán de publicar cuidando todos los aspectos de la edición (traducciones, arte de tapa, corrección y diagramación, etc.) hicieron que el proyecto creciera y se consolidara.

· Son reconocidos como una editorial independiente. Pero ¿independiente de qué?

De nada. Si algo tiene una editorial “independiente” es dependencias, pero de todos esos condicionamientos (que van desde la insuficiencia de recursos materiales y humanos hasta el desafío de ganarse un espacio en un mercado saturado y copado por los grandes grupos) salen la energía y las mejores ideas. Crear una editorial te obliga a repensar todo de cero. No basta con confiar en los títulos que elegís. Hay que encontrar un modo propio de posicionarte, de ganarse la confianza de los lectores, de establecer alianzas con distribuidores y libreros, de anticiparse a las tendencias y aguzar las intuiciones. “Independiente” no es más que una definición un poco apurada que usamos todos para describir una iniciativa comercial privada cuyo objetivo no es solo el lucro sino aportarle al mundo una propuesta cultural y estética enriquecedora.

· ¿Qué es un editor, qué hace, qué le preocupa? Cómo defines tu trabajo en el día a día.

Un editor es una persona peculiar. No le alcanza disfrutar de lo que lee sino que necesita compartirlo, y compartirlo con muchas personas, y está dispuesto a poner mucho de sí —hasta dinero— para ayudar a que ese libro de otro quede lo mejor posible, y que tenga la mejor presentación en sociedad, y que sea un objeto atractivo y bien hecho, y que llegue a las personas que él cree que lo están esperando, y para averiguar si está solo o acompañado en ese entusiasmo. Un editor interviene en la cultura desde un lugar directo e indirecto a la vez. Por cada libro que publica son muchos los que por una u otra razón desestimó, y en esa elección se está pronunciando respecto de lo que vale la pena leer, sea un rescate, un escritor inédito o algo que su gusto o intuición le dice que amplía el horizonte de posibilidades de la literatura. Cuando pienso en un editor, el primero que se me viene a la cabeza es Paco Porrúa. Quedó en la historia por haber publicado a Cortázar y a García Márquez, entre otros, pero qué sería de nosotros, los lectores hispanohablantes, sin las maravillosas traducciones de Minotauro: Bradbury, Calvino, Vonnegut, Ballard, Burroughs, Lem, Burgess, Dick, Tolkien, autores y libros que tallaron la sensibilidad y la imaginación de miles de personas, que están en todas las bibliotecas y en todas las mentes. Pero la elección de los títulos es solo una parte de la cosa. En mi caso, además de uno de los editores soy el coordinador de la editorial y eso implica estar un poco en todo: la revisión de las traducciones, las portadas y paratextos, las estrategias de prensa y comunicación, las imprentas y un sinfín de decisiones particulares que hacen al antes, al durante y al después de la publicación de cada libro o al rumbo que va tomando la editorial.

· ¿Cómo hacen la selección de los libros que publican? En qué estándares o gustos se basan para ofrecer el catálogo que tienen actualmente?

Todos los que trabajamos en La Bestia somos lectores apasionados, desde Luis Chitarroni, un lector extraordinario que conoce la biblioteca universal de punta a punta, hasta la contadora. Y todos de una u otra manera estamos entregados a la quimera de buscar ese próximo libro que conquistará a todos de una vez y para siempre. Lo digo en broma, por supuesto, pero doy fe que todos en La Bestia de tanto en tanto nos dejamos seducir por sueños delirantes. Así que, más allá de los gustos personales que hacen que un libro entre en consideración, el estándar ya lo pone el diálogo entre nosotros, que a veces son discusiones encarnizadas. Uno de los aspectos más interesantes del catálogo que estamos formando es una mezcla de gran exigencia literaria y capricho. Que en un mismo año se publique un Arno Schmidt —escritor para escritores— junto a una novela de legibilidad tan clásica como El caballero que cayó al mar de H.C. Lewis, un completo desconocido, habla de que leemos de un modo bastante desprejuiciado. Una de las preguntas que más nos hacemos, porque libros buenos hay en todas partes y en todas las literaturas de todos los tiempos, es “¿cómo se leerá hoy?”.

· ¿Cuál es la tendencia en el sector editorial independiente en Latinoamérica?

Uno de los fenómenos más interesantes que veo es la proliferación de proyectos independientes de todas las escalas, desde editoriales artesanales o microeditoriales que trabajan con tiradas muy chicas pensando en comunidades muy particulares (grupos de amigos ampliados, podríamos decir), hasta proyectos como el nuestro, cuyo modelo y canales son de alguna manera los tradicionales. Esto se debe a que las posibilidades de impresión y de producción de libros se están ampliando y en algunos aspectos abaratando. Y naturalmente viene acompañado del surgimiento de espacios de circulación alternativos, no tradicionales, creativos. El resultado es que se publica demasiado, sí, y que quizás en no todos los casos lo que se ofrece al lector tiene la calidad deseada, pero en última instancia es un paronama auspicioso y de una riqueza formidable.

· El mundo editorial está en constante cambio. ¿Tú crees que el lector también ha cambiado en los últimos años?

No lo tengo claro. Creo que el lector no ha cambiado, no cambió su necesidad de reflexionar, de conmoverse, de asombrarse o distraerse con los libros: de jugar al juego de la ficción. Lo que ha cambiado es la vida cotidiana de todo el mundo, lectores incluidos. Hay menos tiempo para leer. La atención está permanentemente acechada, sobrestimulada, dividida, y para la lectura tal como la venimos entendiendo desde hace siglos hace falta paciencia y concentración: en este mundo, leer es una tarea lenta. Si nos ponemos apocalípticos, esa es la principal amenaza, pero yo lo veo más bien como una fortaleza: cuando nos cansamos de nosotros mismos, de entretenernos compulsivamente, cuando el mundo nos parece demasiado chato y limitado y lleno de promesas de experiencias inauténticas, ¿hay algo más estimulante que leer un buen libro?

· ¿Lo que haces es por “amor al arte”?, ¿se puede vivir de esto o sobrevivir? Leí alguna vez que las editoriales independientes tenían los días contados si no creaban alianzas con los grandes grupos editoriales. ¿Qué piensas de ésto?

Nadie (ni un escritor, ni un editor, ni un traductor, ni un librero) puede creer que se hará rico en el mundo de los libros. Los que elegimos este camino, creo, tenemos bien claro que lo que nos mueve es otra cosa. Mi historia es simple y bastante común: un día, de chico, un libro me cambió la vida (no la cambió, pero cambió la mirada que tenía de la vida) y desde ese momento supe que haría todo lo posible por dedicarme a la literatura. No sabía muy bien de qué manera, si como escritor, traductor, editor o qué. Tuve la suerte de conseguir trabajo como corrector muy pronto, a los diecinueve años, y desde entonces no tuve que dedicarme a otra cosa. Disfruto mucho de todo lo que hago y ese es mi motor principal.

Como dije antes, creo que la edición independiente está más viva que nunca y no necesitan de los grandes grupos para sobrevivir. En los años que llevo en esto, vi nacer y caer a muchas editoriales independientes, por razones distintas, pero también vi nacer proyectos que supieron mantenerse en el tiempo gracias a la astucia o la intuición de sus editores. Siempre habrá escritores, siempre habrá editoriales, siempre habrá lectores.

· El catálogo de LBE no contempla casi autores argentinos. Por qué tienen esa política o es casualidad? Y en caso que decidieses publicar a un argentino, con cuál te gustaría trabajar?

Lo que hemos publicado de escritores argentinos responde a un momento distinto de la editorial o a oportunidades que no podíamos dejar pasar, como cuando César Aira nos ofreció El mármol (que fue como un segundo bautismo, porque casi no hay editorial argentina que no lo haya publicado) o como el libro con el que inauguramos este 2013: Nuevo museo del chisme, de Edgardo Cozarinsky, una exquisita recopilación de anécdotas del cine, la literatura y las artes en general contadas con una gracia única. La tentación de publicar autores argentinos y latinoamericanos de un modo más programado es muy grande, y siempre la contemplamos. El día en que tengamos tan claro qué queremos hacer en ese sentido como lo tenemos en las líneas de ficción extranjera y ensayo estoy seguro de que lo haremos.

De los escritores argentinos actuales, me encantaría trabajar con Marcelo Cohen, cuya obra sigo y admiro desde hace muchos años y quien, junto con Aira, es sin dudas el autor argentino vivo que más marcó a mi generación. Sus libros son proezas de invención y estilo; exigen atención pero regalan una gran felicidad.

· Si pudieses escoger un autor (de cualquier país y género) para publicar en LBE, cuál sería tu opción?

Me hubiera encantado publicar a la mexicana Valeria Luiselli, que tiene Sexto Piso. Es de esas escritoras con las que basta leer algunas páginas para sentir que estás en buenas manos. Leí con placer su primer libro, Papeles falsos. Enseguida apareció Los ingrávidos, su primera novela, y quedé maravillado. Descubrir a una autora tan diestra y tan joven es un privilegio para un editor que no ocurre todos los días.

· He visto que LBE está apostando por los libros digitales. ¿Cómo les va en este segmento y qué aspiraciones tienen?

Lanzarnos al terreno de los ebooks fue una de las apuestas del 2012 y lo hicimos con distintos objetivos. Por un lado, nos pareció la manera más rápida de conseguir que nos pudieran leer en países a los que nuestros libros todavía no llegan o llegan erráticamente. Pero además está claro que poco a poco cada vez más gente va incorporando a sus hábitos de lectura las ventajas innegables que tiene leer en un reader o una tableta, y queríamos acompañar lo antes posible ese proceso. En el ámbito hispanoamericano, el mercado de los ebooks es algo todavía incipiente, pero precisamente por eso nos pareció que teníamos que vivir la experiencia de aprendizaje antes de que todas las cartas estuvieran repartidas. Lo cierto es que las ventas de ebooks fueron mejores de lo que esperábamos.

· Las editoriales independientes tienen un presupuesto acotado, ¿Qué canales de comunicación y promoción utilizan para llegar a sus lectores?

Tratamos de aprovechar al máximo los recursos que tenemos en ese sentido, eligiendo muy bien dónde ponemos la energía. El principal es la participación en ferias, sobre todo en la Feria del Libro de Buenos Aires, para desarrollar una conexión directa con el público local, y en Guadalajara, para establecer lazos con el exterior. El año pasado decidimos apostar por participar de la Feria de Buenos Aires con un stand propio y nos sorprendió el resultado. Fue muy interesante conocer a nuestros lectores, que nos contaran lo que les había pasado con los libros de La Bestia, etc. También tener la oportunidad de mostrarles lo que hacemos a personas que no conocían la editorial. Fuera de eso, tratamos de trabajar lo mejor posible en tres vías: la prensa gráfica tradicional, la relación personalizada con los libreros y la comunicación directa con nuestros lectores y seguidores a través de internet y las redes sociales. Ideas tenemos muchas, y las iremos poniendo en práctica a medida que surjan las oportunidades.

Y para terminar, unas preguntas rápidas,

Un lugar: Valparaíso

Un libro: Rojo Floyd, de Michele Mari, mi último entusiasmo bestial, que publicaremos en breve

Una película: Tournée de Mathieu Amalric

Un autor/a que todos deberíamos conocer: M. John Harrison

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