Los desarreglos de Eros y la Geometría del deseo de Sophie Canal

Félix Terrones

Geometría del deseo,

Lima: Borrador,2011

118 p. 

gemor

Existen libros que desde un inicio podemos identificar pues, sin necesidad de haberlos leído, los adscribimos a un género, les reconocemos un parentesco con otros, por lo general contemporáneos, un parentesco que nos permite anticipar el estilo, la forma e incluso el tema. De esta manera, el lector se sienta a leerlos con la certeza, más o menos consciente, de cuáles serán los caminos de sus personajes, el tono escogido e, incluso el desarrollo de la historia. Se trata de esos libros que forman parte de una corriente, en ocasiones una moda, a los cuales llegamos porque se parecen a otro que nos gustó o porque nos lo recomendó un amigo o cualquiera de las razones convencionales que explican la novedad. En resumidas cuentas libros cuya lectura añade un ladrillo más al edificio de nuestras certezas.

Pero también existen libros como el de Sophie Canal (1967), maliciosamente titulado Geometría del deseo. Francesa de nacimiento y peruana de adopción, Sophie Canal ha tomado varios años para publicar este libro extraño que tiene de novela pero también de poesía y cuento. ¿De qué otro modo considerar ese manojo de catorce brevedades que interrogan desde diversas perspectivas la realidad del deseo? Claro, tiene de todos esos géneros sin ser ninguno de ellos o, como es evidente, sin ser la sumatoria de ellos sino más bien un texto bastardo, a medio camino de todo. Porque Geometría del deseo es un libro raro, lleno de sorpresas, uno de esos libros que, una vez leído, uno no sabe bien en qué anaquel colocar pues resulta difícil encontrarle una semejanza. Un texto atípico, uno de esos textos impublicables a los cuales que los editores, perplejos pero “honestos”, le reconocen valores literarios antes de guardarlos en el fondo de sus cajones, sin contar con los lectores de siempre, aquellos que lo cierran apenas sienten perder piso por su propuesta estética.

Ojo, con esto no estoy diciendo que Geometría del deseo sea un libro aparecido por generación espontánea. Su linaje hunde sus raíces en una vertiente de la literatura tan antigua como rica. De hecho, y esto es algo que hasta ahora nadie ha señalado, este libro recuerda toda una tradición literaria medieval que incluye al Arcipreste de Hita, Guillaume de Lorris y François Rabelais. Como los libros de los autores citados, Geometría del deseo es un texto irreverente, de humor inteligente, cargado de un saber filosófico, reflexivo cuando se trata de las relaciones afectivas y, como es sobre todo el caso de Rabelais, en el cual lo corporal posee un valor gravitante, cósmico. Con todo, a diferencia de los textos y autores precedentes no existe una ideología hegemónica en sus líneas sino más bien una voluntad por subrayar, al menos estéticamente, las aristas, múltiples, a veces irreconciliables, del deseo.

Figuras geométricas. Líneas. Ángulos. Puntos de vista. Si hay algo geométrico en el libro es el constante oscilar en las perspectivas de los diversos personajes que lo componen (en ocasiones mucho más símbolos que personajes). Esta es una de las virtudes de Sophie Canal, esa capacidad que tiene para multiplicar las máscaras que asume el deseo en cada personaje, sea éste un joven indolente, una mujer casada, un adolescente. Desde luego, esto la lleva a permear la piel de cada uno de sus personajes para “ver” pero sobre todo “decir” como ellos (hay un testimonio, bastante desopilante, de un mono que el lector descubrirá al final del libro). Por eso, cada una de las catorce partes subraya la poética fracturada que plantea la autora del motivo elegido. Se trata de una manera descarnada y refinada (si cabe reunir ambos adjetivos) de acercarse al deseo.

 Ahora bien, lo geométrico no sólo se traduce en diversos puntos de mira sino que también adquiere un espesor, mejor dicho un volumen. Esto es puesto en evidencia dentro del mismo texto cuando se dice, en tono jocoso, lo siguiente: “Nicomedes, Nicofemes y la pequeña niña hispánica que llora y los imperativos categóricos kantianos pueden despertarse en cualquier momento, estás advertidos y es una locura, Dios mío, creer en el encuentro de una planta carnívora y dos pequeños pescados. De todas maneras, ya he vivido esto y los déjà vu solo son vicios de forma, aquellos que adoptan las geometrías del deseo en la mente de aquellos que ya han reconocido los círculos de sus vidas. ¡La última vez todo había terminado en un cuarto amarillo y, como por definición, el amarillo es dudoso, uno saca gran provecho en inventar nuevos colores y una geometría no euclidiana si uno no quiere terminar en la ducha, es decir en los basurales del determinismo!” Es tanta la densidad de la cita precedente que páginas de comentarios no bastarían para desentrañarla. Con todo, resulta evidente que para Sophie Canal la geometría no es tanto un plan como una imagen, una metáfora. La imagen que la autora encontró para refractar la experiencia individual en formas circulares, convertidas en la clave de una trayectoria vital, aquella que ha tenido la suerte de reconocer en la novedad lo ya vivido o experimentado.

Aventuras medievales, líos de faldas, infidelidades conyugales e, incluso, primates en efervescencia hormonal: todo parece encontrar su lugar en este brevísimo pero enciclopédico librito. En todo caso, me gustaría detenerme en una de las catorce viñetas, la sexta “Virtud de los triángulos”, un homenaje a Julio Cortázar de quien Sophie Canal aprendió no tanto a nivel formal como temático. Por eso, el homenaje al maestro no deja de ser desconcertante, pues en este relato el “maestro” Julio Cortázar se ve transfigurado en el inopinado, aunque eficiente, alcahuete de los amores entre Félix y Diana. Se trata de una escena llena de humor en la medida en que conforme avanza el texto, Julio Cortázar pasa de ser el autor reverenciado a convertirse en el tercero en discordia de un original triángulo amoroso (“Basta que esté presente o que se evoque uno de mis libros o uno de mis personajes, para que con esta señal la mirada de Félix en la mirada de Diana y el triángulo”). Pero el humor no debe hacernos perder de vista las repercusiones de insertar al escritor argentino en la ficción. Metonimia del quehacer artístico pero también de la literatura, la presencia de Cortázar parece plantear una particular visión del arte. Un arte cómplice a la hora de propiciar y proteger (encubrir) el deseo como lo hace el mismo libro, quiero decir Geometría del deseo, en el que aparece.

No olvidemos, finalmente, un elemento valioso en la composición del libro y que le da mucho de su capacidad persuasiva. Me refiero a la escritura de Sophie Canal, dueña de una pulcritud que pasma y extraña. Tan pronto se lanza en disquisiciones filosóficas como comenta con crudeza, y con la misma eficiencia, arrebatos hormonales. Instrumento que casi nunca chirría, la prosa de Canal tiene una riqueza inaudita (aquí subrayo este adjetivo) en nuestras letras. Imagino que una parte de la responsabilidad le incumbe a Paul Baudry quien, con discreción y elegancia, tradujo el texto al castellano con la autora. A lo mejor hay lectores que no necesariamente se detendrán en este libro, que lo considerarán como prescindible, pero quienes de verdad gozan con la literatura no podrán pasar por alto la calidad de la escritura. Una verdadera lección de prosa que coloca a Sophie Canal en la misma fila de escritores como Carlos Yushimito o Ricardo Sumalavia, por mencionar a dos escritores peruanos contemporáneos que se preocupan del estilo en el que escriben.

¿Existe algo más descabellado que encontrarle una forma, un orden geométricos al deseo? El erotismo en Sophie Canal es una fuerza destructora pero también hay un componente armonioso. Y esto porque ella no busca darle un orden al deseo sino prestarle una forma, o varias (las inspiradas por la geometría), que no es lo mismo. Estas formas sólo son posibles mediante las palabras, todo lo que ellas dicen, pero sobre todo lo que ellas sugieren o dejan de decir, como si intuyeran el silencio al cual desemboca ineluctablemente el erotismo. Haciendo de la geometría una imagen del deseo, Sophie Canal le entrega a la primera poesía para hacer del segundo un motivo literario. De esa manera su libro abre un agujero de incertidumbre novedoso, arriesgado, original.

Por eso, tengo miedo de regresarlo a mi biblioteca. No vaya a ser que lo eche todo abajo, y conmigo adentro.

© 2013, Félix Terrones. All rights reserved.

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Félix Terrones

Félix Terrones

Félix Terrones (Lima, 1980), es autor del libro de novelas cortas A media luz (2003) y del libro de microrrelatos El viento en tu cara (2014). En el género de la novela, ha publicado El silencio de la memoria (2008) y Ríos de ceniza (2015). Diversos relatos suyos han aparecido en antologías y publicaciones peruanas e internacionales. Algunos de sus relatos han sido traducidos al inglés y al francés. Doctor en estudios hispanoamericanos por la Université Michel de Montaigne – Bordeaux III (Francia) donde se graduó con una tesis dedicada a los prostíbulos en la novela latinoamericana. Editor y antologador de la obra de Sebastián Salazar Bondy para la Biblioteca Ayacucho de Venezuela. Colabora con diversos medios europeos y americanos con críticas y artículos. Ha traducido la novela Conquistadors del escritor francés Eric Vuillard, de próxima publicación. Vive y trabaja en la ciudad de Tours (Francia).
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