Libros y chinos

Gaby Guimarey

 Si me dan a elegir, me quedo con la vietnamita, la tailandesa o la japonesa: hasta ahí llega mi experiencia gourmet. La china no me gusta y punto. Por más que insistan, no me gusta. Todo tiene una procedencia extraña, unos colores que no llego a definir y además, no me divierte.

Pero mi amiga insistió ese mediodía de domingo en comer todos juntos, mis hijos y los de ella. No quise ser descortés y allá fuimos.

El sistema era divertido. Unas muchachas muy amables pasaban por las mesas con unos carritos con variedad de pequeños platos con unas tres o cuatro porciones de no sé qué. Nunca pude saber. Cada vez que preguntaba qué era lo que la muchacha me ofrecía, me contestaba con una gran sonrisa. en un idioma mezcla rara de chino, inglés y cubano Om tom chin. O algo así. El menú decía lo mismo: Om tom chin. Escrito en símbolos chinos y en la traducción del chino a fonética, pero no explicaba de qué demonios era el Om ton chin. Y probé y no me gustó…

Domingo de verano. La lluvia anunciaba su llegada con su olor entre dulzón y húmedo. Hizo su entrada triunfal, justo en el momento en que decidimos pagar y salir del restaurante. Mi amiga propuso hacer tiempo hasta que parara la lluvia tentándome con una librería «que tiene libros en español». El panorama sonaba más prometedor que la comida china. Y entré.

Me abandoné entre los libros, las revistas y los estantes repletos de libros. En español. Caminé despacio, con timidez, me perdí en los pasillos de libros que subían casi hasta el techo. Guillermo Cabrera Infante. Arturo Pérez Reverte. Antonio Gala. Cortázar. Borges. Todos ordenados por temas, por secciones. Libros sobre folklore colombiano, literatura cubana, libros sobre pintura, sicología. Autores en inglés, en su versión en español. Libros, libros y libros. Libros nuevos, apilados en el suelo, porque los más antiguos, ya casi dueños de los estantes, no tenían espacio para acogerlos.

En uno de los pasillos, pegado a una pared, encontré un recorte de El Nuevo Herald en el que entrevistaban a los dueños, una matrimonio colombiano que hacía más de 15 años que se había instalado en Miami con la idea de abrir una librería. Y allí estaban, los dos, los reconocí por la foto del diario. Muy concentrados en su trabajo, 15 años después, con su librería abarrotada de libros y revistas, en español. Una librería en medio de un centro comercial que no pintaba interesante y que a partir de ese domingo lluvioso, pasó a ser un nuevo refugio.

Un refugio para resguardarse de la lluvia, del bajón depre de los domingos y de la comida china del restaurante de al lado.

Revistas y Periódicos. Su librería latina.

 7971 Bird Road, Miami Fl 33155

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