#Lasticön | Dos > Epopeyas idiotas

Lasticön despierta en la playa con el rostro ardiendo. Tiene solo una de sus havaianas, le falta el cinturón y viste una t-shirt que no es suya. Encara la vuelta hacia Ocean Drive. Siente arena hasta en el culo. Muerde un par de granitos. Quiere escupirlos pero tiene la boca seca y le duele la garganta.

Salta una cerca puntiaguda y alta, de esas que se instalan para no ser saltadas. Espera en el acceso al condo un buen rato hasta que sale una yogi que lo mira con asco de arriba abajo pero no se atreve a detenerlo. Llega al apartamento de Álvaro. Golpea la puerta con la mano abierta varias veces y nada. Decide esperar en el cuarto de lavado, desde donde puede oír su arrivo. Enciende el ruidoso secarropas y se sienta a domarlo. Se masturba pensando en una Frances McDormand tardía, algo descuidada. La de Moonrise Kingdom. Por momentos es Angela Molina, son intercambiables. Toma el bolígrafo que se robó de un Subway. Siempre se roba bolígrafos. En la pared escribe

Tiempo de nadie

de lealtades copy paste

y epopeyas idiotas.

 

Un viento de otra ciudad atraviesa el verde utópico del Memorial Park, en el sur de la ciudad. Álvaro, inmóvil hace ya un buen rato, solo observa a su hermana ocuparse de la tumba del padre. Sacude polvo, tira las flores marchitas, corta el tallo de unas Magnolias imposibles, les da agua. Tiene que ser un mecanismo de defensa, piensa. Vivian hace todo a una velocidad que no tiene nada que ver con la eternidad de la muerte. Por fin se sienta en el césped, exhausta. Más por la ausencia que por el cansancio. De su cartera, saca unos Crocs azules y los deja, alineados, junto a la pequeña placa de mármol blanco.

Cuídate, Alvaro. Cuídate mucho.

¿Y eso a qué viene?

No quiero quedarme sola. No podría.

Otra brisa inexplicable atraviesa el paisaje en dirección al mar. Vivian le extiende la mano y Álvaro la ayuda a ponerse de pie. A medida que se acercan a la tumba de Bryan, Álvaro siente cada vez más pesados los pies. Vivian se cuelga de su brazo, como solía hacerlo con el padre. Rita los está esperando. Viste muy flashy para el lugar. Negro pero con varios detalles fucsia. Vivian repite el ritual de la limpieza, la chica la ayuda. Cuando terminan, rompen a llorar, se abrazan. Álvaro no lo soporta y se marcha. Vivian se arrodilla, besa el mármol y deja un gift card de Xbox por $50. Luego echa a correr tras su hermano. Se abrazan. Álvaro, se cuelga del brazo de Vivian. Rita los mira alejarse. Se guarda la gift card pero le deja una pastilla, una codiciada Superman. Y agua, para que no se deshidrate como en la última Ultra.

 

Lasticön encuentra la manera de que el lavarropa funcione con la tapa abierta. Y de experimentar vueltas suicidas con sus piernas trabadas en el tambor vacío. Ahora vomita lo que parece ser seafood pasta, pink sauce. Una comida que no recuerda haber probado. Se limpia con unos leggins que alguien descartó en el cesto. Se marcha. Quién sabe dónde andará el mexicano. Cuando pasa frente a su puerta vuelve a golpear. Puede haber llegado cuando él estaba haciendo gilipolleces con esa lata ruidosa. Nada. Con la palma abierta, últimos tres golpes y se va a la hostia. Pero los golpes se convierten en una patada voladora, por qué no. Esperarlo jugando FIFA le parece una gran idea. Descarga dos patadas karatekas. Karatekas en su cabeza porque para el vecino que lo mira incrédulo –un gym freak colombiano que trabaja para UPS–, parace más una patada de loco o de drogado buscando plata para más vicio. Lasticön, exhausto, se recuesta contra la puerta y recién ahí lo ve. El tipo sigue sin poder creerlo, mucho menos cuando recibe un torpe jump cut que ni lo mueve. Con la mano abierta de compasión, lo estampa contra el marco de la puerta. Antes de perder el conocimiento, Lasticön alcanza a notar que el tipo que lo noqueó tiene la camiseta del Real Madrid. Qué día de mierda.

Vuelve en sí. Está esposado a un árbol y se le parte la cabeza. Esa t-shirt no es suya y está cubierta de sangre. Parece un balazo. Joder, ¿otra vez?, piensa antes de desvanecerse.

 

Vivian pisa un helecho cuando se apea del sendero de piedras donde un policía en bicicleta toma declaración al vecino colombiano de su hermano. Hay un tipo sangrando de la cabeza, con un solo flip flop, esposado a un árbol. Siente un estrépito: Álvaro tiró las bolsas de Whole Foods que cargaba. Y se ríe como un energúmeno, con todo el cuerpo, Rita se contagia pero no entiende.

El policía se acomoda los huevos sudados con un movimiento que él debe juzgar disimulado.

¿Lo conoce?

A huevo. Como al hermano border que nunca tuve.

Álvaro vacía una San Pellegrino en el rostro herido de Lasticön que reacciona lentamente.

Wey, ¿cómo te sientes?

Fatal, tío. ¿Cómo quieres que me sienta? Aquí, baleado por Cristiano Ronaldo.

 

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Gastón Virkel

Gastón Virkel

Gastón Virkel (Argentina, 1972) es escritor y guionista de cine y televisión. Ha obtenido numerosos premios a la creatividad en TV donde se ha desempañado en canales como MTV, Nickelodeon, Telemundo o Boomerang. Actualmente se encuentra desarrollando varios proyectos para cine entre los que se encuentran una historia Sci fi, una del Miami de los 80s y una de la guerra de Malvinas. Tiene un hijo de 8 años con el que está desarrollando “Squirrel vs. monster” un proyecto de animación para niños. Y participa en Viaje One Way: antología de narradores de Miami, con el cuento Cara a cara.

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