Paco Bescós

pronEd. Mondadori, 2013

140 páginas

Poco hay que decir para presentar al escritor argentino afincado en Madrid Patricio Pron (Rosario, 1975). Es una de las figuras jóvenes que más habla y que más da que hablar. Se trata de ese tipo de autor que gestiona con mucha inteligencia su trabajo y su imagen, de manera que siempre consigue estar presente en todo: antologías, giras, jurados, críticas, blogs… Sus libros obtienen elogios y premios. Y sus artículos hacen amigos y enemigos. Pero lo que nos ocupa aquí no es juzgar al autor, sino su última obra: los trece relatos que reúne en un volumen con el hermoso título de La vida interior de las plantas de interior.

Pron maneja muy bien el morbo. Consigue ir más allá del mero sensacionalismo y otorgar una dimensión profunda a esos ambientes y personajes sórdidos que, cuando se sondean, no son más sórdidos que cualquier lector. Le atraen temas tan tenebrosos como la pornografía, los accidentes de tráfico, la indigencia, la adicción, los traumas infantiles. Y los puebla de caracteres desgarradoramente solos e incapaces de comunicarse, los cuales permanecen en contacto con otros, pero sin llegar a conectar. Como si entre ellos se levantaran gruesos muros y su única forma de hablar fuera golpeando la superficie en un código parecido al Morse que no entiende nadie. Una idea de sociedad justificadamente patológica, en la que hay lugar para la empatía pero no para ponerla en práctica.

“‘¿Puedo volver?’, pregunta L. en el teléfono. La voz de su marido se ahoga en un sollozo y ella cuelga delicadamente el teléfono y sale de la cabina.”

En estas circunstancias, los personajes de La vida interior de las plantas de interior cometen actos horribles, sí. Pero queda lugar a la esperanza cuando uno se da cuenta de que tenían motivos para cometer actos más horribles aún.

Las tramas cobran vida mediante un lenguaje medido, incisivo: preciso. La prosa de Pron provoca una intensa tensión narrativa que apenas da descanso al lector. Y una buena elección de los objetos y de los escenarios (pelucas podridas, aparcamientos perdidos, centros comerciales, flores,  mares de plástico…) construyen la atmósfera. El resultado: relatos que incomodan, pero que no pueden dejar de leerse.

“Una vez también lo vio comprando dos ejemplares de un periódico y chequeándolos para ver si los periódicos coincidían y eran completamente iguales; cada vez que había acabado, volvía a comenzar porque no podía saber si lo había hecho  bien o no (…) apenas calzado con unas zapatillas cuyos cordones se habían desatado y en aquella ocasión le hicieron pensar al niño que esos cordones lo unían a su padre, y que su madre y su padre y él estaban atados por los cordones de sus pequeñas manías,…”

Por supuesto, entre trece títulos también hay espacio para la luz: es el caso Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas que, sorprendentemente, deja al lector con un regusto optimista en el paladar.

“…pensé que siempre era así, que los escritores que amamos nos sirven de consuelo y de ejemplo a menudo sin que ellos mismos  lo sepan siquiera y que en ese sentido son tan imaginarios como sus personajes o las tierras que imaginan y pueblan.”

Destacados relatos son Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido, En tránsito, La explicación y El último orden, la última lluvia. Más anodinos me han resultado Diez mil hombres y Algo de nosotros quiere ser salvado.

Mención aparte merece el tema del escritor que escribe. En mi opinión, existe una desventaja cuando los autores otorgan tanta importancia a la experiencia vivida: es que todos los escritores comparten la experiencia de, efectivamente, escribir. Así que los libros de relatos, que tan positivamente huelen a experiencia vivida, se llenan de textos sobre la experiencia vivida de escribir. Y no sé cuánto interesa esto a quien no escribe, de forma que los volúmenes de cuentos empiezan a parecerse entre sí, dejan de gustar, se venden menos y nos quejamos. Claro que, si lo hace Pron, que es un tipo sutilmente pendenciero, el asunto cobra su atractivo. Si estás en la pomada, sabes a qué huele la pomada.

“Un día piensa en los libros que ha escrito como los trofeos de amantes que han partido y de los que él ya no recuerda nada y piensa también que sólo el hecho de escribir compensa los disgustos de ser un escritor, pero su hijo pequeño lo llama desde la otra habitación y él aparta esos pensamientos de inmediato.”

Por eso he disfrutado con Trofeos de amantes que han partido, que tiene muy mala leche; pero no tanto con Un jodido día perfecto sobre la Tierra, que también tiene mala leche, pero que dibuja al protagonista, un posible alter ego de Pron, como un héroe incomprendido que lucha por salvar la Gran Literatura de las manos de la ignorancia.

De cualquier forma, resulta grato leer un libro de cuentos como este, cuyos textos enganchan y asombran, que se preocupa por seducir al lector y no solo por sublimar la propia literatura.

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© 2013, Paco Bescós. All rights reserved.

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El huso horario Greenwich Mean Time (GMT) fija que, aquí en Europa, las cosas pasan unas cinco horas antes que en América. Así que vi la luz cinco horas antes que un americano nacido el 21 de enero de 1979. Me licencié cinco horas antes en la Universidad de Navarra y tengo cinco horas más de experiencia en mi profesión, la publicidad, que mis colegas americanos. También soy cinco horas más viejo, cinco horas más listo y moriré con cinco horas de antelación. Como nada de esto es cierto ni inteligente, nada de lo que escriba sobre Europa en esta sección será inteligente ni cierto. Pero lo haré cinco horas antes que mis compañeros.