La piel que habito

Drama – 2011

117 minutos

Pedro Almodóvar

Robert Ledgard (Antonio Banderas) es un distinguido cirujano plástico. Su esposa, luego de quemarse el rostro en un accidente, salta desde la ventana de su cuarto cuando se ve tras el reflejo del vidrio y muere. Desde entonces, Ledgard se obsesiona con la idea de crear una piel nueva, una que, sin perder sensibilidad a las caricias, sea tan fuerte que nada la pueda dañar. Para conseguirlo, aplicará la terapia celular y necesitara una cobaya humana, es decir, un cuerpo con el cual experimentar. Ledgard, así, mostrara no tener escrúpulos ni consideraciones éticas y trabajará en pos de su único objetivo: inventar una piel inmune a cualquier agresor.  Entrada ya la trama, un giro inesperado nos llevará a seis años atrás y conoceremos a Vicente —hasta entonces ajeno a la historia— y aparecerá Norma —hija de Ledgard—. Vicente y Norma coincidirán en una fiesta, encuentro que, días después, llevará a Ledgard a vengar el suicidio  de su hija…

Un niño hereda de sus padres un par de cromosomas. Es el padre quien determina el sexo correspondiente: Vicente recibió de su padre la Y que le dio cabello corto y pene, y Ledgard hará que en Vicente confluyan hombre y mujer y, con ellos, decenas de prejuicios. Desde el quirófano del doctor Ledgard se nos demostrará que la identidad personal puede ser el resultado de un medio y una sociedad, de modelos interiorizados, de una vida construida en función de expectativas ajenas. El ser humano se embriaga de hormonas y normas sociales. La mayoría se diría a sí mismo: “a mí no me sucedería”. Yo digo: habría que ser cobaya humana. Habría que ser la piel que habite.

La piel, siendo el órgano más grande del cuerpo humano, actúa como barrera protectora del organismo ante el medio ambiente. Al igual que los demás órganos, también se enferma, se recupera y se gasta. También se escarapela y nos delata cuando algo nos saca de nuestra zona de confort. ¿Podrá la ciencia algún día crear la piel que Ledgard anhela? Una que no lleve impresos los veranos de la adolescencia ni la cicatriz en la rodilla de la niñez, pero que a su vez reclame sin vergüenza la presencia de otro cuerpo a nuestro lado.

La piel que habito lleva el sello del director de principio a fin. Cultiva el naturalismo propio de su cine y se supera a sí mismo instante a instante. Transexualidad al igual que en La Ley del Deseo; violación y asesinato como en La flor de mi secreto, y un fantasma (de carne y hueso) como en Volver.  El ser humano asediado por su propia carne, instintos punzocortantes que llaman a deshora. Dejarse seducir una vez más por este gran director y sus enrevesados enfoques de la existencia humana, verla y considerar una piel nueva al igual que Ledgard, ¿no es eso acaso lo que nos sucede luego de un mal golpe, un desengaño o una caída?

Caminar con el reloj de Almodóvar en la muñeca no es una tarea que cualquiera pueda realizar. Esta película invita a hacerlo y una siente que la intensidad de ciertas experiencias en la vida neutralizan cualquier intento del tiempo por estamparnos el rostro en un carnet de identidad.

© 2012, Luciana Medina León. All rights reserved.

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Luciana Medina León

Luciana Medina León

Nací en el Perú hace 29 Abriles. Un boleto round-trip me trajo a Miami en el 2004. Luego de 30 días, el boleto quedó convertido en one-way. No viene al caso decir lo que estudié en Lima, pero si que aquí estudié Psicología y que este año haré un Master en lo mismo. Tampoco viene al caso decir que tengo un poema publicado en una antología de poemas y un blog que nadie lee. Me encontrarán en la sección cine en cada publicación. Las relaciones a larga distancia tienen un encanto muy particular: la atracción se mantiene como en el primer día; las partes no caen en rutinas absurdas de cajones desordenados o silencios insondables como centro de mesa; por último el tiempo del que se dispone no se desperdicia. La nuestra no será la excepción. No por mi parte al menos.

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