La página en blanco

Maribel Pont

Me siento frente al ordenador, y la página en blanco me espera con ojitos de cordero degollado. Es como un lienzo blanco purísima que teme el garabato de un niño. Le tranquilizará saber que no pienso escribir nada trágico, y por el momento no me voy a cargar a nadie. Pero oye, no descarto amenazar con una segunda parte de una novela que aún anda por ahí perdida. Le doy vueltas en mi cabeza, y me pregunto a qué nuevo proyecto me voy a dedicar, y de paso, ya que estoy preguntona, me cuestiono si mi forma de escribir va asociada a mis estados de ánimo. Una diablilla imaginaria da unas cuantas palmadas desde un rincón de mi salita de estar, y me dice con voz cantarina que he dado en el clavo. Luego desaparece, la puñetera solo me deja verle los cuernos. Entonces pienso que tal vez debería escribir algo diferente, algo que atrape al lector. Hago un repaso a las listas de más vendidos y resulta que la novela romántica vuelve a estar en auge. Ya que estamos voy a preguntarme también si escogemos nuestras lecturas de acorde con nuestro estado de ánimo, y otra vez ese personaje creado en mi mente me vitorea chocando las palmas. Entonces, con los tiempos que corren, pienso yo, que puestos así mejor idear una novela que levante el ánimo, nos haga reír y de paso nos aporte una enseñanza, vamos, una historia que no podamos olvidar. Ya está otra vez la diablilla, mira que es perseverante (no recuerdo haberla diseñado tan cansina) pero esta vez me da unos toquecitos en el hombro, y carraspea  de una forma modesta. Entonces me recuerda que la idea no está nada mal, pero que mi última novela trata exactamente sobre eso. ¡Ejem! Odio tenerle que dar la razón, pero es cierto y de nuevo tengo que darle las gracias por haberme soplado un tema tan original como es “África Watson ¿Y por qué no?”. Vuelvo a mirar la pantalla, y entorno los ojos, mejor me tomo un café y me despejo las ideas. Siempre he dicho que nadie nos obliga a escribir, y tenemos que hacerlo cuando tenemos algo que contar. A menudo me preguntan: ¿De  dónde sacas el tiempo? Y yo respondo que todos tenemos tiempo para lo que queremos. Luego te preguntan de dónde sacas las ideas, y claro no les voy a hablar de la diablilla quisquillosa, entonces me encojo de hombros y les digo que las ideas llegan solas. Solo hay que tener paciencia y esperar a que lleguen. Entonces llamo a una amiga para despejarme, y sin venir a cuento me habla de San Valentin, y se me enciende la lucecita. Hay montones de concursos literarios donde se convocan premios a la mejor carta de amor. Y es que a todos nos gusta sentirnos queridos, y leer en una carta lo que una persona no es capaz de decir en persona. Porque no es lo mismo hablar mirando a los ojos que expresarlo a través de nota cariñosa. Y entre tanto romanticismo, y sentimientos por expresar, me vuelvo a mi pantalla en blanco, y os dejo con un poema que escribí hace tiempo.

 

Dile…

Dile que me enamoré del viento

Que me deje envolver por su brisa

Acunada por su ausencia,

Conteniendo una lágrima

Victima de su esencia…

 

Dile…

Dile que le ofrecí su nombre

Para que lo llevara lejos

Al país del olvido

Donde los sueños no tienen dueño

Donde amarlo jamás me sea permitido

 

Dile…

Dile que me quedé esperando

A la orilla del recuerdo

Para que se fuera lejos

Para no quererle tanto

Para no ansiar sus besos…

 

Pero no le digas..

Que te lo conté entre lágrimas

Y que su nombre tiembla en el borde de mi boca

Que busco sus besos en amores ciegos

Y son otras pieles las que me arropan

Porque son sus labios los que me matan

Su voz la que me encarcela

Y aunque tenga solo una vida entera

Seguiría a la orilla del recuerdo

A que vuelvan sus besos

A que me prometa el mundo a su vera

 

Dile..

Dile que es él el que me enamora.

 

© 2013 – 2014, Maribel Pont. All rights reserved.

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Maribel Pont

Maribel Pont nació el 8 de febrero de 1981 en Manacor, España. Desde pequeña comenzó a sentir curiosidad por las palabras, y encontró la mejor forma de expresar sus sentimientos a través de la escritura. Pero no fue hasta 2007 cuando, impulsada por su pasión por la lectura, comenzó a replantearse su vocación por literaria. Así, sus primeros pasos los dio publicando relatos seleccionados en varios concursos literarios, acto que la motivo para adentrarse aun más y decantarse por la novela y los cuentos infantiles. Su primera novela “El caso Svenska” se estrenó en la feria de Sant Jordi en Barcelona (2012), y el 26 de Octubre salió a la venta el cuento infantil “La pequeña fugitiva”. Es colaboradora en diversas webs y revistas digitales aportando consejos para escritores. Y recientemente ha estrenado un taller online de iniciación a la escritura para aquellos que quieran empezar en el mundo de las palabras.