Antes de comenzar a escribir esta columna, tenía claro de lo que iba, cosa bastante rara. Usualmente rozo el filo de lo imposible, intento compilar la mayor cantidad de  vivencias, exponerme, desvalijar mi cuenta bancaria y todo lo que haga falta antes de sentarme y contar de qué va esto de Miaminauta. Pero esta vez no ha sido así.

He pasado los últimos días reincidiendo en distintas parcelas de mi vida, eso sí, siempre dando un paso hacia adelante. Y debo decir que las nuevas tecnologías han jugado un papel fundamental -a ratos nos facilitan la vida y a ratos nos pierden. En mi caso todo a partes iguales-.

Mi móvil se ha convertido en un amigo que guarda grandes secretos: mensajes de antiguos amores que cruzan el Atlántico y no sostienen la distancia, amigos que reclaman mis horas locas, chiquitos que se sorprenden ante tanto desparpajo. Además intercambio textos con mi madre, mi padre, mis hermanos y alguna que otra querencia de toda la vida.

Los texts me han llevado tanto al éxtasis como a la perdición. Son como las pelucas: de quitar y poner. Se prestan para todo y para nada, podemos mentir como bellacos, llegar a conclusiones absurdas y  hasta confesar con soltura  entresijos de nuestra vida que jamás tendríamos el valor de decir a la cara.

Fue así como vía text tuve una epifanía. Había reincidido en eso de las citas. Qué noche aquella! Pura guapura, pura cortesía. Alarde total de buena educación y demás.  Sin embargo, horas más tarde, mientras bailaba como posesa en la pista del Buck 15 -437 Lincoln Lane- recibí este mensaje:

-Quería verte, pero no así. Por cierto me gustó mucho el vestido-.

Aquellas palabras me cayeron como un jarrón de agua helada. Me tomó días recuperarme, rehacer esa memoria pobre de soltera…Desde entonces no tengo noticias, felizmente.

-La pérdida de memoria es un mecanismo de defensa de los solteros, mejor aún: un privilegio. Se trata de una condescendencia. Piérdela- me dijo un amigo cuando le comenté esto. Me pareció genial.

También están mis otras reincidencias. He reincidido en todo como golosa. He vuelto una y otra vez a todos esos lugares de Miami que me gustan: Mai Tardi, Grand Central, Jamón, jamón, jamón, River Oyster bar y Gigi´s entre otros – en este último nunca he reparado. Merece una mención especial que dejaré para más adelante.  Solo diré que es el lugar ideal, precio-calidad, para reponerte de cualquier tipo de ratón, sobretodo de uno moral que son los que más pegan-. He reincidido con viejos amores aunque sólo sea para decirles que ya todo pasó, he reincidido en algunos rollitos fallidos que no dan más de sí, he reincidido al prestar mis ojos a reclamos absurdos y también en el amor breve, en pequeñas ilusiones que nos mantienen en pie.  Y es que la soltería no es cosa fácil, aunque muy divertida. Propone una nueva dimensión del ser.

Ahora me centro en mi nueva ambición: The Rubber Covers. Un proyecto propio de banda ¨indie-efímera¨  que tomará la escena under miamense durante el primer trimestre del próximo año. Princess Chelsea, un grupo marginal de Nueva Zelanda, ha sido el detonante para este gran paso.  Detrás del escenario  pretendo resguardarme de la soltería y la reincidencia.

La paso bien en este meridiano, la vida aquí es una suerte de GPS…recalcula a cada segundo.

@yaricandelas

© 2011, Yari Candelas. All rights reserved.

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Nací una calurosa madrugada de agosto a finales de los setenta en medio de una gran crisis política y social que envolvía a mi país, Puerto Rico, aún así me empeñé en la vida. Comencé a viajar mucho antes de ver el mundo, desde entonces he hecho de la traslación constante mi modo de vida. Hace poco me instalé en Miami luego de casi una década en Barcelona. Me licencié en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, luego obtuve una maestría en Comunicación Cultural en la Universitaria de Barcelona y finalmente cursé estudios de doctorado, en Humanidades, en la Universitat Pompeu Fabra. Actualmente me desempeño como productora de contenidos audiovisuales para una empresa en ésta mi nueva ciudad, simultáneamente colaboro con varios medios, entre ellos Suburbano, y continúo promoviendo eventos culturales en ambas orillas de Atlántico. Desde estas páginas contaré mis vivencias como Miaminauta, navegaré la urbe en busca de encuentros, lugares y sensaciones que reconduzcan nuestra conflictiva relación.