José Olimpo Álvarez nació en Cundinamarca, Colombia en 1950. Estudió pedagogía artística y se graduó de antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Durante la etapa de su formación se destacó por su interés en el estudio, como alumno aventajado y por su satisfacción por la música, el arte y la literatura. Obtuvo una maestría y doctorado de la Universidad Internacional de la Florida, USA. Fue editor de una revista online en la Universidad de Miami, decano académico de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (CNAD Florida, USA online) y coordinador de la sección de autores iberoamericanos de la Feria Internacional de Libro de Miami. Participó en diferentes eventos como la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Encuentro Iberoamericano de Creación Literaria Universidad de Chile, en Chile, Encuentro de Escritores Colombianos en Coral Gables, USA, Feria Internacional del Libro, Puerto Rico, entre otros. En el 2000 y 2001 trabajó para Univisión en la sección educativa. En los Estados Unidos fue profesor del departamento de Lenguas Modernas de Miami Dade Community College, Universidad de Miami, Florida International University, y  Missouri Southern State University. Publicó libros como Antología del microcuento, Vivir del cuento, Poética de la brevedad de Borges, Contes/cuentos, Ensayos literarios, Cuentos cortos para viajes largos, y Cuentos de vida muerte y resurrección. También publicó varias antologías.

El 22 de mayo pasado en la ciudad de Joplin Missouri la fuerza destructora de uno de los más violentos tornados en la historia de los Estados Unitos arrebataba la vida de más de cien personas, entre ellas la de mi colega y amigo, José O. Alvarez. Quiero aprovechar este espacio para hacer una semblanza de un aspecto significativo de la vida de José O. Álvarez, el de gran educador. Porque además de excelente cuentista, músico, promotor cultural, crítico de arte y literatura, José O. Álvarez fue, en primera instancia, un gran maestro que dedicó su vida al servicio de la juventud. Quienes presentíamos y seguimos su permanente preocupación por hacer del idioma español elemento vital de la educación, podemos dar fe de que puso todo el vigor de su intelecto y creatividad al servicio de la causa educativa. La profesión de pedagogo era la de su querencia y siempre se sintió a gusto dentro y fuera del ambiente académico, impartiendo el conocimiento a sus alumnos, creando en ellos una actitud crítica, guiando su espíritu, ya en la búsqueda, ya en la creación del saber, e infundiéndoles esa mística que supone el trabajo intelectual.

En la Universidad Internacional de la Florida, centro académico donde obtuvo el doctorado en literatura hispana y español con una tesis sobre la poética de la  brevedad en Borges, José Alvarez fue uno de los primeros en impartir clases online. Esta nueva experiencia puso de presente, una vez más, su espíritu renovador, su íntima convicción de que era preciso cambiar los viejos patrones tradicionales por los nuevos enfoques que ofrece la tecnología.

Los planes de estudios que implementó en el Departamento de Lenguas Modernas en la Universidad Internacional de la Florida y la Universidad de Missouri pusieron de manifiesto la necesidad de asignar nuevos objetivos al estudio de la lengua, a fin de lograr que el alumno perfeccionara todas las habilidades indispensables en el proceso comunicativo, es decir, ser un emisor creativo y un receptor activo tanto a nivel oral como a nivel escrito. Esta filosofía de enseñanza le valió numerosos premios y denominaciones entre ellos el premio a la excelencia en the Teaching Award Instructional Advancement Center en el 2000 por la Universidad de Miami, the Faculty research Award por Missouri Southern State University, “Faculty of the Year 1999” por la Federation of Black Greeks, The Interfraternity Council, and Pan-Hellenic Association of the University of Miami USA, entre otros.

A continuación hago una reseña de una de sus más recientes obras Cuentos de vida, muerte y resurrección cuyos cuentos integran los intereses del escritor y las inquietudes del educador.

Leer a José Olimpo Álvarez, demorándose en los quiebres de su racionalidad, tanto a nivel de las historias, en las que anécdotas o temas nacen al calor de las desazones del autor, como en aquellos rasgos de estilo, en los que se impone estéticamente el furor y la intensidad sobre cualquier prudente tropo, plantea una aventura interesante. Intentarla, es sumar nuevos goces a los que esta literatura “fantástica”,  pero sin duda de prodigiosa racionalidad, nos ofrece.

En Cuentos de vida, muerte y resurrección (2001), lejos de dogmas y sistemas, José Olimpo Alvarez prefiere imaginar al mundo antes que descifrarlo. Dotado de extraordinario talento se vale de la imaginación y el humor para crear literatura. Provocador innato, a su manera el escritor e intelectual, más allá de respaldar posturas políticamente correctas, hace de la controversia y la contradicción características constantes de su obra. Sus apelaciones constantes al humor y a la provocación no tienen solo un fin efectista, hay en esta colección de cuentos una mirada de la realidad, sobre todo política y religiosa, fundamentalmente escéptica. Pero esto no convierte al escritor en un desesperanzado o  reaccionario; antes bien, enfatiza en el hombre y en el artista, el anarco-individualismo pacifista que su padre le inculcó desde niño.

Álvarez considera que lo más significativo no son las formas de gobierno sino los individuos y su progreso ético, moral e intelectual. Únicamente en ellos ve la posibilidad de un mundo mejor, porque, desde su perspectiva, las relaciones humanas solo pueden ser justas en la medida en que los hombres y mujeres lo sean. Así lo expresa en el relato “Vida asegurada” cuando el protagonista sin nombre, cansado de las mentiras y deshonestidades del mercachifle Florentino, da “la vuelta a la enorme mesa y [muestra] la firma del jefe a los sorprendidos profesionales que posiblemente habían soñado” como él en una vida mejor para sus familias. Una segunda idea aparece de manera abierta en el relato: las grandes desigualdades tanto sociales, económicas y culturales son realidades que no se pueden ignorar. Como tercer componente, vemos que el autor desaprueba la legitimación de desigualdades, privilegios e injusticias que puedan tener origen en diferencias raciales, legales o de estatus migratorio, partiendo de la consideración de que ningún individuo merece ser pobre o miserable dado alguno de estos factores. La economía del lenguaje de que hace gala Álvarez hace que en un mismo cuento aparezcan, no uno o dos, sino varios de sus temas e ideas recurrentes. El listado puede estar constituido más o menos así: el otro, la vida como una maraña, el tiempo, la ciudad, los sueños, la palabra o el objeto que contiene la realidad, y la muerte.

Para el escritor la muerte es ineludible porque la puerta que comunica al camino de regreso a la vida se cierra a la temporalidad del hombre. Como señala en el cuento “Regreso a la materia” el individuo muere, arriba al término de su tiempo y abre la conciencia —o subconsciencia— a un “punto infinito [al aleph] sin reglas, sin melodías, sin compás, sin tiempo y sin espacio, en el centro de la supersimetría de la nada”. Es decir, se subscribe a la infinitud donde “los puntos cardinales, el abajo, el arriba, el derecho, el izquierdo” ya no existen, como tampoco existen el día o la noche, el tiempo o el espacio. Desde allí, irremediablemente, logra comprender el significado de la existencia humana que es también la suya; acepta su condición de simple mortal. La muerte no imperará más en la memoria de su protagonista, porque una cosa no hay en la infinitud, y es el olvido.

Otro de los temas por los que Álvarez demuestra una especial fascinación son los sueños. Para el escritor, estos tienen la capacidad de duplicar las experiencias hasta el punto de ser imposible distinguir lo real de lo soñado o viceversa. En el cuento “Escape onírico”, la voz narrativa explica cómo pudo salir de su “sueño sibilino y despertar […] mientras dos gotas de sangre corrían por el dorso de [su] mano”. Este planteamiento nos lleva a preguntarnos si acaso, ¿será posible que lo que pensamos es objetivo no es otra cosa que el producto de una ilusión o sueño que se repite infinitamente? Álvarez, una vez más, deja a los lectores con más preguntas que respuestas. No tenemos más remedio que pensar que nosotros mismos somos el producto de un sueño.

Nos queda una última disquisición: si la tendencia de Álvarez a la lógica entró realmente en conflicto con la añoranza del hombre primordial, podemos suponer que la cuestión le habrá resultado perturbadora. Quienes apreciamos su obra, y estimamos al hombre que está detrás, deseamos saber cómo logró atenuar la angustia que tal dicotomía le habrá producido. Nos consuela imaginar una situación parecida a la que vive el personaje de su cuento “Buscando empleo”. Quizás al escritor le haya sucedido lo mismo que a su personaje ficticio: ya del otro lado de la vida, habrá descubierto que la escuálida profesora vestida de negro y Dios, en brutal comunicación con el entorno, para la insondable divinidad…formanban una sola persona…

María Espinoza

 

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María Espinoza nació en Lima, Perú y actualmente reside en Miami, FL. Obtuvo un doctorado en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Internacional de la Florida. Es conferenciante y ha publicado artículos en periódicos y revistas de literatura y arte. Artista plástica ha participado en exhibiciones en Latinoamérica y Estados Unidos.