Gutenberg y Kim Dotcom

gut-kimPor José Benegas

Una de las grandes controversias del momento es la protección de los derechos de autor frente la capacidad ilimitada y accesible de copiar las obras del intelecto puestas a disposición del público. Asistimos a una carrera entre el intento de control de las copias no autorizadas que incluye la clausura de servidores y la amenaza con muchos años de prisión, en competencia con la tecnología y sus formatos para compartir archivos cada vez más sencillos que superan las prevenciones legales. El año pasado el FBI cerró el sitio Megaupload, pero su creador Kim Dotcom ya está detrás del lanzamiento de Mega, un servicio en el que lo usuarios encriptan el contenido, con lo cual el prestador no podría ser responsabilizado por la piratería.

Antes de internet hubo otra explosión en la comunicación de la información y las ideas fácil de reconocer. Fue la imprenta de tipos móviles de Gutenberg en el siglo XV. Las diferencias entre el mundo del manuscrito transmitido a un alto precio entre muy pocos y el del material impreso en masa, es similar a la que hoy observamos entre lo analógico y la era digital.

Lo que ocurrió entonces, ocurre ahora. Multiplicación del acceso al conocimiento en tensión con el temor al descontrol, en aquel entonces por la posibilidad de que la difusión de ideas pudiera provocar el debilitamiento de ciertas “verdades” que interesaban a los esquemas de poder del momento. De esa crisis con grandes consecuencias que son fáciles de ver como benéficas hoy, nace el problema de los derechos de autor cuya consagración lleva bastante más tiempo.

Antes de la imprenta la obra intelectual y la obra física estaban encerradas en un formato físico único, la producción literaria estaba reducida al manuscrito. La obra circulaba con su soporte y la copia realizada por artesanos llevaba años.

Es la época en la que también crece la censura persiguiendo ideas maléficas y en la que aquellos que habían estado a cargo de que el mundo siguiera girando de repente empezaban a perder peso propio frente a la sociedad que compensaban con actos de imposición. El Index librorum prohibitorum creado a instancias del Papa Pablo IV por la Congregación del Santo Oficio en 1559 que se siguió actualizando hasta 1961, tenía dos efectos. Por un lado establecer la lista de libros prohibidos y por otro autorizar a cambio de un precio la publicación de otros.

Al principio las autorizaciones de publicar no protegían al autor sino a los impresores, el autor ya había hecho su parte. Esa protección era una forma de tratamiento similar a cualquier otra producción medieval, reservada a los gremios y las patentes de monopolio.

Con la evolución posterior la pretensión del control del contenido en los países civilizados fue cediendo y haciéndose impopular y prevaleció la difusión de las restricciones como forma de otorgar una parte de la patente al autor sobre su creación intelectual.

Entre las muchas funciones del derecho de propiedad uno primordial es el del mantenimiento de la paz. Respetamos las posesiones que muestran nuestros congéneres porque las presumimos legítimas pero también porque desposeer implicaría un acto de violencia. Reemplazamos la violencia por el comercio y no estamos pidiéndole a la gente los recibos de los objetos que tienen bajo su dominio, tomamos lo que tienen como un hecho y solo cuando existe un conflicto es oportuno examinar los títulos de las cosas. Con los objetos físicos cuando una persona posee algo, la otra ya no lo tiene. Una posesión excluye a la otra.

En cambio la copia de la producción intelectual no es excluyente, nadie es desposeído, lo que lleva a grandes debates acerca de si eso que llamamos propiedad intelectual es en realidad una forma de propiedad o solo un privilegio mal asimilado a la propiedad. Cuando alguien copia un libro o duplica un archivo mp3 no está ejerciendo violencia alguna, ni está quitando algo a otro. Si le está arruinando el negocio de la exclusividad, eso está claro, pero el debate está en si ese negocio es derivado de un derecho del autor o de una intervención política para reservarle un mercado de lo que creó y publico, esto es, puso a disposición del público. Intervención política que, a diferencia de la propiedad física, necesita aumentar los niveles de violencia. Para una parte de la biblioteca poner a disposición del público y mantener en privado son opciones incompatibles y el derecho del autor está en publicar o reservarse su creación, pero no debiera por un lado publicar y por otro evadir el efecto necesario de su elección que es la pérdida del dominio sobre la obra. Para otra la copia no autorizada es igual a un robo y quienes copian están beneficiándose de modo indebido con algo que le han quitado al autor.

No es una discusión entre quienes están a favor y quienes están en contra del derecho de propiedad, sino entre aquellos que lo defienden.

De cualquier manera hay otra vez una peligrosa cercanía entre la pretensión de preservar a los autores y la oportunidad para el control preventivo de lo “inconveniente”, “peligroso”, demasiado libre. Junto con eso está el problema económico de que que la copia es más sencilla que recordar la letra de una canción (que no está prohibido) y que las obras se publican en los formatos que la facilitan. Cada vez es necesario un control policial mayor  y como consecuencia se crean de oficinas públicas y tratados y organismos internacionales para lo que se les deben cobrar impuestos a todas las personas y amenazar a la población con castigos ejemplificadores de una magnitud sorprendente. Digamos que los derechos de autor así entendidos vienen con una porción importante de contraindicaciones.

La pregunta es qué pasaría con las obras artísticas sin la protección contra la copia. Tal vez podamos encontrar las respuestas en ese tiempo largo que pasó entre la creación de la imprenta y la aparición del derecho de autor como tal. O más simple aún, mirar la propia internet cuando se buscan respuestas para cualquier tema y se las encuentra a la velocidad de un rayo, porque otros que no conocemos, ni sabemos por qué lo hicieron, produjeron y publicaron su información o sus ideas sin verse remunerados por nosotros, aunque eso no quiera decir que lo hayan hecho en forma gratuita.

© 2013 – 2014, José Benegas. All rights reserved.

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José Benegas

Periodista, abogado, ensayista, conductor de Esta Lengua es Mía en FM Identidad 92.1mhz de Buenos Aires. Miembro del directorio del Interamerican Institute for Democracy. Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, ha colaborado con los diarios La Prensa, Infobae de Buenos Aires, La Prensa de Panamá. Trabajó como columnista o conductor en Canal 9 de Buenos Aires, P+E y Metro, FM La Isla, AM 1110 Radio de la Ciudad de Buenos Aires y FM Tango.