He caído, uno de esos ataques al tuétano de la salud, que te dejan cansado pero no del todo enfermo. Veo estas arremetidas como un toque de atención del cuerpo para aflojar la marcha; como una enfermedad por tu salud, un resorte de la matemática del cuerpo. Un basta ya, aski da, relájate un rato, y qué difícil es descansar, realmente. Hay que tener bastante fuerza de voluntad para descansar como debe ser, y no esa procrastinación con voluntad de trabajo que no es trabajo ni es descanso. 
Me acuerdo del periodista y escritor Ángel María Pascual, que entraba a trabajar a las ocho de la tarde/noche, suar, en Diario de Navarra. ¿Y qué hacía hasta entonces?, le pregunté a su hijo, tío de este náuGrafo. Descansar, me dijo. 
Dudo que descansara, de todas formas, si no no se explican esas decenas de libros, novelas, poemarios, glosas y el estudio de hasta seis lenguas que cultivó en su corta vida. 
Pienso también en Patxi Irurzun y en cómo envidia a su hermano hospitalizado. Un Irurzun que nos cuenta en Dios nunca reza cómo le han echado del trabajo, con dos hijos (esa agencia de publicidad que facturó 31 millones en menos de diez años, con Caja Navarra, sí), y la angustia que aflora no solo para dar el pan a sus hijos, sino también para mantener la integridad de uno, los sueños, anhelos, afanes, ilusiones. 
Recuerdo también a mi hermano cuando decía que le daba envidia Mario Conde… ¡estando en la cárcel! La posibilidad de una isla, que diría Houellebecq, en que no nos acechen las molestias del trato económico. 
La tiranía de las facturas, de las deudas, los créditos, los gastos de comunidad, los impuestos varios, las calefacciones y demás pagamientos de poca ilusión nos minan, precisamente, esa ilusión. 
Muere Hugo Chávez, en un golpe de Estado de la muerte, y uno se pregunta si no nos iría a todos mejor si aflojáramos un poco, si apostáramos por un decrecimiento económico y un enriquecimiento en vida, si especuláramos, me pongo cursi otra vez, con la felicidad y no con las acciones de Pescanova.

© 2013, Eduardo Laporte. All rights reserved.

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Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):