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Hoy voy a hacer medio trampas también y me apoyaré en otro pasaje de los diarios de Murena, y digo “medio” trampas y no trampas enteras porque en realidad los diarios, y este es una especie de diario infinito, se apoyan mucho en las lecturas ajenas. Los diarios como una dimensión enriquecida, recontextualizada, de la literatura de otros. 
Habla Murena de un día que fue a una conferencia de Borges. Quedan pocas figuras tan míticas como Borges.  ¿Por qué ese magnetismo de Borges? Quizá porque se dedicaba a la literatura con una ausencia de gilipolleces anexas a la literatura que llamaba la atención; en el fragmento se ahonda en esta idea. 
¿De quién podríamos poner, hoy, un párrafo semejante, para que dentro de varias décadas sea reproducido por otros? Me fastidió no haber visto a Umbral, que murió sorpresivamente a finales de agosto de 2007. He visto a algún premio Nobel, en marzo de 2003 le pedí un timorato autógrafo a Günter Grass, cuando presentaba su ‘A paso de cangrejo’. Entrevisté a Herta Müller y una vez le pregunté a Vargas Llosa por qué Onetti seguía escribiendo, a pesar de ese pesimismo suyo que le llevó incluyo a no levantarse de la cama en los últimos años de su vida. “El mero hecho de escribir ya es un acto de esperanza”, vino a decirme, con esa voz como avinagrada y poco varonil que tiene. 
Voy a buscar la firma del antiguo miembro de las Waffen SS. 
Quizá me hubiera gustado haberme hecho una foto con Baroja, como la de Hemingway, que no tuvo reparos en plantarse en el lecho del muerto del vasco, en la calle Ruiz de Alarcón de Madrid, para el álbum de la posteridad. Dicen que luego llevó el féretro a limpia lágrima. Lo reconocía como parte de sus influencias con lo que imagino que lo tradujeron al inglés. 
Mi tía Jeru habló con Orson Welles, en el bar Yoldi de Pamplona.
No conozco a nadie que haya visto a Bolaño. 
Milan Kundera sigue vivo. 
Salinger está muerto.
Castro, Fidel Castro. Quizá el último mito politico viviente.

Mayo 17. Asisto a una conferencia de Borges sobre Henry James. Dejando de un lado lo que dice, me llama sobremanera la atención el aspecto material, físico, de su labor de conferenciante. Si el conferenciante ideal es aquel que logra mantener sin interrupciones su comunicación con el público, Borges es la antítesis del conferenciante. La simpatía del público es evidente, pero él está separado en forma radical de la realidad, del público y de todo. Se ve que es un tormento para él hablar, intentar comunicarse. Me resulta un símbolo. El símbolo de una profunda experiencia de este mundo americano, el símbolo del intelectual cercado sin piedad por los elementos que aquí se mueven y haciendo esfuerzos enormes por dominarlos. Y, en verdad, todo en Borges es simbólico. Se trata de uno de los casos más conmovedores de honestidad, de fidelidad heroica a un destino. (…) No hay nunca hojarasca en los movimientos de Borges. 

H. A. Murena, ‘Los penúltimos días’ (1949-1950), pag. 45. Pre-Textos.


Firma de Günter Grass. Marzo de 2003

© 2013, Eduardo Laporte. All rights reserved.

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Eduardo Laporte

Eduardo Laporte

Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):