Entrevista con Luis Yslas, co-fundador de la Coorperativa Editorial Lugar Común, en Venezuela

Ainara Mantellini

  

luisyslaslibreria2Luis Yslas Prado (@luisyslas) es Licenciado en Letras y se ha desempeñado como docente escolar y universitario de literatura por más de una década. Además de su trabajo editorial en Lugar Común, Luis Yslas se desempeña como promotor cultural y editor de texto de la revista Todo en Domingo del diario El Nacional, en la que reseña libros en su columna semanal Leer en voz alta.  Ha colaborado para publicaciones venezolanas como Papel Literario, El Salmón-Revista de Poesía y Prodavinci, entre otras.

Se define como “lector a tiempo completo”, y en virtud de ello, Luis estará dictando el taller “El Oficio de Lector” en la librería Books and Books de Coral Gables en Miami este mes de julio. Sub-Urbano quiso aprovechar esta oportunidad para entrevistarlo y conocer más sobre su opinión acerca de los nuevos tiempos que enfrenta el libro y la industria editorial.   

SU: Editoriales independientes, librerías independientes: cada vez vemos más y más en todos los países de habla hispana: ¿Cuál piensa que puede ser el factor que impulsa la proliferación de nuevas firmas? ¿Responde a algún tipo de enfrentamiento al orden de negocios establecido por las editoriales internacionales?

LY: Me parece que el fenómeno de las editoriales independientes en Venezuela, aunque en apariencia coincide con lo que ocurre hoy en gran parte de Hispanoamérica, posee unas características que responden a un específico panorama nacional, tanto en el ámbito económico como político, y hasta ideológico.

Se habla ahora del auge de las editoriales y las librerías independientes. Pero déjame decirte que en Venezuela nada es independiente, empezando por el Estado. Desde hace ya varios años la empresa privada es consciente de que puede moverse en un campo de acción siempre amenazado por el control de cambio, la burocracia legal y la arbitrariedad ideológica del gobierno. De modo que el adjetivo independiente es un lujo que casi ninguna editorial, ninguna librería, ningún ciudadano, puede llevar con justeza en este país. Es lógico entonces que las editoriales transnacionales prefieran mantenerse al margen de aquellos países cuyas limitaciones legales en materia de divisas, entre otras, asfixian el libre mercado. Venezuela es una concha de plátano que ninguna de estas editoriales desea pisar, o volver a pisar, a riesgo de perder no sólo dinero, sino credibilidad y proyección entre los autores y lectores. (Las que se mantienen, lo hacen con una presencia discreta, por no decir temeraria). Por su parte, las pequeñas editoriales –mejor llamarlas pequeñas o alternativas antes que independientes– que existen en el país (Lugar Común, Alfa Editorial, Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro, etc.), aunque conocen los riesgos de la concha de plátano, han ido aprendiendo a pisarla sin que la caída sea muy aparatosa, e incluso, realizando ciertas acrobacias que se traducen en beneficios, aunque modestos con respecto a la maquinaria editorial del Estado, que es la que ejerce la hegemonía en ese campo cultural.

Quizá sea también la mayor (aunque no total) autonomía en las decisiones lo que diferencia a una pequeña editorial de las instituciones del Estado o las multinacionales, además de la importancia que se le otorga a la calidad y relevancia cultural o social del libro publicado por encima del número de ventas y ganancias. Esto permite además que los autores y lectores se sientan más identificados y reconocidos en una editorial pequeña, capaz de dedicarle más tiempo a la promoción de los libros. Pareciera que ha ido creciendo la confianza en que este tipo de editoriales pueden ofrecer una mayor calidad de títulos aunque en menor cantidad. Es quizá una respuesta contra esa imagen descomunal y despersonalizada que poseen las grandes corporaciones editoriales.

SU: Vivimos tiempos coyunturales para el negocio de los libros.  La proliferación de dispositivos electrónicos y el fácil acceso a la información y los documentos en línea son para muchos un atentado, no al libro, sino a su formato impreso. ¿Cuál es la visión de Lugar Común al respecto? ¿Es un negocio rentable la impresión y distribución de libros? ¿Es inminente la migración total a la distribución exclusivamente online? 

LY: Lugar Común es una cooperativa integrada por personas más dadas a la lectura que al negocio. Esperamos que eso se equilibre en un futuro, claro está, si deseamos sobrevivir en el terreno de la rentabilidad. Pero te digo esto porque creo que responde en parte a tu pregunta con respecto a nuestra visión sobre el papel del libro en un mundo cada vez más dependiente de los soportes tecnológicos y del universo 2.0: nos interesa sobre todo la lectura. No creo que estemos viviendo un atentado al libro, sino unas nuevas formas de afrontar y divulgar la lectura; unos modos diferentes de producir y difundir los libros. Creemos además que estos nuevos formatos y procedimientos en la producción, distribución y recepción de la lectura pueden convivir perfectamente con los métodos tradicionales del mundo impreso. No vemos, en ese sentido, una rivalidad o una competencia entre ambas esferas de la edición, sino una migración más pacífica que traumática –más resignada acaso– hacia un mundo online, que de todos modos jamás será absoluto.

La impresión y distribución de libros, históricamente hablando (salvo pocas y envidiables excepciones), no ha sido un negocio rentable en ningún país. Es un negocio que algunos asumimos de manera temeraria porque sabemos que no sólo es un negocio, sino un oficio que colinda con la actividad artesanal y cultural. De modo que el peligro, tanto en formato impreso como digital, siempre está presente.

En Venezuela, el mundo del libro digital, más que mundo es un asteroide con muy pocos habitantes. Por un lado, el venezolano promedio se caracteriza por su deseo de estar a la vanguardia de la tecnología. Es un geek compulsivo que se las ingenia para adquirir los últimos gadgets del mercado. Pero por otro lado, el venezolano no es muy amante de los libros, y si bien es cierto que han aumentado los índices de lectura en el país, aún son bajos como para pensar que, por ejemplo, el e-book sea una opción llamativa para el consumidor local. No creemos, entonces, que los precios de los libros impresos disminuyan mucho, al menos en un lapso de cinco o diez años. Pero sin duda, es un sector que merece nuestra atención y que pronto asumiremos como una realidad de nuestro trabajo editorial, pues estamos claros que hacia ese firmamento digital se dirigen los nuevos soportes de la lectura, con todas las ventajas de expansión que eso puede brindarle a nuestro catálogo.

SU: ¿Qué impacto cree que tienen las redes sociales en el negocio de las librerías y editoriales independientes? 

LY: El impacto de las redes en la vida contemporánea es quizá una de las transformaciones comunicacionales más decisivas de comienzos del silo XXI. Las redes se han convertido en una forma, cada vez más omnipresente y natural, de comunicación, es decir, de transmisión de todo tipo de información y conocimiento. Prácticamente nada pasa, si no pasa por las redes sociales. De modo que si un negocio pretende ser próspero, llamativo y llegar a más consumidores, necesariamente debe hacerse notar en este vertiginoso y heterogéneo sistema social. En el caso de la editorial y la librería Lugar Común, el 60% de nuestro trabajo se ha dado a conocer a través de las redes sociales –Facebook, Twitter e Instagram–, y la respuesta del público ha sobrepasado nuestras expectativas. Quien pretenda, en la actualidad, tener un negocio sustentable y efectivo, debe entender que las redes sociales no sólo son medios, sino fines: expansiones de una sociedad cada vez más liberada de las limitaciones del tiempo y del espacio, más global y diversificada.

SU: ¿Y en la práctica de la lectura? Ante el uso de dispositivos móviles para leer, pero que también cuentan con conexión a redes sociales y la web en general, ¿cree que estamos ante una modificación del hábito, signada por la dispersión, pero también enriquecida por la consulta inmediata del contenido que los usuarios pueden hacer prácticamente al mismo tiempo que leen? 

LY: En ese sentido, estoy de acuerdo con Alessandro Baricco, quien señala en Los Bárbaros que vivimos una época anfibia, en la que las generaciones recientes han ido adquiriendo nuevas formas de recepción y difusión del conocimiento. Este método, signado por una secuencia de pasos, se parece más a la navegación que a la inmersión. De allí que navegar sea un término que traduce fielmente estos hábitos rápidos, híbridos y multifuncionales de dinamizar el saber, el entretenimiento y la información. ¿Es esto un enriquecimiento o un empobrecimiento de la lectura? Digamos que es un hábito distinto, aún en formación, y además: inevitable.

Para llevar esto a un terreno más específico, pienso que los e-books, comparados con los libros tradicionales, equivalen a lo que significó la aparición de la televisión para la radio (y la prensa), en tanto que la televisión amplió, enriqueció y diversificó el mensaje que llegaba de forma masiva a la sociedad. Sin embargo, hasta la fecha, ninguno de esos medios se anulan entre sí; más bien conviven y satisfacen, según sus códigos y alcances, a un variado público. Unos envejecen más rápido que otros, pero la voluntad humana de comunicar permanece más allá de los soportes circunstanciales de cada momento histórico. Portar en un aparato mínimo, que apenas puede ocupar el espacio de un bolsillo, una cantidad copiosa de obras que pueden leerse de manera fácil y cómoda, además de poder adquirirlas o compartirlas digitalmente, es un aporte fundamental en la historia no sólo del libro, sino de la lectura. Eso es innegable, por lo que ver en los e-books el fin de los libros me resulta, más que una actitud apocalíptica, una postura equívoca, además de anacrónica. De lo que se trata es de prolongar, enriquecer y masificar cada vez más el acto de la lectura, de la difusión del saber a través del lenguaje, más allá del soporte que en un momento dado sea el que más responda a las necesidades de una época. El e-book es un eslabón más de una cadena que en algún momento incluyó al pergamino, al papiro, a la imprenta, al libro y un largo etcétera cuyas dimensiones finales desconocemos. No obstante, el tiempo dirá la última palabra. O byte.

Para más información acerca del taller “El Oficio de Lector”, por favor haga clic aquí o comuníquese con Gloria Noriega – [email protected] / 305 442 4408

 

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