Una nueva nueva visión de lo femenino actual.

Muchos artistas han representado el cuerpo humano, pero muy pocos han construido una verdadera ars erotica que los alimenta con su fuerza inequívoca de creación y rebeldía. Una de ellas es Ytaelena López, artista venezolana radicada en San Francisco, Estados Unidos, quien en sus obras nos ofrece, además de una auténtica e inquietante manifestación estética, una eficaz crítica a las angustias contemporáneas. En su obra, lo sensual se convierte en un subterfugio artístico gracias al cual se puede observar mucho más que el desnudo en sí mismo. Su percepción del erotismo se vincula más con la posibilidad de descubrirse ante el otro, pero no solo mediante el desnudo del cuerpo sino con la entrega del yo interno, del alter ego, hasta develarse de manera espiritual. Así, en sus cuadros la mujer no es un mero objeto del deseo o un componente pictórico reducido a lo estético y a la perfección de la belleza, sino una activa partícipe de la vida contemporánea, antirretórica y con identidad propia.

En “Accidental Erotica I”, el tema es una mujer pintada sobre un camión que funciona como lienzo que, con natural espontaneidad, se despoja de su ropa mientras los transeúntes de una ciudad cualquiera, en el plano de fondo, continúan caminando sin inmutarse. Corrompidos hasta la médula con la diaria rutina urbana, ninguno parece prestar atención a lo que pasa en su entorno. El cuerpo curvo y simplificado de la mujer contrasta con las líneas de los edificios de la ciudad, pero permanece en armonía con los colores de las paredes de dichas construcciones. En un primer plano vemos un carro chocado, lo que explica el nombre de la serie de cuadros “Accidental Erotica” a la que pertenece la obra. Alimenta el misterio el hecho de que el rostro de la mujer no nos sea revelado.

En la siguiente entrevista Ytaelena López nos habla de su vida, obra, multidimensionalidad artística, y proyectos futuros.

Sobre mí…

Aunque vivo en San Francisco (California), soy de Venezuela, donde comencé a hacer arte en1998. Tengo formación de periodismo y literatura, carreras que aún uso para enriquecer mi trabajo artístico. También he sido la autora de dos libros de poesía.

Usualmente trabajo con acuarela, tinta, collage, acrílico e incluso oleo al mismo tiempo. Me gusta ver cual lejos puedo llegar usando las propiedades de los materiales para construir pinturas con muchas capas (en diferentes técnicas) que reflejen la complejidad de mis ideas.

He exhibido en Miami (MiArte Gallery), Los Angeles (Seyhoun Gallery), New York (Lana Santorelli Gallery), Venezuela (EspaciosMAD) y Chile (Galería Locarno, Talca). Ahora también trabajo para realizar una exposición individual de mis “Accidental Erotica” en Minneapolis (Gallery 13). También he exhibido en varias locaciones y galerías en el área de San Francisco como JellyFish Gallery, Somarts Gallery, ATA’s y el MCCLA.

También participo con frecuencia el el MAPP (Mission Arts & Perfoming Project), donde trabajé como co-organizadora por 2 años. De paso acabo de terminar una residencia artística de 8 semanas con ArtSpan. Tengo un estudio personal en Mission, el vecindario bohemio de San Francisco.



Pueden ver mi trabajo en http://www.ytaelena.com

1.    Háblanos de tu obra y lo que pretendes comunicar con ella.

 Mi obra es intensa porque trabajo con las emociones que nos inspira el caos del mundo; hermoso y doloroso a la vez. Esta intensidad se refleja en los colores fuertes, en la variedad de soportes que uso (desde pequeños dibujos en rayos X hasta canvas de gran tamaño), en los temas (enfermedad, maternidad, violencia política, pornografía, etc). Intento reflejar la soledad de aquellos que son ignorados o desean aislarse por voluntad propia, pero aún quieren ser vistos. Esa parte de nosotros es muy difícil de ver (y asumir) pero igual posee belleza y autenticidad.

El caos para mí es un elemento de transformación, una oportunidad para reinventarme. Así lo planteo en cada una de mis series, en donde me cuestiono a mí misma de diferentes maneras usando diferentes materiales.

Por ejemplo, «Accidental Erotica» es una metáfora del sistema americano. Cuando llegué a Miami lo primero que me dijeron fue: «los Estados Unidos es como una autopista: hay que seguir siempre derecho para alcanzar tus sueños». Sin embargo vi tantos camiones chocados cuando conducía, que los asocié con las penurias de algunos inmigrantes que llegan a este país.

En «Human Arcanas» trato de perderle miedo a mi cuerpo -que muta y en el pasado ha tomado control de mi a través de la enfermedad- usando la poesía. Uso radiografías humanas como fondo para hacer dibujos de partes de mi cuerpo que cobran autonomía, se transforman en criaturas capaces de cantar.

Busco humanizar temas tan abstractos para permitirle al público involucrarse más con su entorno y con ellos mismos, usando su imaginación. Esa es la dirección que deseo tomar: empujar los límites de la percepción de nuestro propio cuerpo y su influencia en nuestras relaciones sociales, emociones y temores.

2. ¿Cómo surge tu afición a las artes plásticas?¿Qué recuerdas de tu primera obra artística?

Desde niña estuve inscrita en clases de arte y manualidades. Manejaba el pincel mejor que un lápiz. A la edad de 7 años pintaba chapas de refresco con acrílico para venderlas como prendedores en la escuela. Recuerdo que en ese tiempo mi mamá me regaló el libro «Picasso, niño para niños», de Arturo E. Olano, a ver si me animaba por el camino del arte. Mi familia siempre creyó en mi talento en aquella época, incluso más que yo misma.

3. ¿Qué papel ha jugado la academia en tu formación como artista? ¿Cuáles son los artistas plásticos, caricaturistas o pintores con los que te sientes más identificada?

El estudio ha sido importante en mi formación artística, no la «academia» como tal.  Yo no estoy graduada como Licenciada en Artes Plásticas. Sin embargo, empecé a estudiar arte desde muy pequeña y nunca he parado de aprender. De hecho, cuando llegué a San Francisco lo primero que hice fue registrarme en clases de pintura, escultura y grabado; no tanto por el prestigio de la institución sino por los profesores que tuve. Creo que el estudio es necesario, pero un título universitario no hace necesariamente al artista, sino la práctica y el intercambio de ideas.

Para ser justa, debo admitir que mi formación universitaria me ha dado el criterio para guiar mi quehacer. El periodismo me ha dotado de olfato para oler el caos, y de una técnica de investigación rigurosa, que antes aplicaba para hacer reportajes y ahora uso para definir los temas de mi pintura. En cuanto a la escuela de Letras, fue allí donde aprendí sobre historia del arte e hice mis primeros performances e instalaciones multimedia.

Mis gustos en arte no difieren mucho de cualquier otro artista de mi generación. Me encanta Lucien Freud porque fue con él que aprendí a dibujar durante mis visitas al Museo de Arte Contemporáneo. Me gusta las líneas retorcidas pero delicadas de Egon Shielles, el dramatismo de Bernini, el minimalismo poético de Eva Hesse, el humor sádico de Eric Staton. Que recuerde, la expo que más me afectó en los últimos años fue la de la cubanoamericana Ana Mendieta, por su carga espiritual en la exploración de temas como el desarraigo y la feminidad.

Yo nutro mi arte de muchos elementos ajenos a la plástica tradicional en sí. No sólo el elemento periodístico, también uso la literatura (Borges, J.G. Ballard, Lewis Carroll), el comic (especialmente el japonés), la sociología (estoy fascinada con el fenómeno kitsch), las telenovelas latinoamericanas, la ecología, la biología, la medicina, la tecnología (me gusta la estética del steampunk), Internet, la política, la violencia, el consumo masivo y un etcétera tan eclético como la gran piscina cultural en la cual nadamos hoy en día.

4. ¿Hasta qué punto aparece Venezuela en tu obra y de qué manera? ¿Cómo ves el arte venezolano actual?

Venezuela es una procesión personal. A veces me produce alegría, por cuanto mi familia y algunos amigos están allá. Otras, frustración, dado que fungí como periodista justo en uno de los procesos históricos más dramáticos de nuestro tiempo, y aún me afecta leer algunas noticias. Pero la Venezuela que dejé no es la misma de ahora.

Igual Venezuela sigue siendo mi raíz. Por eso, quizás, me guste tanto pintar raíces y ramas, porque es la forma como ha mutado mi nostalgia. Pero creo que se nota más en el tema de la violencia política, especialmente contra los periodistas. Por allí tengo un par de obras dedicadas al tema. Aparte de eso, en cada una de mis series siempre hago una pieza dedicada a mi país de origen o a su gente, pero es algo muy íntimo y no afecta la línea general de mi trabajo, que es más global. Antes que todo soy artista, vivo en un mundo que trasciende fronteras geográficas y así lo reflejo en mi obra.

En cuanto al arte venezolano, no me siento con autoridad para ejercer un juicio de valor al respecto. Sé que la crisis ha afectado las posibilidades de supervivencia económica del artista emergente venezolano, así como también al negocio de las galerías y el poder de adquisición de los coleccionistas. Eso no va a parar a los artistas, que siguen creando, especialmente en tiempos de crisis.

Personalmente conozco a varios artistas venezolanos a los cuales respeto, especialmente gente de mi generación, pero casi todos ellos viven en el exterior y se mercadean sin bandera, es decir su trabajo trasciende independientemente de su identidad cultural. Igual siguen manteniendo vínculos con galerías de Caracas, donde se puede encontrar su trabajo. Lo que sí he notado es que el arte venezolano, especialmente el de artistas consagrados, ha aumentado su valor en el mercado internacional; especulo, por la alta y sostenida inmigración de compatriotas.

5. El desarraigo y el exilio ha marcado la vida de los inmigrantes en este país. ¿De qué manera te ha marcado a ti como artista?

Ser inmigrante es parte de mi identidad, pero no lo es todo. Al principio el desarraigo era la nota dominante en mi trabajo, por cuanto venía  de hacer periodismo de investigación en Miami. Incluso hice un video llamado «Bïtch, métodos científicos de control social» donde yo personificaba una inmigrante ilegal centroamericana y mi esposo parodiaba a un científico que me entrenaba como ciudadana americana usando el método de Pavlov y Skinner. Fue divertido, pero causó conmoción e incomodidad en algunas personas.

Mi experiencia como inmigrante me permite imaginar un mundo global, sin fronteras, donde la gente no termine estrellada al borde de sus sueños por cometer un error o no tener papeles. En una ocasión invité a la gente a dejarle mensajes a sus parientes muertos, que habían hecho un sacrificio para traerlos a los Estados Unidos. Participaron casi mil personas.  El desarraigo es un elemento que resuena en mucha gente, no solo en los latinoamericanos.

6. De la interacción entre las artes, y en referencia a las plásticas con la literatura, yo no tengo duda, ¿qué opinión tienes tú? ¿y en lo referente al periodismo?

Yo estudié literatura y periodismo por cuanto mi vocación es ser narradora, sea de ficciones o historias reales. De hecho, aún sigo narrando, pero en vez de usar palabras, apelo a las imágenes. Cada serie que hago contiene un relato alimentado por otros relatos. «El libro de los seres imaginarios» de Borges fue inspiración para crear mis «monstruos», los carros chocados vienen de las obsesiones de J.B. Ballard, las «Human Arcanas» están llenas de poesía, los desnudos en Plotino y el neoplatonismo, las pinturas políticas de un diálogo entre Thomas Hobbes y Hannat Arent.

De la relación entre el periodismo y arte he hablado anteriormente. Las herramientas que adquirí como periodista las sigo usando aún para investigar los temas que abordo y documentar mi obra. De paso, aún sigo pensando en la calle como mi fuente de inspiración.

7. ¿Cómo ha sido tu evolución como artista? ¿Qué géneros has explorado y cuáles te gustaría explorar en el futuro?

Mi primer amor fue la acuarela. Luego pasé al dibujo, que seguí practicando incluso cuando era periodista. He probado la escultura, pero no me sedujo de la forma en la cual lo hicieron las instalaciones multimedias (donde tienes que trabajar con equipos multidisciplinarios, lo cual me encanta). Las últimas instalaciones las he hecho con mi hermano, que es arquitecto, y con mi esposo. He usado collage de periódicos para obras de tinte político o social, los cuales combino con resina (que es terriblemente tóxica).  He hecho murales grandísimos. Incluso formé parte de un estudio de grabado por varios años. En esta última etapa sólo uso acrílico y óleo. Me gustaría hacer grafittis y arte callejero en el futuro, al menos para probar.

8.  De todos los géneros posibles, ¿por qué el erotismo? ¿Crees que este tiene una forma específica en cada artista?

    El erotismo no es un género, es tan sólo un elemento más en ese cóctel que es Ytaelena. Mis primeros desnudos fueron motivados por la necesidad de expresar emociones a través del cuerpo en un simple gesto. No hubo malicia en ello, sólo el goce de lo bello y un asombro por el cuerpo humano. Claro, muchos años han pasado desde que salí del colegio de monjas en Caracas, donde los curas pregonaban sobre la masturbación como el camino directo al infierno.

Luego, debo admitirlo, empecé a utilizar la sexualidad femenina como una forma de poder para poner en evidencia el fuerte componente machista de nuestras sociedades, especialmente las latinoamericanas. Me aficioné a pintar mujeres de proporciones grandes (mas ajustadas a la realidad) que aún así se sentían bellas y seguras de sí mismas. Luego retraté a las mujeres como monstruos abstractos capaz de tragarse a su agresor, quizás como gesto irónico. En esta última serie incluso fui más allá y usé a mujeres sacadas de pornos caseros latinoamericanos -hechos por mujeres- para hacer un myse-in-abime en los camiones.

El erotismo de los accidentes escandaliza en Estados Unidos porque muestran el pezón y por tal razón son considerados de mal gusto, por eso son considerados ficción. En Latinoamerica, tierra de autobuses con calcomanías pornográficas escandalizan porque muestran a una mujer poderosa -sin importar su origen social- que no le teme al ridículo y no se subyuga.

9. ¿Qué sensación te provoca trabajar con la sexualidad, exponer una parte del ser humano que es tan íntima?

La sexualidad es algo natural e inherente al ser humano. Es la sociedad que lo ha vuelto una moneda de cambio, útil para negociar espacios privados o comprar beneficios. Nos dicen que somos dueños de nuestros cuerpos por un lado, pero por el otro nos advierten de no «dar papaya» (ser fáciles). Entonces, ¿qué somos?: ¿mercancías?

Sería más fácil si nos inculcaran que el cuerpo es parte de un todo y reflejo del espíritu humano, que es una creación perfecta de Dios, que está allí por algo, que es nuestra responsabilidad cuidarlo. Pero claro, todo depende del punto de vista con que se mire la sexualidad-intimidad. Por ejemplo, ¿tu pregunta habría sido pertinente si hubiera sido hombre?

 

10. Creo que te hubiera hecho la misma pregunta. Ahora bien, para el caso de las figuras humanas, ¿utilizas al máximo tu imaginación o te apoyas en una persona de carne y hueso para retratarla?

Depende. Los desnudos los hice usando modelos de carne y hueso, incluso trabajé con un espejo un par de veces. Los retratos de maternidad son gente que pagó para ser retratada. En los «Accidental Eroticas» uso fotos de personas que luego emsamblo con los carros.

11. En el desnudo siempre hay un dejo de sospecha, ¿cómo lo vives tú en tu obra al recurrir a estos elementos eróticos, tomando en cuenta que en algunos sectores del arte y de la crítica se dice que el desnudo es un recurso fácil?

El desnudo no es un elemento popular en los Estados Unidos, que es una sociedad de corte conservador, lo cual está bien. Por eso aquí es más popular el arte abtracto, porque no ofende a nadie y es más fácil de usar para decoración. Los galeristas odian el desnudo, a menos que estés hablando del desnudo de una persona famosa o el típico de adolescentes: figuras perfectamente delgadas, retratadas como criaturas de fantasía típicas del pop surrealista de L.A. A mi parecer el desnudo no es un recurso fácil, por cuando implica trabajar con nuestro aspecto, al cual juzgamos más despiadadamente.

Yo sé que tomo riesgos cuando hago desnudos, pero no le temo al escándalo, ni a los cuerpos de proporciones reales, ni a las facciones mestizas, ni a las pieles que envejecen. El desnudo es una exploración de mi propia feminidad. Lo más gracioso es que ya no hago desnudos per se (hace tres años que terminé mi serie «Skin»), sino que los utilizo como elemento secundario en mis retratos del caos de la psique humana.

12.    ¿Cuál ha sido la acogida de tu obra por parte del público femenino?

La mayoría de las mujeres les gusta verse retratadas como mujeres poderosas. Unas realmente lo aman y se idenfican con mi estética nada glamorosa de lapiz labial corrido. Otras les produce una reacción visceral de rechazo que les impele a escribirme cartas loquísimas. Al final está bien, porque el arte es una experiencia vicaria.

13.    Por último, Ytaelena, y si tú no quieres añadir algo más: ¿qué proyectos tienes en tu agenda futura?

Ahora estoy ilustrando un libro para niños, escrito por mi esposo. Es una historia sobre una niña que se pierde en una tierra mágica de algoritmos matemáticos y criaturas fantásticas. Es un proyecto muy bonito. También sigo trabajando en mis accidentes, que van a evolucionar en formato y contenido. Tengo una individual el año que viene… si logro terminar a tiempo 😉

Ytaelena muchas gracias por esta entrevista.

 


© 2011, María Espinoza. All rights reserved.

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María Espinoza nació en Lima, Perú y actualmente reside en Miami, FL. Obtuvo un doctorado en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Internacional de la Florida. Es conferenciante y ha publicado artículos en periódicos y revistas de literatura y arte. Artista plástica ha participado en exhibiciones en Latinoamérica y Estados Unidos.