Junto a la figura del samurai, la geisha es uno de los pocos símbolos exponentes que quedan del pasado de Japón. Fascinante y misteriosa, el encantamiento y popularidad de esta mujer llega a Occidente en el siglo XIX de la mano del movimiento impresionista. Hoy su figura sigue siendo tan deslumbrante y seductora gracias al pincel de Katiuska González quien convierte a la geisha en la protagonista de su obra y en el emblema supremo de su arte. La alta calidad interpretativa y la fuerza creadora de la artista permiten representar el mundo encorsetado en belleza de la geisha, su lucha personal y las altas exigencias a las que se veía sujeta. Bien dice la pintora: “represento a unos seres excepcionales que asumen el arte como su manera de vida. Arte expresado a través de la danza y el canto, a través de la caligrafía y ceremonias de té, a través de conversaciones inteligentes, música, e incluso en la forma de caminar, esto y más, de una manera llena de gracia y belleza”.

Biografía

Katiuska González nació en Caracas, Venezuela. Hija mayor de un honorable científico e investigador venezolano y de madre dedicada al hogar, Katiuska creció jugando en las inmediaciones del, hasta entonces, único reactor nuclear de Venezuela en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

A su tiempo obtuvo su título de Ingeniero Civil en la Universidad Santa María. Luego de adquirir experiencia en el campo laboral, fundó, gerenció y ejerció como ingeniera civil en su propia compañía en Venezuela. Después, y siguiendo un mapa de vida trazado por ella misma desde su adolescencia, emprendió una travesía de varios años que la llevó a viajar por diversos continentes y a vivir en ciudades como Chicago y San Francisco (EEUU), Myconos (Grecia), Paris (Francia), provincia de Buenos Aires (Argentina) y actualmente Miami.

Fue durante estos años de viajes y descubrimientos cuando Katiuska conoció y compartió con personalidades como Isabel Allende y Richard Nelson Bolles, ambos reconocidos escritores que, en medio de la espontaneidad de la tertulia y el compartir, trajeron profundidad y reflexión a la naturaleza del viaje en sí, señalando un nuevo y fascinante destino, un periplo interno y necesario hacia el autoconocimiento.

Una vez en Miami, Katiuska decide estudiar su verdadera pasión: la pintura. Durante más de cinco años cursa estudios en el Miami-Dade College, bajo la tutela del maestro Baruj Salinas, a quien ella considera su mentor, inspiración y amigo.

Cabe mencionar que a lo largo de todos estos años Katiuska ha desarrollado, a la par de sus cualidades artísticas y como resultado inefable, una profunda espiritualidad con claras convicciones cristianas. Procesos interesantes que terminan manifestándose a través de su participación como voluntaria en diversas asociaciones, sirviendo a los más necesitados, y como conservacionista y ecologista activa, con una clara conciencia del impacto y responsabilidad hacia nuestros semejantes y hacia este gran hogar de todos llamado planeta Tierra.

Es mucha la gente que de una u otra forma ha influido en el desarrollo personal de Katiuska, y que sin duda agrega interesantes matices a su formación y por tanto a su obra. Sus influencias pasan por Rafael Rojas Grillo, Luis Manuel Belmonte, Daniel Mesch, Carlos M. Luis, Maria Luisa Bonafonte, Robert E. Chisholm, Astolfo Funes y otros. Todos y tantos más que en el diario compartir nutren al ser humano y al artista.

Katiuska ha participado en más de cuarenta exposiciones, siendo parte de eventos tan reconocidos como Arte Américas, Japan Cultural Week con el Consulado de Japón en Miami, Alianza Francesa, etc., y a lo largo de diferentes ciudades tanto en Estados Unidos como en Europa. Su trabajo ha recibido reconocimientos y menciones honorables.

En esta entrevista, Katiuska nos comenta de sus inicios, aspectos de su arte y uno de los personajes de su obra: la geisha.

¿En qué momento empiezas a interesarte por la pintura?

Desde la infancia comencé a manifestar una gran inclinación hacia las expresiones artísticas, y la pintura ha sido sin duda una constante en mi vida. Pasión que siempre ejercí de una manera espontánea e informal, y más bien íntima, pues en muchos casos era solo para mí, pero que venía con la fuerza de lo que no puedes reprimir sino simplemente dejar fluir.

Vives en los Estados Unidos hace algunos años. ¿De qué manera el cambio geográfico y cultural ha influido en tus temas y estilo artístico?

Sin duda estamos conformados por todo lo vivido, nuestro medio y circunstancias, aunado a nuestra capacidad asimiladora de vivencias. El simple hecho de salir de nuestro entorno a explorar nuevos horizontes es en sí una experiencia enriquecedora; el cambio de ambiente y de cultura nos brinda la oportunidad de apreciar las cosas, el mundo y la vida desde otra perspectiva. Todo esto y mucho más alimenta sin cesar ese vasto universo interno que como artistas reflejamos de una u otra forma en la obra.

Además, ha sido aquí en los Estados Unidos donde tuve la dicha de encontrar a un gran maestro de la pintura como Baruj Salinas, así como la oportunidad de realizar mis primeras incursiones profesionales en el área de la pintura.

¿Cómo definirías tu obra creativa?

En constante búsqueda, como una invitación a ver más allá de lo aparente, a percibir desde adentro. O como hermosamente lo expresó Antoine de Saint Exupery: “Es muy simple: solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.

¿Y en cuanto a tu técnica?

Mi técnica es lúdica y plantea una propuesta divertida e inesperada ante cada proyecto. Fluctúa entre una base figurativa hasta llegar al borde de algo que puede ser abstracto como tampoco lo es.

¿Cuándo das por terminado un cuadro?

Cuando a su encuentro percibo que entre la obra y mi ser hay armonía.

Las geishas son personajes recurrentes en tu pintura. ¿Las creas a partir de tu imaginación o utilizas algún referente en especial? ¿Cuál es el mensaje o simbolismo implícito de estas creaciones?

Las geishas que represento vienen de mi imaginación. Esta serie de pinturas es llamada El arte como vida, refiriéndose específicamente a la geisha. La palabra geisha significa una persona entrenada en las artes; está compuesta de los fonemas chinos gei, que quiere decir “arte” y sha, que significa “persona”.

Represento a unos seres excepcionales que asumen el arte como su manera de vida. Arte expresado a través de la danza y el canto, a través de la caligrafía y ceremonias de té, a través de conversaciones inteligentes, música, e incluso en la forma de caminar, esto y más, de una manera llena de gracia y belleza. Finalmente esta serie es una invitación a vivir la vida como un arte.

Sabemos que tienes estudios de Ingeniería. ¿Tu formación como ingeniera ha ayudado de alguna forma a la creación de tus obras?

Seguro que sí, desde poder manejar un concepto abstracto y extrapolarlo desde mi mente a una superficie plana hasta la capacidad de entender que con números se pueden dibujar curvas maravillosas. Todo lo que he aprendido, sin duda, contribuye al ser humano que soy hoy en día y por tanto a mi capacidad creadora.

En tu experiencia como artista visual has participado de interesantes exhibiciones de arte. ¿Qué nos puedes decir de las exposiciones? ¿Son de vital importancia en el desarrollo de las artes plásticas contemporáneas?

Toda exposición expresa diferentes rasgos del ser humano y de la sociedad en su actualidad, muestra a otros un punto de vista que, siendo único, ofrece al espectador una ventana con la que nos podemos identificar o rechazar, reflexionar, cuestionar, evadir, escapar, elevar, y tantas otras opciones más.

La exposición plantea siempre un reto y es en esa confrontación con el individuo y con la sociedad que el arte hace un planteamiento generando casi automáticamente otras preguntas y otras propuestas. Sin duda una sinergia vital que impulsa el desarrollo de las artes plásticas contemporáneas.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Seguir trabajando y descubriendo caminos con mi obra. Actualmente estoy desarrollando una nueva serie relacionada con la luz. De esta serie, acabo de enviar una pieza a Italia, y dentro de poco participaré en proyectos expositivos en Colombia. ¡El futuro siempre es crear!

Muchas gracias.

 

 

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