Diana M. Grullón

 

bicicletaFranquear lo simple y de apariencia unilateral hasta acceder a la complejidad de la muchedumbre y de la ciudad de Roma es una maniobra lúcida que elabora Vittorio de Sica en Ladri di biciclette o Ladrones de bicicletas (1948).  La sencillez al representar el mundo social de la postguerra en Italia, es reflejo del movimiento artístico cinematográfico del neorrealismo italiano.  Aquí, el espectador descifra que el laberinto citadino sirve para ilustrar lo complicado de la sociedad y de las emociones humanas a través de la multitud de personas, siempre presente en el filme.

Lo valioso de esta obra es cómo la simpleza y la espontaneidad llevan a un paseo a dos niveles, uno por la ciudad y otro entre las distintas esferas sociales que habitan en ésta. Se observa la vida laboral, la búsqueda de la esperanza en una vidente, el movimiento de los individuos a través de la transportación pública y privada, las creencias religiosas, los hábitos de comida de ciertos sectores sociales.  Además, se muestran las reacciones de la población frente a actos como el robo, la tragedia de alguien ahogándose en el río, la necesidad de obtener un poco más de dinero, la caridad de algunos, la ayuda de la Iglesia, etc.  Todas las situaciones en la cinta figuran la realidad del ciclo social que incluso, ocasionalmente, obliga a cometer actos desmoralizantes con el fin de supervivir.

 De este modo, la simbología de la aglomeración de personas es la clara representación de la multiplicidad humana y así de sus actos.  Se reproducen repeticiones como parte misma de la ciudad.  Juan E. Cirlot en su Diccionario de símbolos (2006) aclara que la muchedumbre, al ilustrar personas u objetos, “se constituye por la multiplicación de un solo fenómeno en vez de por la reunión de muchos distintos. … Dicho de otro modo, la diversidad justifica la multiplicidad. La multiplicidad monstruosa per se es la de lo mismo, imagen de ruptura, disociación, dispersión, separación” (322).  Así que, entre la ciudadanía romana, el caso de Antonio Ricci no es excepcional, es uno más que vive el resultado de la postguerra; es otro individuo que vive la repetición de la desgracia en la que se ahogan todos.

 Por otra parte, no solo se trata de mostrar la gente sino de retratar el lugar por el que se mueven. Rafael Toriz (2008) explica que, precisamente, las ciudades ilustran las avenencias de los seres humanos, de lo bueno y de lo malo, y proponen una invitación a entender la realidad a través de sus calles:

Esplendorosas y miserables, rudimentarias o maravillosas, las ciudades verdaderas son un imán de las pasiones. Pesadas como la culpa o ligerísimas como las nubes, todas las ciudades encierran un misterio. Quebrantar sus fortalezas o abandonarse a sus embrujos son las únicas posibilidades para palparlo y, con un poco de suerte, acaso hacerlo nuestro. Describir las ciudades es descubrir el cuerpo propio. Caminar sus calles es poseer pasos perdidos y olvidados; de allí que viajar implique obedecer las intuiciones” (http://www.revistaclarin.com/295/buenos-aires-la-ciudad-como-metafora/#sthash.8RJD0jNF.dpuf).

El viaje o caminar de Ricci y su hijo se transforma en un movimiento intuitivo. Asimismo, representa el aglomerado citadino, su complejidad y multiplicidad.  También, de ahí se desprende la simpleza de la trama, de lo que sucede y, ulteriormente, de la inquietud humana ante el desaliento social.

Para ilustrar lo indicado, es interesante la escena en la que el protagonista, junto a su esposa, empeña las sábanas de su casa.  Éstas son piezas que pueden encontrarse en cada hogar.  También, la ropa de cama advierte la higiene del lugar en el que se duerme y descansa.  Por lo tanto, funciona como símbolo de la necesidad social y de la importancia que tienen unos bienes materiales sobre otros.  Cuando es primordial buscar el sustento, pasa a un segundo plano el mantener el lugar de descanso en condiciones óptimas. Aunque parezca un poco extraño para el público de hoy observar que esta familia empeña sus cubrecamas, luego queda entendido que es una acción constante en la Roma de la época.  Se observa un conglomerado de más cobijas que otros han trocado por dinero, cada uno con un fin distinto: es la imagen de la muchedumbre entre esas telas, unos encima de otros.  Igual, es la clara alusión de la carestía de la sociedad del momento.  Es un atisbo a unas carencias sobre otras.

De la simplicidad de obtener una bicicleta por unas sábanas, las imágenes cinematográficas comienzan a señalar realidades más crudas. Quien observa el movimiento de las masas en esta Roma, cae en el dramatismo de la precariedad económica de algunos, sin mejor testigo que la naturalidad de los eventos que van sucediendo. No obstante, lo difícil del filme reside en evitar imbuirse en ese vaivén que a través de su naturaleza arrastra a caer en la desesperanza.  Pues, aunque se busca la bicicleta robada, e incluso se encuentra al ladrón, ésta nunca se halla: resulta ser “…an impossible task in the wilderness of Rome” (Ebert).

En esta obra fílmica De Sica no crea una crítica de la sociedad italiana de su época, más bien, tiene la voluntad de retratarla y comprenderla sin caer en juicios.  Esto, porque hasta un padre que desea el bien de su familia puede caer en el laberinto salvaje de actuar en contra de su propia moral a causa de la necesidad en la que se encuentre.  Así, el mayor protagonista es la muchedumbre.  Ésta tiene en sus manos el poder de ajusticiar a quienes atacan su propio sistema.  Por eso, cuando se acusa a un ladrón de bicicleta frente a una madre, se defiende; igual, cuando se acusa a otro ladrón de bicicleta frente a un hijo, se absuelve. Pues, la realidad es muy simple: el ciclo del robo y la pobreza está en las entrañas de la sociedad y se repite constantemente.  Es la humanidad la que hace difícil para un padre sostener de modo digno a su familia.  Pero, es ésta misma la que, si ve a sus individuos ahogándose (como se muestra en una escena del filme), también actúa para dar solución o salvar, quizás de a poco, a quienes caen en el río de la instigación que a veces nos hunde a todos a actuar incorrectamente con el fin de subsistir. Lo simple y, simultáneamente, lo complicado es la naturaleza humana y su mundo social.

Película completa en el enlace

httpv://youtu.be/rb1FxFyNP70

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© 2013, Diana Grullón. All rights reserved.

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Soy nacida y criada en Puerto Rico.  Tengo una licenciatura (B.A.) de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, en Literatura comparada e Historia del arte (2006).  En el 2004-5 estudié varios cursos en la Universidad Autónoma de Madrid.  Luego de haber confirmado mi pasión por las artes durante mis estudios subgraduados y de haber sido premiada en un certamen literario con el tercer lugar en Cuento Universitario (2003), ya no necesitaba más razones para seguir soñando.  Así emprendí un nuevo reto e hice la maestría en Florida International University (FIU) en español en Literatura latinoamericana, con especial atención al Caribe (2008). Actualmente, me encuentro en el proceso de escritura de mi tesis doctoral (FIU, Ph.D Candidate, 2010) y me graduaré en el 2014.  Mi trabajo analiza las teorías de identidad cultural en el ensayo del Caribe del siglo XX.  Mis pasiones siempre me han movido por la vida: mi labor de madre, mis estudios, mi gran amor por el arte y la literatura, los viajes y las culturas.  Con tanto, siempre tengo urgentes deseos de escribir.