Eduardo González -Viaña

El Papa Francisco ha llegado a Roma desde el fin del mundo.

No se supone que esté dispuesto a restaurar las enseñanzas sociales del olvidado concilio Vaticano II.

Tampoco se piensa que hará suya la profecía heroica de la teología de la liberación.

Los comentaristas lo presentan como un moderado.

También se llamó así a Monseñor Romero quien tuvo que sacar la cara por los pobres y entregar su vida por ellos en El Salvador.

Eso ocurre porque hasta un “moderado” resulta revolucionario en un tiempo como el nuestro. Francisco gobernará la iglesia en un momento en que el capitalismo muestra su rostro más carnicero, feroz y apocalíptico.

Ese sistema asume ahora su postura neo liberal. En ella, la oferta y la demanda han reemplazado a los diez mandamientos, y el culto diabólico del mercado ha suplantado a la veneración de Dios.

El neoliberalismo se ha impuesto merced a la corrupción y a una brutalidad sin límites, y ha provocado el enriquecimiento desmesurado de unas cuantas empresas mientras que ha condenado a la miseria a las mayorías, y está envenenando el planeta.

En la misma ciudad de la que Francisco será obispo, decenas de miles de italianos han sido privados del techo y del puesto de trabajo. En las otras regiones de Europa, la mitad de los jóvenes nunca han podido utilizar su título universitario en tanto que sus padres están recibiendo la conminación del juez para abandonar sus viviendas y escuchan el anuncio de que el derecho a la salud y sus pensiones sufrirán recortes. Quienes pagan y sufren la crisis son ellos, aquellos que no la provocaron.

Al sacerdote, se le acusa de haber callado frente a los verdugos militares. Lo culpan de no haber hecho caso del grito de dolor de los torturados, el aullido de las embarazadas a quienes se les arrancaba el niño o la súplica de los que eran impedidos de morir para que sufrieran sin término. Dicen que miró para otro lado.

Ahora, tendrá que escucharlos porque, en el propio continente donde nació, si bien se han terminado las guerras sucias, la mentalidad de la intolerancia subsiste. Allí, en lugar de restablecerse la paz, se deja impunes a muchos criminales o se les ofrece un posible indulto mientras se refina el trato perverso contra los otros prisioneros.

¿Qué habría hecho Jesús frente al capitalismo de nuestro tiempo? Bien sabemos que despachó con un látigo los mercaderes del templo. Sabemos también que no vino a este mundo para crear una iglesia o una burocracia sino para anunciar y promover el reino de Dios, lo que supone un cambio radical en toda la humanidad cuyos autores no serán precisamente los ricos quienes al igual que un camello no pueden pasar por el ojo de una aguja. Así lo dicen los Evangelios.

El cardenal argentino ha decidido llamarse Francisco como el santo poeta de Asís que era hermano de todas las criaturas. A mí, personalmente, esa decisión me conquista.

“Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua…”
“Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.”
Si ese nombre encierra una promesa, el nuevo Papa habrá de asumir la defensa de los derechos de los seres humanos, y también los de la naturaleza. Al lado de nuestras hermanas agua y tierra, tendrá que defenderlas contra la codicia sangrienta de quienes se esmeran en practicar el culto maldito del oro.
Tal es la tarea del Papa llegado del fin del mundo. Si no lo dejan cumplirla, será también el Papa de la hora del fin del mundo.

© 2013 – 2014, Eduardo Gonzalez Viaña. All rights reserved.

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Autor de unos cuarenta títulos, catedrático en los Estados Unidos, Premio Internacional de Novela en ese país, Premio Nacional de Cultura del Perú, Premio Internacional Juan Rulfo de narrativa, Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, entre otros de sus galardones, González Viaña ha expresado en sus obras la esforzada y milagrosa epopeya de la inmigración hispanoamericana en los Estados Unidos.

Eduardo González Viaña entregó hace poco Vallejo en los infiernos la primera novela biográfica acerca del poeta César Vallejo, su paisano y, como él, estudiante de la Universidad Nacional de Trujillo. Con el hasta ahora casi desconocido expediente judicial a la mano y una serie de cartas inéditas, el autor recreó la espantable experiencia carcelaria del mayor poeta peruano así como el encanto sin límites de una vida fascinante. Su novela El corrido de Dante es considerada como un clásico de la inmigración en Estados Unidos. En menos de dos años, ese libro (Arte Público, USA, 2006) ha tenido cinco ediciones en países e idiomas diferentes. En castellano e inglés, en Texas, Estados Unidos. En italiano, en Siena. En marzo del 2008, apareció la edición española, en Alfaqueque y en agosto, la latinoamericana, en Planeta.

Por ese libro, en julio del 2007, González Viaña obtuvo el Premio Latino Internacional de Novela de los Estados Unidos en un evento muy comentado por la crítica norteamericana en el que el segundo premio fue compartido por las reconocidas novelistas Gioconda Belli e Isabel Allende.

El autor publica cada semana “El Correo de Salem”, una columna periodística que aparece simultáneamente en decenas de diarios de América y en “La Nueva España”. Además de vibrante defensa de los inmigrantes, esa columna intenta ser una radiografía de la vida norteamericana. Residente en los Estados Unidos desde hace 22 años, González Viaña es catedrático en Western Oregon University. El Correo de Salem