Paco Bescós

El mundo ya sabe que un héroe puede tratarse de poco más que un constructo químico infiltrado para conquistar montañas. Y ahora parece que la trampa más innoble es aquella que priva de ídolos a la humanidad.

¿Qué es peor, pecar o dejarse descubrir pecando?

Lance Armstrong, sin ir más lejos, ha obtenido la gloria a cambio de que su esperanza de vida descienda unos cuantos años, sí, pero le entregó a usted un héroe, una causa, una admiración. Claro que usted no lo había pedido, pero disfrutó de la prestidigitación de categoría especial, con meta volante y maillot coloreado. A los prestidigitadores, como la lucha libre mexicana, uno los contempla tratando de ignorar la trampa. En la mentira está el sueño, la felicidad, y la verdad es, en muchas ocasiones, el concepto moral más sobrevalorado, en cuanto a que no raras veces conlleva la autodestrucción.  Viva la mentira, escoja la píldora azul, regrese a Matrix y cómase un filete, descienda a la caverna y disfrute del vivaracho pase de sombras en sesión continua.

Bien, queda aquí planteada esta sencilla reflexión propia de una contraportada de diario deportivo. Pero, como siempre nos gusta hacer desde estas páginas, proponemos una nueva vuelta de tuerca. Y todo a cuenta de una historia de la que usted será testigo dentro de unos cuantos años.

El porqué de su futura amistad con el actor Ryan Gosling tiene relación con el ascenso económico y social del que será usted protagonista en próximas fechas. Pero esta es otra historia y la contaremos en otro momento. Usted llegará a esa pequeña parroquia de Cornwell, Ontario, Canada, de la que aún no ha oído hablar, con motivo de las bodas de su futuro gran amigo. Vestirá sus mejores galas, todo comprado en altas boutiques parisinas. Ocupará el lugar que se le ha reservado entre los invitados de honor. Y saludará al bueno de Ryan, que aguardará hecho un flan (manos nerviosas, aliento que no llega a los pulmones, el inoportuno tic en el párpado) la entrada de la novia.

Cuando se abran de par en par las puertas de la iglesia, como si se hubiera tenido que pedir permiso al mismísimo San Pedro, y la novia avance rodeada por los acordes de Schubert, como gorriones levantando con sus alas brisas que harán volar pétalos de flores blancas y algo de los corazones (porque por fuerza he de incluir la palabra corazón en este párrafo, pero aún no sé cómo), se desvelará la sorpresa, tanto tiempo hurtada a la prensa, de quién es esa mujer, quién es ese fragmento de estrella, quién es esa celestial criatura capaz de doblegar el pétreo atractivo del grandísimo actor Ryan Gosling.

Usted, tan ignorante como todos, tan expectante como todos, había sospechado de Michelle Williams; pero Michelle Williams se encuentra ahí, en la bancada de la derecha, aguardando la entrada de la novia como el resto de los invitados. Usted había sospechado de Jennifer Lawrence, pero Jennifer Lawrence también se halla pocos puestos detrás de Michelle Williams.

Y finalmente quien avanza por el pasillo, ramo en mano, caminando de puntillas sobre las emisiones de felicidad que la elevan medio centímetro sobre el suelo, se trata de una mujer desconocida, bajita, entrada en carnes y un poco bizca, pero con una sonrisa sincera y fresca y real, y usted contemplará a la novia y luego al novio (a quien no le llegará la sangre a las manos pues su pecho contiene demasiado amor que irrigar) y comprobará que hay algo absolutamente descompensado entre los trazos marmóreos de quien tanto refulgió en Drive o en Ides Of March, y los carrillos sonrosados que privaron a Rose (pues la novia se llama Rose) de compañía durante el baile de graduación… entre otras cosas.

Entonces usted observará a los invitados y leerá en sus labios algún What the fuck y algún Yout gotta be kidding y algún  Good one, Ryan. Now, where’s the Bride?

RYAN GOSLING CONTRAE MATRIMONIO CON UNA ANTIGUA AMIGA DE LA INFANCIA dirán los titulares del corazón impresos junto a la atronadora fotografía que, oh sorpresa, despejará cualquier duda respecto al amor que el hombre más sexi del mundo alberga por esa rechonchilla mujer, pues, por muy actor de moda que sea, ese rostro, el de la fotografía del papel couché, resultará absolutamente irreproducible por su reveladora sinceridad.

Añadirá la prensa: Rose Smith, maestra del pueblo de Cornwell, Ontario, donde Ryan Gosling se crio…

Discutirá la audiencia: ‘Ni siquiera tiene dinero.’ ‘¿Acaso piensas que Ryan Gosling necesita dinero?’ ‘Solo busco una causa verosímil que explique este matrimonio.’

Seguirá la prensa: Compartió con el actor varios años de infancia durante los cuales se hicieron grandes amigos, sin llegar a entablar ninguna relación romántica. Cuando Goslin fue seleccionado por el Mickey Mouse Club…

Usted: ¡Ryan…!

Ryan Gosling: Ella es maravillosa, ¿a que sí?

Usted: Es encantadora. Y todo eso de la ayuda social, enseñar inglés a inmigrantes, trabajar en comedores… Se nota que tiene mucho cariño que dar.

A esas alturas de la boda, la botella de whisky escocés ya empezará a flaquear ante las violentas abatidas a las que usted y su gran amigo la estarán sometiendo, apartados ambos de la pista de baile donde los últimos invitados se tambalean y el cisne de hielo termina de derretirse. Rose, al fondo, conversando animada con la madre de Ryan, no habrá perdido la sonrisa ni habrá acumulado una sola mancha en su prístino vestido en toda la puta noche.

Usted: ¿La quieres, Ryan?

Él sonreirá de medio lado y contraerá una mirada que usted no sabrá qué quiere decir, a pesar de intuirla plenamente cargada de significación.

Ryan Gosling: Claro. Tengo que quererla. Tú también la querrías.

Usted: Seguro, seguro, pero tú… Joder, tú eres Ryan Gosling… Bueno, la gente no esperaba que… Tío… ¡Salías con Eva Méndez!

Ryan: Ah, la gente… Esta misma noche, en un programa de MTV, han recibido un montón de llamadas de chicas jóvenes, indignadas, dicen, porque todas ellas se sienten más atractivas que Rose y les parece injusto que yo haya decidido estar con ella. Así que los ejecutivos de la cadena han tenido una idea, y han sido lo suficientemente honestos como para compartirla conmigo en un e–mail que acabo de recibir. Proporcionarán medios a las mujeres que se presten voluntarias a grabar un reality show de bajo coste en el que intentarán seducirme y provocar mi divorcio. Los espectadores pueden apostar cuánto de cerca se quedan de cumplir su objetivo. Es tan solo un ejemplo.

Ryan se servirá una copa de whisky más. Al ver la suya (de usted) también vacía, pedirá a un camarero que traiga una nueva botella.

Ryan: La gente es imbécil. Tienen corazones imbéciles. Corazones que hundirán sus vidas. Y ni siquiera son corazones, sino partes del cerebro atrofiadas en las que no creen, y a las que, por tanto, no pueden culpar. Química es química. La gente sufre por motivos evitables.

Usted: Ryan, ¿estás enamorado de ella?

Él vaciará la copa de un trago tras comprobar que el camarero ya se acerca con la nueva botella.

Ryan: Hasta el mismísimo tuétano. Me dan espasmos continuos en las tripas, no puedo dormir, no puedo comer y no puedo ni mirar a otras mujeres. Estoy enamorado de ella. Temo que me deje más que a la muerte, que la presión mediática se le haga insoportable, que las amenazas violentas de mi club de fans no oficial le lleven a huir de mí. Y temo, sobre todo, que no crea la sinceridad de mis sentimientos, con tanto hijo de puta alrededor, haciéndola dudar, matando su autoestima, hijos de puta…

Usted: …

Ryan: Hablemos claro (el whisky hará que hablemos suene a hblemsss y claro suene a clrrrro). Tú eres como los de las revistas. Como toda América. América se pregunta qué hago yo con una chica del montón, una paleta gordita que no es millonaria ni miembro de la Iglesia de la Cienciologia.

Usted: …

El mundo sabe que, entonces, Ryan Gosling hablará clrrrro:

(Dentro de quince días, la conclusión a este escalofriante melodrama, puntual en las pantallas de sus dispositivos informáticos)

 

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