Gonzalo Salinas

Coral Gables es probablemente el distrito más tradicional de Miami. Su valor histórico y su relación con la fundación de esta ciudad, y todas las características que se juntan en su ornato, representan la esencia de los inicios de esta comunidad desde que se atrevió a crecer: su diseño paisajístico, su arquitectura, su integración hombre/ciudad, y sobre todo la belleza de sus calles y áreas públicas, que siempre destacan frente a otras zonas de Miami. Es en este distrito donde prácticamente todo comenzó, donde, por ejemplo, George Merrick, el “padre” de Miami, vivió casi toda su vida —hasta ahora su casa es patrimonio de la ciudad—, y donde se dieron las conversaciones entre él y el magnate John McEntee, para construir en Miami un hotel que permita a la ciudad tener un referente de hospitalidad de clase mundial. Así fue como nació el hotel Biltmore.
Hoy, el Biltmore es uno de los edificios estéticamente más valiosos y representativos de la ciudad. Cuenta con más de cuatrocientas habitaciones, la piscina más grande de los Estados Unidos, un campo de golf de dieciocho hoyos y una torre central de más de veintiocho metros en la fachada del hotel que emula la torre Giralda en Sevilla, España, y que refleja el  Mediterranean revival style que tanto caracterizó los diseños arquitectónicos del inicio de Miami. Este estilo transmite la sensación de ser un lugar que se detuvo en el tiempo. Además, tiene toda la tradición de la línea renacentista del Viejo Mundo y de la antigua usanza española de los ambientes abiertos, salones con ventanales que no dejan un resquicio sin iluminar, techos pintados a mano, jardines como lugares de esparcimiento, balcones llamativos y ultradecorados, pisos labrados, fuentes de agua. Incluso, en el sector antiguo del hotel los salones de conferencias tienen nombres españoles —Barcelona, Marbella, El Prado—, aunque ya en la zona extrema al lado de la fuente central, la parte moderna, los salones tienen los nombres de los protagonistas de Miami —Merrick, Brickell, Tuttle—.

El Biltmore también tiene su buena parte de “leyenda urbana”. Se sabe que en las noches, por sus pasillos, deambulan fantasmas y espíritus –inofensivos, por cierto- Y que en las épocas turbulentas del gángster Al Capone, fue uno de sus lugares preferidos de paso por la ciudad. Sin prejuicio de ser dueño de una mansión en Miami Beach, Capone solía recluirse siempre en la misma suite —suite que hoy lleva su nombre y cuesta cerca de dos mil quinientos dólares por noche—, la cual se convertía en el escenario de sus negocios sucios y su “casa” de apuestas ilícitas. El personal del hotel cuenta que uno de los fantasmas de los pasillos del hotel es el de Al Capone, a quien han visto con su clásico sombrero rondando por ahí. Nosotros no podemos afirmar eso, aunque sí que los dry martini que sirven en la barra son los mejores de todo Miami.

El Biltmore, desde los años veinte, es y seguirá siendo el punto central de referencia de la arquitectura y el esplendor de aquel Miami mítico, que se conecta con sus inicios como ciudad y se desarrolla con ilusión hacia la construcción de un brillante futuro. Y es, sin duda alguna, un patrimonio no solo miamense sino del país entero.

httpv://youtu.be/-isUBvigA14

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Nació en Lima, Perú. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y desde el 2003 vive en los Estados Unidos. Ama el océano, la guitarra, la ciudad de Miami, la guanábana, el ceviche, el idioma español, los libros de Tolstoi, las maratones, el buceo en Key West, la música de Jack Johnson y la prosa del libro de Las Mil y una Noches en la traducción de Burton. Actualmente trabaja en su primera novela.