El asesino hipocondríaco lleva ya varias ediciones fulminadas. Uno se alegra de que autores como Jacinto Muñoz Rengel (Málaga 1974) vendan mucho. Jacinto Muñoz Rengel lleva en esto, digamos, desde que era pequeño. Ha publicado libros de cuentos, ha sido premiado, ha sido antologado, ha fundado revistas, ha dado clases en talleres y universidades… No es en absoluto sospechoso de falso compromiso con la literatura, ese excéntrico delito del que demasiado a menudo se acusa a muchos autores que, vaya por Dios, venden más libros que otros autores de los que se dice que sí, que son autores de verdad. El hecho de que Jacinto Muñoz Rengel venda muchos libros y lo haga en una editorial de gran alcance es bueno para todos. Porque es bueno para todos que autores como él sean capaces de ir conquistando el derecho de vivir de la literatura; es bueno para todos que Jacinto Muñoz Rengel escriba ocho horas diarias, y no solo los fines de semana.

El asesino hipocondríaco, una novela negra cómica, o una comedia negra policíaca, no sé cómo etiquetarla, sorprende dentro el universo de los libros muy vendidos, por marciana y sesuda. Bien es cierto que lo marciano y lo sesudo se camufla tras una capa de situaciones hilarantes, mucha acción y personajes atractivos.

En ella se narra, en primera persona, la historia de un peculiar personaje que se cree invadido de enfermedades extrañas, curiosamente compartidas con filósofos y autores clásicos, que debe matar (dado el imperativo de su moral kantiana, pues cobró por adelantado) a un psicólogo argentino. Rengel tira del hilo de este carrete y nos proporciona páginas de la más brillante comedia.

Un antiguo jefe y compañero, Rafa Hernández, una de esas personas de las que puedo decir que he aprendido algo, me enseñó por qué los actores de comedia anglosajones hacen más gracia que los españoles. Me decía: Los actores españoles interpretan comedia como comediantes; sin embargo, los ingleses interpretan comedia como actores de drama. Y añadía: Fíjate en El guateque; fíjate en cómo Peter Sellers toca la trompeta en la primera escena con toda su voluntad, como si se tratase de la tarea más trascendente y madura que hubiera acometido en su vida. Algo de esto hay en El asesino hipocondríaco. El secreto de su frescura se encuentra en cómo el protagonista se toma severamente en serio a sí mismo, a pesar de lo demencial de sus preceptos: la moral kantiana, el decoro, la dignidad en sus surrealistas males… Las escenas más disparatadas se cuentan con gravedad de Funeral de Estado.

Al mismo tiempo, Rengel alterna capítulos de la vida de filósofos y escritores clásicos, desnudando su faceta más obsesivo–compulsiva. Se reflexiona así sobre cómo el terror patológico a la muerte y a la enfermedad es capaz de dar frutos insospechados. Y se desgrana la terrible realidad de quien se empeña en vivir la vida en espera de una muerte que aún no ha sufrido y de la que no se percatará una vez ocurrida.

Un libro inteligente y divertidísimo.

© 2012, Paco Bescós. All rights reserved.

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El huso horario Greenwich Mean Time (GMT) fija que, aquí en Europa, las cosas pasan unas cinco horas antes que en América. Así que vi la luz cinco horas antes que un americano nacido el 21 de enero de 1979. Me licencié cinco horas antes en la Universidad de Navarra y tengo cinco horas más de experiencia en mi profesión, la publicidad, que mis colegas americanos. También soy cinco horas más viejo, cinco horas más listo y moriré con cinco horas de antelación. Como nada de esto es cierto ni inteligente, nada de lo que escriba sobre Europa en esta sección será inteligente ni cierto. Pero lo haré cinco horas antes que mis compañeros.