De la táctica del avestruz a la falta de visión

Rosana Ubanell

Desde este oasis que es Miami, contemplo en la lejanía, con tristeza, el desmoronamiento de mi país de origen, España. Y digo España porque así lo siento, no por la dura realidad y las lamentables tensiones secesionistas que fluyen en pleno colapso económico.

Me duele el aumento incesante de correos desesperados, ahora diarios, de españoles que me envían sus curriculums en petición de ayuda para saltar de un barco que se hunde.

Respondo, aconsejo, animo, remito los curriculums a quien me parece que puede echar una mano. No es mucho lo que puedo aportar. Uno de cada cuatro españoles está en paro. Uno de cada tres en las regiones del sur como Andalucía, Extremadura y Canarias. Uno de cada dos jóvenes menores de 30 años no encuentra trabajo. Una tragedia que además parte al país en dos y avala el histórico concepto de la brecha entre el norte y el sur.

Lamento que sea ya muy tarde para muchos. En la guerra, en el amor, en los negocios, la capacidad de respuesta, de reacción inmediata ante una situación de amenaza o crisis supone la diferencia entre la vida y la muerte, la felicidad o la soledad, entre desaparecer del mapa o conquistar el futuro.

Hay que renovarse antes de que las circunstancias nos obliguen a ello. Llegados a este punto, contra las cuerdas, el único recurso es la acción desesperada, la peor de las respuestas.  Pruebas hay a docenas. ¿A dónde fue a parar Kodak?, por poner uno de los ejemplos más recientes y evidentes.

La inmensa crisis en España comenzó hace años. Muchos la vislumbraron claramente pero muy pocos reaccionaron a tiempo. Y ya no me refiero a nivel gubernamental sino también a nivel personal. Es muy fácil y cómodo estar “medio bien” y no hacer nada. Pero cuando las cosas ya se ponen feas, resulta muy tarde para encontrar soluciones.

La vida es táctica –método para ejecutar o conseguir algo- y estrategia – el arte para dirigir la operación y llegar a buen puerto. Digamos que la táctica engloba los pequeños pasos sistemáticos para ir avanzando y la estrategia el concepto a largo plazo que despliega la tácticas.

Podemos equivocarnos en alguna medida táctica, por supuesto. Sin embargo, si la estrategia y la visión son las correctas y reaccionamos a tiempo ante una situación, los pasos tácticos se pueden manejar hasta llegar al objetivo de largo plazo.

Lo que no se puede hacer es dejar que la situación se pudra año tras año sin reaccionar. Llegados al punto de inflexión no hay capacidad estratégica ni táctica que resuelva lo inevitable. Perdimos la guerra, el amor o la empresa.

En resumen, en España se practicó durante demasiado tiempo la táctica del avestruz que como define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, consiste en la “actitud de quien trata de ignorar peligros o problemas”.

Como el avestruz que ante un peligro entierra su cabeza en la tierra, los españoles escondieron durante demasiado tiempo su cabeza en el confort de un periodo idílico.

No se quiso ver la realidad detrás de esa cortina de ostentación. Ahora al abrir los ojos, al levantar la cabeza de la tierra, la otra realidad implacable nos ha arrollado sin capacidad de respuesta. Inmunes, desnudos, lamentando con dolor tantos años de ceguera.

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