CRÓNICAS ILEGALES: La excepción de Murphy…

excepcionmurphy1“Para toda mujer se verifica que la suma entre su belleza y su inteligencia es una constante”… 

Es así como reza una de las leyes atribuidas al comandante Edward A. Murphy Jr., ingeniero de pruebas de la Aviación Norteamericana, famoso por haber emitido jocosas leyes sobre la fatalidad de los eventos cotidianos. La ley de marras nos da a entender que, al ser el resultado de la suma siempre constante, mientras más belleza tenga la evaluada, menos inteligencia tendrá que tener, es decir: Si la suma entre belleza e inteligencia diera 10, entonces si belleza 9 pues inteligencia 1 y viceversa… Así lo entendía yo, hasta el día en que conocí a Adelle.

Estaba almorzando en el food court (patio de comidas) del Dadeland Mall, cuando la vi venir hacia mí con su pinta de Yuppie y su caminada de top model retirada. Ya me había resignado a verla pasar de largo cuando de pronto se paró junto a mi mesa y me preguntó si podía sentarse a mi lado. Asentí con la cabeza como un sonámbulo con mal de Huntington y su sonrisa pizpireta iluminó Miami… Dijo ser economista, tener dos másteres, en administración y finanzas, y estar preparándose para realizar un doctorado de no sé qué vaina en Europa.

Para mi sorpresa dijo haberme conocido en una de mis conferencias sobre micro-finanzas en Río de Janeiro en la que tuve que abordar un tema más aburrido que chupar un clavo, pero que justo calzaba con una de sus tesis. Le dije que eso era un pasado ya remoto y que ahora estaba hablando con un blue- collar (obrero) indocumentado y perseguido por «La Migra».

Supongo que no me creyó, porque su risa de niña consentida explotó como una nebulosa y me pareció escuchar a María Callas con el mismo Chopin al piano, Paganini al violín, Tito Puente en los timbales, La Plisétskaya bailando con Nuréyev y todo escrito por el sordo Beethoven y dirigido por el loco Amadeus…

Pasamos más de dos horas charlando y todo lo que nos rodeaba fue desapareciendo; en mi retina y en mi mente sólo existía Adelle… Ella saltaba de un tema a otro con una facilidad y un dominio increíbles. Me hablaba de petroquímicos y mis pensamientos se perdían en sus cabellos de Nefertiti, tan negros como el alma de una corporación transnacional. Yo balbuceaba algunos estúpidos comentarios que parecían arquearle sus cejas perfectas, encendiendo unos ojazos azul cielo que me recordaban a mi Siberian Husky. Mientras me recreaba observando cada milímetro de su rostro de esfinge, con énfasis en sus labios de comercial de Revlon, me confesó que era judía y en ese instante, cualquier ínfimo rezago de antisemitismo que hubiese podido heredar de mis antepasados nazis desapareció para siempre.

Me explicó su raro ensayo sobre el movimiento pendular caótico-armónico de las bolsas de valores y yo imaginaba la misma fórmula pero aplicada a sus pechos de mascarón de proa, sin brasiere, en una caminata naturista por el borde del lago Lucerna… Me comentaba de lo tonta que le parecía la lucha grecorromana y yo pensaba en cuál toma podría aplicarle para que se rinda exhausta a mis «encantos». Bromeamos sobre la Ley de Finagle, de los negativos dinámicos y terminamos con las leyes de Murphy, en especial la que encabeza esta crónica y no pude menos que decirle: “Eres la excepción viva de la ley de Murphy…” Me contestó de inmediato que ese era el mejor piropo que le habían hecho en su vida…

El tiempo no existe, pero jode igual y la feliz entrevista concluyó con sendos besos en las mejillas y varios «hasta siempres»… Y así, con el corazón partío, vi alejarse a esta mezcla de Afrodita y Atenea, a esta Nereida con cerebro de Madame Curie, a esta especie de Irene Adler (némesis de Sherlock Holmes), meneando su trasero brasilero al compás que marcaban sus piernas perfectas de patinadora sueca. Maldije todos los errores que me llevaron a la ruina y día a día traté de encontrar una buena excusa para decir “las uvas están verdes”, pero no la conseguí. Quedé hecho un anacoreta, un alma en pena, un peregrino en el Purgatorio de Dante sin la fe de Beatrice…

Una sonrisa estúpida iluminó mi rostro el día en que me enteré que Adelle era lesbiana.

 GinoNzski.

Ginonzski

Gino Winter (a) "Ginonzski": Nació en los Barrios Altos, Lima-Perú, de padre suizo-anglosajón y madre ítalo-peruana. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue comando-paracaidista de la Fuerza Aérea, gerente de negocios y de riesgos en un gran grupo financiero y finalmente trabajador ilegal en varias ciudades de USA. Desde hace algunos años funge como escribidor. Crónicas Ilegales es una columna de humor negro que cuenta las experiencias tragicómicas de un inmigrante ilegal en su lucha por sobrevivir en diferentes ciudades norteamericanas, especialmente en Miami.