Conversar sobre qué es superior, si un libro o la película basada en este, es un tópico trillado. Cuando leemos un libro de lectura engorrosa, a veces nos sentimos tentados de ponerlo en stand by para ver, simplemente, su adaptación fílmica. ¿Es mejor el ejercicio de la lectura o el deleite de ver las imágenes en la pantalla? ¿Es necesario analizar la obra completa para comprender lo que quiso expresar el autor, o basta con la versión más digerible que nos ofrece la película?

Al ver la película L’amant, de Jean Jacques Annand,  sobre el libro homónimo de Marguerite Duras, muchos han notado con asombro que las escenas reflejan casi con exactitud las imágenes que se habían formado en la mente mientras leían el libro, a tal punto que se podría  considerar que entre el libro y la película hubo un empate. ¿Será que Duras describió tan bien las imágenes en su libro, o quizá fue Annand, el director, quien tuvo la maestría de reflejarlas en la pantalla?  Lo cierto es que el resultado fue tal que, luego de leer el libro, al ver la película aparecía ante nuestros ojos un completo deja vu de rostros, formas y colores anteriormente imaginados.

Es penoso ver que muchos de los estudiantes que recién empiezan en el college, cuando reciben un artículo de una página para que lean y den su opinión, a menudo responden con un “¿todo esto?”… Al parecer Hollywood les da las obras tan masticadas que les da pereza leer una página completa.

Por otro lado, ¿se justifica para la gente sin inclinaciones literarias el esfuerzo de leer La Ilíada y La Odisea cuando tienen esas historias muy bien producidas y listas para verlas en 120 minutos de imágenes asombrosas? ¿Quiénes se atreven a leer  a Tolkien, si El Señor de los Anillos en sus tres o cuatro tomos está a su disposición en la videotienda más cercana por unos cuantos dólares? ¿Los libros de Harry Potter llevaron a los lectores a ver la película o son las películas las que están llevando a la gente a leer los libros de J.K. Rowling?

Mario Puzo, autor de El Padrino, afirmaba que había dejado de escribir libros porque le resultaba más fácil y rentable escribir guiones de cine. Hoy, al parecer, las películas son más populares que los libros, aunque también es cierto que los lectores tienen mayores opciones cada vez.

Es cierto que la lectura estimula en el cerebro zonas que las imágenes del cine y la televisión ni siquiera rozan, y que los lectores tienen la oportunidad de desarrollar aun más su capacidad de análisis e imaginación. También lo es que el séptimo arte es maravilloso y que las películas del agente 007, James Bond, probablemente sean más estimulantes que los libros de Ian Fleming.

En realidad podemos encontrar todas las combinaciones: libros y películas buenos y malos, libros malos que han dado origen a películas buenas y libros buenos que han dado origen a películas malas. Tanto el cine como la literatura han evolucionado y se han masificado. Ya no son manifestaciones artísticas de élite. No existe una respuesta única y absoluta para determinar la superioridad de una obra frente a otra. Solo existe, y deberá siempre existir, como autor u observador, la dedicación, el oficio, el criterio y el conocimiento, ya sea para crear una obra o para valorarla.

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Gino Winter (a) "Ginonzski": Nació en los Barrios Altos, Lima-Perú, de padre suizo-anglosajón y madre ítalo-peruana. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue comando-paracaidista de la Fuerza Aérea, gerente de negocios y de riesgos en un gran grupo financiero y finalmente trabajador ilegal en varias ciudades de USA. Desde hace algunos años funge como escribidor. Crónicas Ilegales es una columna de humor negro que cuenta las experiencias tragicómicas de un inmigrante ilegal en su lucha por sobrevivir en diferentes ciudades norteamericanas, especialmente en Miami.
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