Armas: Prohibir o resolver

Por José Benegas

No nos reponemos de la matanza de niños en la escuela de Newton en diciembre pasado y ya nos encontramos con otro episodio de locura con 15 víctimas, todavía ninguna fallecida, ocurrido en la Universidad Lone Star en Texas. La diferencia de este último caso respecto de otros antecedentes es que no se realizó con un arma de fuego sino con un objeto punzante.

También en diciembre en China 22 niños fueron heridos con un arma blanca por un hombre que estaba convencido de la llegada fin del mundo.

La reacción frente a las cuestiones que más tememos es prohibir algo. Ahora no sabremos si las armas de fuego o los cuchillos. Ambos son medios no autores, hay otras formas de llevar a cabo crímenes horrendos. Nadie pensó que aviones comerciales podían ser instrumentos para realizar matanzas masivas hasta el 11 de septiembre, pero prohibir los aviones, como prohibir los elementos punzantes suena imposible de hacer. Como prohibir los automóviles con todas las muertes que se producen a diario en accidentes en las calles.

Hay cantidades de problemas que se tratan con el pensamiento mágico de la prohibición. La autoridad en realidad representa en muchos casos nuestra impotencia. ¿Hay adictos a determinadas sustancias? Las prohibimos ¿Y si no conseguimos nada prohibiéndolas? Pues las seguimos prohibiendo porque si no las prohibiéramos habría adictos que es precisamente lo que sigue habiendo a pesar de la prohibición.

¿Pero nos enfrentamos al problema así? No, solo recurrimos a un paleativo para el temor. En realidad deberíamos empezar por el interrogante acerca de cuál es el problema ¿El miedo que nos da el arma que tiene el vecino? A lo mejor las armas en general en posesión de los civiles, pero por otro lado nadie piensa en desarmar a los gobiernos que serían los encargados de desarmar a los civiles y los gobiernos no tienen mejor historial que las personas que nos cruzamos por la calle en materia de promoción de la paz y la concordia.

Un argumento es que las armas de fuego tienen un poder de agresión mucho mayor que los cuchillos. Es cierto, pueden causar más daño más fácil y a más distancia que un arma blanca, pero a personas desarmadas. Y también es cierto que la sociedad arma a los gobiernos para enfrentar a las personas armadas que quieren cometer crímenes. Las armas no solo son eficaces para cometer crímenes, sino también para pararlos. El arma en sí no parece ser el problema, a veces es la solución.

Nunca será una amenaza que una persona tenga un arma para defenderse mientras realmente la tenga para defenderse ¿Hay riesgos de accidentes? Si, como los hay con los automóviles ¿Hay riesgos de que una persona pacífica tenga un hijo que tenga esa clase de conducta tan inquietante como para meterse en un colegio a matar chicos y que robe el arma para hacerlo? Claro, lo hemos visto. Pero también está el riesgo de que ese dueño del arma se encuentre un día que la tiene que usar para no ser víctima de otro psicópata. Cuando llega tarde la Policía en Newton o en cualquiera de los otros casos, lo que llegan tarde son las armas.  Si llegaran los agentes de la ley solos, poco podrían hacer.

Siempre me llamó la atención que estos sujetos tan oscuros y perversos actuaran en lugares como cines, escuelas, shopping centers. Lugares donde no solo se concentran personas, sino personas indefensas, inermes. Parecen actuar como un atractivo.

Yo diría que aquí hay una cuestión que tiene que ver con las prohibiciones y otras dos que no.

La primera es que prohibir tiene que ser un último y desesperado recurso porque es el que menos oportunidades de éxito tiene y no al revés. Prohibimos lo que no hemos resuelto y lo que no queremos ver o resolver. El autoritarismo lo prohíbe todo y no resuelve nada.

La segunda es que se examina poco cómo se generan estas personalidades, qué hace que estas personas muchas veces jóvenes, muchas veces medicadas con drogas que no solo no son prohibidas sino que son obligatorias, reaccionen de esta manera.

La tercera y más política digamos, que tiene que ver con decisiones a tomar para resguardarse es cómo evitar las matanzas que es algo mucho más preciso que evitar que las personas puedan tener medios para eventualmente actuar como uno de estos sujetos. Como no podemos prohibir de manera eficiente a los locos tener armas porque no sabemos quienes son los locos y quienes las víctimas antes de que la acción criminal se desate, la solución más racional parece ser encontrar los medios para defender los lugares de riesgo potencial de este tipo de episodios con tecnología, vigilancia y armas que puedan contrarrestar al asesino una vez que se manifieste como tal.

Un padre me dijo una vez que no querría que sus hijos vieran guardias armados en la puerta de sus colegios. Mi impresión es que eso es aislarlos y negarles la información necesaria sobre el mundo en el que viven y mantenerlos en una burbuja que actúa como un atractivo de los asesinos psicopáticos.

José Benegas

Periodista, abogado, ensayista, conductor de Esta Lengua es Mía en FM Identidad 92.1mhz de Buenos Aires. Miembro del directorio del Interamerican Institute for Democracy. Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, ha colaborado con los diarios La Prensa, Infobae de Buenos Aires, La Prensa de Panamá. Trabajó como columnista o conductor en Canal 9 de Buenos Aires, P+E y Metro, FM La Isla, AM 1110 Radio de la Ciudad de Buenos Aires y FM Tango.