Descubrí, la otra noche, una araña. Salió despavorida de la balda de los alimentos de larga distancia, arroces y pastillas avecrem, donde seguramente chuperretaba algo. La invité a salir con firmes aspavientos de servilleta de papel, pero se resistió. Me niego a matarla, los bichos dan más asco si te los cargas. Luego tienes mala conciencia y pesadillas. Así que se ha quedado a vivir conmigo, y no es una araña pequeña, precisamente. No me da asco, aunque es desagradable. Me recuerda a la araña del Guggenheim, y también a aquella de Tintín y la estrella misteriosa; preferiría un gorrión callejero o un fiel galgo pero lo que tengo es una araña, negra, esbelta. 

No sé cuánto tiempo se quedará conmigo y lo cierto es que a ratos me hace compañía. A veces pienso si no será más dura su ausencia, ya que a veces más vale araña en mano que ciento volando. En cualquier caso, no durará mucho, porque todo el mundo sabe que la esperanza de vida de la araña común no es muy alta.

© 2013, Eduardo Laporte. All rights reserved.

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Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):