David Campos

Llegué a las nueve de la noche, como habíamos acordado. Marqué desde el teléfono de servicio a la habitación de Antonio. Ya bajo, escuché después de presentarme. Cinco minutos después entró al restaurante del hotel un hombre con una playera típica mexicana, jeans, el pelo largo y la barba desarreglada; lentes y una sonrisa amable. Nos sentamos cerca de una ventana que daba al jardín del hotel. Puse mi celular a grabar sin que se notara mucho y comenzamos a platicar.

Entre el pequeño bullicio y la tardanza de los meseros me dijo que su primer libro no era El cantante de muertos. Pareciera que es un autor nuevo, por ser joven, pero lo cierto es que ya tiene ya los libros de cuentos Todos los días atrás, Dejaré esta calle, Sola no puedo, Habitaciones calladas, y las novelas infantiles Los cazadores de pájaros, Reptiles bajo mi cama e Ixel a parte de haber participado en algunas antologías antes del publicado por Almadía.

Entraron entonces al restaurant tres hombres y una mujer, famosos por su programa de chistes en un canal de música nacional. La atención del lugar se volcó sobre ellos y comenzó un desfile de niños y personas acercándose a su mesa para pedirles autógrafos y fotos. Antonio me dijo que el libro en el que trabajaba ahora era dirigido al público infantil, que le gustaba mucho esa área de la literatura que en México estaba un poco hecha a un lado.

Le pregunté cuándo había decidido ser escritor. “No sé si exista un momento de decisión. Sin embargo, creo que hubo uno en el cual me di cuenta de que, si quería dedicarme al oficio de escribir debía de intentar hacerlo lo mejor que pudiera. Así que empecé a ir a talleres literarios y tuve la buena fortuna de estar con un maestro que además era un escritor de los buenos, que me inculcó no sólo el reto de escribir bien y el de no confundir la vida literaria con la creación, pero sobre todo, una persona que me dijo que para rifársela en verdad, había qué probar con premios, becas y ediciones fuera de mi ciudad natal, Monterrey.” Nos llegó por fin, después que a los famosos cuenta-chistes, la cena de Antonio y mi café, comencé a preparar mi bebida mientras Antonio le daba sorbos a su limonada.

“El cantante de muertos nació hace mucho tiempo, dijo, mi abuelo le cantaba a la muerte de un tío, crecí también en una fe evangélica y ahí siempre se le despide a los muertos con himnos, también ayudó mucho el empuje de Orlando Ortiz, mi maestro en la facultad de la FLM (Fundación para las Letras Mexicanas), me dijo: Toño, si en tu proyecto en la fundación escribes cuento, conmigo escribirás novela. Y así empecé a escribirla. Tiene esa sensación Rulfiana y no lo niego ni lo digo con miedo, muchos escritores tienden a querer borrar las líneas de conexión de escritores que admiran. En mi caso, no ocurre así, pero quise cambiar ese campo Rulfiano de los Altos de Jalisco por el desierto del norte de México.”

Después de terminada la cena, la plática fluía en torno a la escritura de novelas, la publicación de libros. Me dijo Antonio que su libro ahí está, a pesar de algunos “hubieras” que sus amigos le dicen a veces. “Publicamos para no seguir editando” le contesto, parafraseando a Alfonso Reyes. Sonríe. Le pregunto por cómo se dio la publicación en Almadía, más por curiosidad personal que por la entrevista. “Siempre quise publicar en esa editorial. Como editor, me encantan los libros que hacen y, como autor, el trato de familia que le otorga a sus autores, o al menos eso he pensado. Así que terminé la novela y la envié. Esperé varios meses y luego insistí. Esperé otros meses y luego volví a insistir y, para mi suerte, la aprobaron. Creo que me ayudó mucho el hecho de que previamente había publicado con ellos un cuento en la antología de Grandes Hits, Nuevos Narradores Mexicanos, que había preparado Tryno Maldonado para esa editorial cuando él era uno de sus editores.”

En su momento, cuando ya habíamos terminado la cena, continuamos platicando afuera, “yo no fumo pero si quieres te acompaño”, dijo y así fue. La noche nos regalaba un poco de viento y el ruido de unos autobuses afuera del hotel. Antonio vino a mi ciudad para promover la lectura, la otra cara de la literatura. En ese momento nos pusimos a hablar de los autores que nos gustaban, le pregunté por los suyos, “Ésa es una pregunta que luego hace que los escritores digan que escriben porque Pessoa los ilumina, David. No, pues a mí me gusta mucho leer a Rulfo, a Cormac McCarthy, a Revueltas y Carver, pero últimamente leo más a Michelle Petit y a Francisco Hinojosa, a Vigotsky y a Triunfo Arciniegas”. Reconozco que algunos de esos autores no los he leído aun, pero me sentí a gusto al sentirme identificado en los gustos de otros. Ye que mencionó a Pessoa, mientras encendía otro cigarro, le pregunté que si él creía, como Pessoa, que navegar es preciso, especialmente a un escritor. “Sí, claro, pero no la navegación terrestre o aérea: la de la curiosidad es importante. Sin ésa uno está ciego aunque vaya a París.” Dijo con la misma sonrisa con la que nos saludamos al principio de la plática.

Al despedirnos, le pregunté por su rutina para escribir, contestó con la misma sencillez y practicidad de sus respuestas anteriores, “Ninguna. Sólo escribir. Detesto esas cosas de “esperar” a que llegue la musa, o de escoger la mejor hora para escribir, los rituales con los que uno se da el pretexto para escribir. Cuando cae la historia hay que seguirla”. Mi raid llegó y casi despidiéndonos quedando de platicar pronto, en mi última curiosidad me contestó que trabaja a parte de sus textos infantiles, en una nueva novela que trata de unos tipos locos que quieren desatar una nueva guerra. Así lo imaginé o así imaginé a los escritores, a la literatura, tratando de armar guerras para destruir a la literatura, y creándola de nuevo. Subí al auto de mi amigo, con la seguridad de seguir escuchando de Antonio, como escritor y amigo.

© 2012, Elías David. All rights reserved.

Compartir
Artículo anteriorLa eternidad del mar
Artículo siguienteFresa y Chocolate: melodrama, revolución y conductas impropias
Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.