Me habían dicho que el olor de la India era particular, pero sentirlo desde mi asiento del avión, en cuanto abrieron la puerta de la cabina, superó todas mis expectativas.

Pensaba que vería desde la ventanilla una ciudad un tanto gris o marrón, como Lima que parece enterrada en polvo, pero eso era una ilusión al lado de la nube espesa que se extendía sobre la borrosa figura de una ciudad con muy pocas luces. Como si la neblina fuese de tierra y esta estuviera sostenida en un ambiente denso sin aire y sin opción a que se asiente, jamás.

En el aeropuerto, nos esperaba un cartel con mi nombre y mentiría si no digo que me dio mucho pudor -sobretodo por la cara de cansancio del hombre que nos esperaba-, sin embargo la idea de amortiguar esa caída en plena madrugada con un taxi previamente negociado, fue perfecta.

A las 4 de la mañana no había tráfico, ni tuc-tucs (mototaxis), ni vacas, ni elefantes -por lo menos no en la ruta del aeropuerto-, pero el callejón que atravesamos hacia nuestro hostal nos curó de futuros espantos. La entrada era un baño público y la pestilencia: brutal. En el camino reconocimos algunas siluetas de gente durmiendo a los costados, perros hechos un nudo y mucha basura. Baldes viejos, ollas, papeles, plásticos… un desorden sin lógica cubierto de polvo, mucho polvo y a veces barro sobre el suelo de cemento roto y viejo. No vi ratas pero estoy segura que ellas me vieron a mi.

En fin, estábamos prevenidos, pero aun así Delhi era más de lo que esperábamos.

En nuestra habitación desastrosa estiramos nuestras sábanas, una al lado de la otra y nos reímos cómplices. Cómo si ya estuviéramos fuera de peligro y disfrutáramos de la travesura.

Por la mañana salimos a dar la primera vuelta de reconocimiento y otra vez nos sorprendimos. Humeantes puestos de comida callejera suspiraban olor a curry y mil doscientas especias más, peluquerías al paso, templos y muchos oportunistas. Vacas -cuando no-, tuc-tucs, bicicletas y motos, todos trenzados a bocinazos en las calles sucias. Por las veredas, solemnes hombres con turbantes de estilos varios paseaban al lado de mucha pobreza y con un poco de aire vimos ondear los primeros saris rebozando de colores y escondiendo picardía.

Mucha belleza curiosa por nosotros se asomaba entre tanto desastre.

El olor ya no importaba. Por fin estábamos en la India.

 

© 2012, Valerie & Foncho. All rights reserved.

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Comenzamos a viajar en Noviembre del 2010 y ya hemos recorrido varios países alrededor del Mediterráneo. Este Febrero, damos un salto hasta la India donde estaremos dos meses. Sigue aquí nuestros reportajes, anécdotas y secretos de viaje... Haremos todo lo posible para que veas Más allá de tus Narices. Nos caracteriza cierta insensatez e improvisación. Nos aburre el sistema y sus trampas. Si no es ahora, no es nunca. Queremos mirarlo todo, captarlo-editarlo y publicarlo. Conocer más mundo, sus culturas y sus diferencias… MASALLADETUSNARICES.COM
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