28 días después de iniciar la séptima serie del Macropost, proyecto con vocación vitalicia, que inauguré en febrero de 2009, y que avanza como las matrículas de los coches de antaño (A, Ab, Ac, Da, Db… y así ad infinitum), hago balance. 
Empecé con la serie de la G un 20 de febrero y así seguí hasta el 17 de marzo, una letra al día, las 27 del abecedario, 27 textos, espero no haberme dejado ninguno. Creo que es la primera vez que lo cumplo al pie de la letra en toda su dimensión, es decir, hacer toda la serie de corrido, sin descansar un solo día. Hubo un fin de semana un poco complicado, pero no he fallado en ningún día/letra. He cumplido con esa exigencia, que le da un cierto carácter épico al proyecto. 
Incorporé esta vez una novedad, de tipo experimental-crematístico, en forma de envío de la palabra NAUGRAFO al 27979, como modo de apoyo al proyecto. Me ha quedado lo suficientemente claro, cosa que ya intuí, que lucrarse con un blog es poco menos que imposible, a menos que uno anuncie que se va a trocear la picha en directo, aprox. 
No obstante, ha habido apoyos puntuales que me han dado aliento.

Gracias. 

Mantendré la estructura porque con esas pequeñas aportaciones se cubren los gastos que vamos contrayendo en internet. Planteo también introducir algún texto por la fórmula ‘pay per read’. Porque persiste en mí la excitante idea de lograr ingresos, llamadme raro, con el fruto de mi trabajo. Y que esos ingresos/apoyos me motiven a presentar un trabajo cada vez mejor, exclusivo incluso, para el blog.
Sensaciones encontradas porque, pese al poco tráfico de SMS (unos veinte en un mes), ha aumentado mi cuota de lectores diarios, únicos, para situarse en el tiempo que ha durado el Macropost por encima de los tres dígitos. 
O sea, he tenido la presencia de bastantes más lectores de los que sospechaba. Porque, es curioso, llevo años escribiendo en este blog, desde octubre de 2004, pero siempre lo hago para mí, y luego para los demás, pero con la misma certeza de que mis mensajes van a ser recogidos como la del náuGrafo que lanza sus letras en un rulo introducido en un botella.
O sea, que hay mucho lector silencioso, que no dice nada, voyeur digital, y que por supuesto recibe sin dar nada a cambio. No se lo reprocho, porque a pesar de los ciertos esfuerzos, la inversión de tiempo, la edición de la fotos, la gestión en redes, la documentación de ciertos datos, el Macropost es un proyecto personal que hago en un 80% para mí. El resto, ese 20% puede que sea generosidad digital, pero es que uno también gana dando.
Así que las conclusiones, manque el experimento lucrativo no haya resultado del todo (contaba con ello), son buenas. Ese pelotón silencioso me ha dado unas alas inesperadas. 

© 2013, Eduardo Laporte. All rights reserved.

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Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):