Félix Terrones

Tapa AlbatrosPerú, inicios de los noventa. Guerra sucia. Narcotráfico. Vírgenes que lloran, epidemia del cólera. Comandos de la muerte. Y autogolpe. Aquel autogolpe que el 5 de abril de 1992 significaría el inicio de una década de corrupción, violaciones a los derechos humanos y la libertad de expresión, una década que los peruanos recordamos como la “dictadura del chino”, la misma que nos arrojó a una abyección, vileza e infamia que nunca antes habíamos conocido en nuestra historia republicana. “¿En qué momento se jodió el Perú?”, Mario Vargas Llosa hace preguntar a uno de sus personajes en la ya mítica novela “Conversación en la Catedral”. Muchas décadas después, varios gobiernos después, la pregunta no sólo cobra actualidad social y literaria sino que es recuperada por un joven escritor para, a su manera, darle aliento a su ficción, una novela breve pero de una gran factura e intensidad. Me refiero a “Albatros” del peruano José Luis Torres Vitolas (Lima, 1971).

No se trata del único punto en común con “Conversación en la Catedral” pues, lo mismo que en la novela de Mario Vargas Llosa, la materia verbal se sostiene sobre el crispado intercambio entre dos personajes. Sergio y el Cucaracha, dos ex integrantes de un comando paramilitar, condenados por la fuerza de las circunstancias a un exilio europeo, se encuentran en una librería suiza para, entre los vasos de cerveza y el humo de cigarrillos, recordar aquel periodo en el que integraron un grupo dedicado a asesinar sospechosos de terrorismo u opositores al régimen. De este modo, dentro del universo ficcional, ellos participaron en eventos que marcaron la sociedad peruana de aquel entonces como la matanza de Barrios Altos. Así, varias décadas después, en otro país, la civilizadísima y aséptica Suiza, Sergio y el Cucaracha se ponen a recordar aquel entonces no sin olvidar contarse la miseria en la que intentan, mal que bien, sobrevivir.

Sin embargo, en Mario Vargas Llosa la pregunta acerca de cuándo se jodió el Perú era de orden nacional, mientras que para José Luis Torres Vitolas adquiere otra significación: “De dónde vas a sacar los casi dos mil francos? ¿De dónde? Estás jodido, Sergio. Jodido”, y más adelante, “El Perú hecho una mierda y, encima, Sendero jodiendo, el MRTA jodiendo, los partidos políticos jodiendo”. Tengo la impresión de que a José Luis Torres Vitolas no le importa tanto ficcionalizar la debacle social como el fracaso individual. Los dos personajes que discuten, intercambian intimidades, se cuentan secretos, buscan antes que nada llenar con las palabras, o sus recuerdos, un presente amargo de exiliados que recuerdan, desde la distancia, su país. Lamentablemente para ellos, huérfanos sin familia, antiguos instrumentos del mal institucionalizado, el país que recordarán no será precisamente un recuerdo agradable sino una cicatriz dolorosa.

Ahora bien, el hecho de que privilegie la debacle individual no significa que el aspecto social sea olvidado. Pese a lo apretado del período histórico recordado (entre el noventa y el noventaidós), en “Albatros” se representa, explora e interroga el inicio de aquel horror que duraría casi una década y cuyas consecuencias, de un modo u otro, aún vivimos. Se trata, por lo tanto, de conjugar los dramas de los personajes con una debacle social, hacer interactuar en filigrana no tanto para que se expliquen mutuamente como para crear la sensación de que unos y otro se necesitan y reclaman. De ahí, la composición fracturada del libro con constantes elipsis y saltos en el tiempo, en cuanto a lo cronológico, y mudas de perspectiva y monólogos interiores, en lo que concierne a los narradores. Mención aparte merecen esos pequeños capítulos (siete en total) en los que de manera sintética se desarrolla la violencia ejecutada contra los civiles por los comandos de la muerte, es decir Sergio, Cucaracha y sus secuaces. Reconocemos la influencia de Ricardo Sumalavia en la composición, pero hay otros fines estéticos pues si en el autor de “Mientras huya el cuerpo” se trata de acercar violencia y creación literaria (de manera magistral, hay que decirlo), en Torres Vitolas se trata más bien de llevar al límite la experiencia lectora mostrando, sin matices ni velos, la barbarie a la que se llegó durante los noventa. La violencia social y política, la misma que ha inspirado novelas recientes como “Mientras huya el cuerpo” de Ricardo Sumalavia, “Bioy” de Diego Trelles Paz u “Ojos de pez abisal” de Ulises Gutiérrez Llantoy, por citar los libros más arriesgados y que más han dado que hablar entre los lectores, es el vórtice hacia el cual todo parece ineluctablemente ser arrastrado.

Un último punto que me gustaría señalar es el que corresponde a los espacios porque el lugar en el que conversan los personajes es nada menos que una librería, del mismo nombre que la novela y también, asunto nada anodino, que el famoso poema de Charles Baudelaire (Souvent pour s’amuser les hommes d’équipage…). Una primera lectura nos puede llevar a suponer cierta macabra ironía que lleva a los dos criminales a reunirse entre los anaqueles repletos de libros, emblemas de una vida intelectual, totalmente alejada del crimen. Pero yo quiero leer algo más, pues me parece que Torres Vitolas metaforiza de esa manera el desplazamiento de la discusión acerca de la violencia política. Ambos personajes, reunidos en una librería, adentro de una novela, parecen reivindicar la dimensión política de la ficción, de la literatura. Dimensión política que en Torres Vitolas no se manifiesta en compromiso sino más bien en una discreta e inteligentísima manera de hacer del género novelesco un discurso susceptible de interpelar la realidad y la historia, metaforizándolas, entregándoles una verdad ficcional.

Tengo la impresión de que literariamente nos encontramos en un periodo en el cual una gran parte de los escritores latinoamericanos se ha vuelto conservadora en términos formales. El experimentar con las perspectivas, las yuxtaposiciones de espacios, los saltos cronológicos se ha convertido casi en un gesto de mal gusto pues la estética de nuestros días exige contar una historia lineal, sin sobresaltos, fácil de consumir. Por otro lado, lo que importa es contar una “buena” historia, amena y entretenida, una historia en la cual los lectores se reconozcan fácilmente, que les haga decir que ellos viven el mismo drama, la misma satisfacción, un idéntico “vértigo” postmoderno. Drama, conflicto de las clases medias que se traduce en otra forma de hacer literario el aburrimiento y la falta de perspectiva frente a la pantalla del televisor, con un tazón de pop corn al lado. Por eso, novelas como “Albatros”, herederas de la gran tradición latinoamericana pero personales en su forma no pueden más que renovar el entusiasmo frente a lo que se escribe en esa frontera de Occidente que sigue siendo América latina. Son textos arriesgados que me recuerdan lo que Roberto Bolaño, otro chileno, hace decir a uno de sus personajes en “2666”: “(los lectores) no quieren saber nada de los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra todo aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez”.

Foto del autor por Mariella Carnero.

Foto 1 de Mariella Carnero JPG

 

 

© 2013, Félix Terrones. All rights reserved.

Compartir
Artículo anterior50/50 La comedia del cáncer
Artículo siguienteLa ciudad de la ilusión
Félix Terrones (Lima, 1980), es autor del libro de novelas cortas A media luz (2003) y del libro de microrrelatos El viento en tu cara (2014). En el género de la novela, ha publicado El silencio de la memoria (2008) y Ríos de ceniza (2015). Diversos relatos suyos han aparecido en antologías y publicaciones peruanas e internacionales. Algunos de sus relatos han sido traducidos al inglés y al francés. Doctor en estudios hispanoamericanos por la Université Michel de Montaigne – Bordeaux III (Francia) donde se graduó con una tesis dedicada a los prostíbulos en la novela latinoamericana. Editor y antologador de la obra de Sebastián Salazar Bondy para la Biblioteca Ayacucho de Venezuela. Colabora con diversos medios europeos y americanos con críticas y artículos. Ha traducido la novela Conquistadors del escritor francés Eric Vuillard, de próxima publicación. Vive y trabaja en la ciudad de Tours (Francia).
Loading Facebook Comments ...
Loading Disqus Comments ...