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De hospicios y hospices

salon de bellezaSe acerca la época navideña, la época del año que más me gusta, en la que más me río y durante la cual me siento más bendecida por la vida, por la familia y los amigos. Sin embargo, en este artículo me dispongo a hablar de cosas tristes, de enfermedades, de idiomas y de narrativa.

Resulta ser que este año ha estado plagado de cáncer. Me refiero a que varias personas que conozco, entre familiares, amigos y compañeros de trabajo han padecido o están bajo tratamiento para combatir este mal. Y me pongo a pensar: cuando yo era niña y luego adolescente no conocía a nadie que tuviera cáncer. Siendo hija de doctor y enfermera, el mundo de la salud siempre ha envuelto mi vida pero años atrás el tener cáncer se percibía como algo remoto y hasta extraño. ¡Ahora todo el mundo tiene cáncer! Apenas acaba de pasar un año del fallecimiento de una gran amiga y hace dos meses le dijimos adiós a uno de mis tíos, al mismo tiempo tengo dos conocidas cuyos tratamientos están funcionando, otra prima operada hace cuatro años sin repercusión ni metástasis, una gran amiga de mi casa operada hace poco y recuperándose. Mas por otro lado tengo una amiga perdiendo la batalla en estos momentos.

Y así me puse a pensar en Mario Bellatín y su Salón de belleza (2000). La narrativa tiende a plasmar lo que está pasando alrededor del escritor, del propio ser humano. Aunque Bellatín no habla específicamente del cáncer y deja esa puerta abierta al lector, sí plasma el imaginario de un recinto dedicado a esperar la llegada de la muerte y proporcionar, en la medida de lo posible, los cuidados y comodidad que una persona en estado terminal necesita. ¿Cómo se denomina este tipo de sitios en español? Moridero. Qué fea palabra, ¿no les parece? Si buscan en internet incluso encuentran resúmenes y comentarios de la novela de Bellatín en los que se emplea la frase «moridero medieval» para describir el lugar en donde se desarrolla la trama. Un salón de belleza convertido en un recinto en donde familiares y conocidos dejan a los enfermos terminales.

Siendo yo de Venezuela, en donde este concepto no existe, quiero decir, el concepto de un lugar para ir a morirse, el texto de Bellatín puede parecer chocante, ¿pero lo es realmente? ¿Son la raíz de la historia, el sentimiento de los personajes y el pensamiento del encargado del lugar realmente medievales? ¿O es que ahora hay más enfermedades que obligan al paciente a pasar por un estado de agonía de días o meses?

En inglés existe la palabra «hospice» y sin pensarlo mucho podemos suponer que es un cognado, que significa hospicio. Sería entonces un lugar donde van necesitados, personas sin nada que comer, niños pobres y abandonados. Esa es la imagen que se le vendría a la mente a uno, a un hispanohablante. Pero no. Un «hospice» es un moridero. Allí van, se internan personas que ya en hospitales han sido diagnosticadas con una muerte segura en un lapso menor a 6 meses, a los que se les ha dicho «ya no hay nada que hacer». Esto es una filosofía europea de hace siglos que viene implementándose en los Estados Unidos con más fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XX. Hay centros públicos y cláusulas en las pólizas de seguros que incluyen este tipo de servicio. Asimismo se puede obtener esta asistencia en casa, entendiendo que personas calificadas atienden a los pacientes a diario en la comodidad de su hogar hasta que llegue el momento de su partida. En Venezuela, y quizás en otras partes de Latinoamérica, esto todavía es un tabú. Existen los llamados cuidados terminales que se administran en los hospitales y además las familias se acomodan en sus casas con los pacientes moribundos a esperar lo que tiene que pasar. En inglés, cuando alguien has been placed in hospice quiere decir, como dije antes, que no hay nada que hacer, que recibirá los cuidados necesario para que el sufrimiento sea menor. Esto no es obligatorio, es una opción que tiene la familia del enfermo. La gente, sin embargo, tiene la potestad de decirlo, de verbalizarlo. Es decir, hay una palabra que implica el entendimiento de una situación muy triste pero inevitable. En la novela de Bellatín, es muy difícil categorizar en español el lugar que rige el protagonista, ni él mismo puede decir qué es exactamente. Es interesante ver cómo de una cultura a otra los conceptos y las palabras que los denominan vuelan cambiando la percepción y la práctica de tradiciones y filosofías. Aunque soy una persona que trabaja con la palabra, no deja de sorprenderme como la literatura lo lleva a uno a la realidad, a la propia realidad incluso, a la que tenemos al frente y que muchas veces logramos ver después de leer un libro.

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