Waiting for forever

Drama, 2010

Dirección: James Keach

Película PG-13

Will (Tom Sturridge) y Emma (Rachel Bilson) son mejores amigos y asistieron a la misma escuela primaria. Las adversidades de la vida —los padres de Will fallecen en un accidente de tren— los llevan a perder el contacto por muchos años. Aunque para Will ella nunca dejó de existir, cada quien sigue su camino. Años después, Emma vuelve a la ciudad porque su padre padece una enfermedad terminal. Will, que secretamente viene siguiéndola durante años por distintas ciudades, le da el encuentro decidido a confesarle sus sentimientos.

Ella es actriz de Hollywood y viene huyendo de una complicada historia de amor. Él es malabarista en las calles y así sobrevive. Will hace creer a Emma que se están encontrando por casualidad y pasan juntos ese día. Él la lleva a un bar cercano y compran la botella de champán más barato. Will menciona hechos del pasado con demasiada exactitud, a lo que Emma responde siempre con una mueca que revela entre asombro y confusión. Conversan, ríen, recuerdan. Y les da el anochecer sentados en el parque donde alguna vez jugaron de niños. Aunque todo transcurre con mucha naturalidad, hay algo que empieza a despertar cierto temor en Emma, pues a pesar de haberse distanciado tantos años, Will sabe demasiado de su vida.

Más adelante habrá un asesinato, un arresto, dos funerales, confusión y una carta de amor.

Es cierto que Waiting for forever difícilmente pasará a la historia como una película urgente. De hecho, en alguna de las tantas críticas negativas que le han hecho, se desestima el papel que interpreta Tom Sturridge considerándolo, más que como un ser original y extravagante, como un desequilibrado. Pero no comparto esa idea: pienso que es más bien uno de esos escasos “locos” que aún creen en sus ideales.Para él, “truth is nothing, what you believe is true is everything”.

Son 95 minutos que, en mi opinión, más allá de tratar el tema del amor bajo el régimen de una dieta hipercalórica, muestran que cada quien ve la vida de distinta manera. Gente que crece como se espera que lo hagan —como el hermano de Will, que es el perfecto burgués—, y gente que no lo hace y que, en cambio, escapa de todo lo establecido por perseguir lo querido. Will no tiene casa ni carro, pero transmite con la mirada la inocencia de un niño. Es él quien “nos hace la película” con sus ojos, su sonrisa, vestido con sus pijamas.

En cambio la actuación de Rachel Bilson (Emma) es promedio, prescindible. Sin embargo, tampoco debemos desestimarla del todo, pues, por lo que el personaje significa para Will, hay algo en ella que representa ese pasado que, pensamos, siempre fue mejor o que tuvo mucho más de nosotros de lo que tiene el presente. Algo que se siente, pero no se toca. Estoy segura de que todos poseemos una o más Emmas en la imaginación.

© 2012, Luciana Medina León. All rights reserved.

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Luciana Medina León

Luciana Medina León

Nací en el Perú hace 29 Abriles. Un boleto round-trip me trajo a Miami en el 2004. Luego de 30 días, el boleto quedó convertido en one-way. No viene al caso decir lo que estudié en Lima, pero si que aquí estudié Psicología y que este año haré un Master en lo mismo. Tampoco viene al caso decir que tengo un poema publicado en una antología de poemas y un blog que nadie lee. Me encontrarán en la sección cine en cada publicación. Las relaciones a larga distancia tienen un encanto muy particular: la atracción se mantiene como en el primer día; las partes no caen en rutinas absurdas de cajones desordenados o silencios insondables como centro de mesa; por último el tiempo del que se dispone no se desperdicia. La nuestra no será la excepción. No por mi parte al menos.

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