Vivir de la luz: Documental

 Luciana Medina

Austria 2010 – 90 minutos

Peter Straubinger – Documental

Todos sabemos que la comida cumple muchas más funciones que la mera de abastecer al cuerpo de nutrientes. Las personas están continuamente reuniéndose a comer, y no precisamente a arar el campo. Cualquier evento social, así sea para recaudar fondos para los niños con síndrome de Down, se ve amenizado por suculentos platillos olorosos y condimentados. Sin ir tan lejos, cuando las familias se juntan para ver un partido en la tele o algún otro evento interesante, no lo hacen sin comida y bebida de por medio. Así pues, la comida es también un joker, una excusa y hasta un bálsamo. Porque ¿quién no ha comido más de una vez por soledad o aburrimiento? Como si hubiese una relación directamente proporcional entre el desasosiego y las calorías que consumimos.

Vivir de la luz es un documental que nos presenta historias y testimonios de personas que viven sin comer ni beber por semanas, meses y hasta décadas. No condena las papas fritas, los guisos ni las ensaladas. Tampoco intenta persuadir al espectador a que abandone sus costumbres familiares de sentarse a la mesa a compartir el desayuno. Simplemente nos muestra la vida de personas que eligen prescindir del placer de comer para alimentarse de la energía de la luz solar siguiendo la práctica del respiracionismo. Los testimonios son de quienes lo practican o han practicado alguna vez y de los que lo quisieron experimentarlo sin éxito. Estas personas no comen, aunque algunos sí beben. Es el caso de Dieter —instructor de meditación—, quien dice alimentarse de luz y de fluidos desde 1998. Todos coinciden en que los primeros siete días son los más difíciles y que alrededor de la tercera semana el deseo de comer desaparece. Lo interesante de este documental es que hace un contraste con la voz de la medicina convencional.

Así, el Doctor en Nutrición y Fisiología Wolfgang Marktl se preguntará de dónde saca Dieter, o los otros que se alimentan de la luz, la energía necesaria para que el corazón y otros órganos cumplan sus funciones como corresponde. “Es imposible”, dirá sin titubear. Pero no, esto no es imposible. De hecho algo que llama la atención es el semblante y la figura de los practicantes. A ninguno se le notan las costillas o los huesos de la mandíbula de manera prominente. Por el contrario, lucen más saludables que muchos carnívoros y herbívoros. Y la doctora en nutrición Ingrid Kiefer argumenta que, de ser real este fenómeno, no habría niños ni ancianos muriendo de hambre alrededor del mundo. Esto es otro tema, es diferente: para alimentarse de luz y no de ravioles hay que disponer de una consciencia distinta de la del común denominador de los mortales.

Parapsicólogos y estudiosos de este fenómeno hablarán de la energía ordenada y de conceptos que explican por qué el respiracionismo es viable, por qué, digamos, podemos alimentarnos de “luz y energía”. Se  indica, por ejemplo, que los alimentos que consumimos, entre otras cosas, tienen la misión de transferir la luz solar que almacenan al cuerpo, que la organiza de forma óptima. También que vivimos de procesos energéticos y de los favores de la luz en cualquiera de sus presentaciones.

El tema del respiracionismo es bastante controversial, más aún si tenemos en cuenta que la televisión, el cine y el internet nos mantienen en un continuo y vertiginoso viaje por los brazos de Madonna o el six pack de Gwen Stefani. La presión es grande, el estereotipo agotador, y esto ha llevado a que hoy tomemos algo más de conciencia a la hora de comer, aunque solo se resuma al medio minuto que nos lleva leer el porcentaje de sodio de un Rice Cake —baby steps, los llaman en inglés—. El mundo no está preparado para dejar de girar alrededor del sushi o las hamburguesas de Five Guys. Como dije en un inicio, la comida “une” —aunque sea de manera temporal— a familiares y amigos, y desune los cimientos enclenques de la autoestima también. Así y todo, Vivir de la luz es un documental que vale la pena ver.

httpv://youtu.be/anl1sF0Ek-U

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Luciana Medina León

Luciana Medina León

Nací en el Perú hace 29 Abriles. Un boleto round-trip me trajo a Miami en el 2004. Luego de 30 días, el boleto quedó convertido en one-way. No viene al caso decir lo que estudié en Lima, pero si que aquí estudié Psicología y que este año haré un Master en lo mismo. Tampoco viene al caso decir que tengo un poema publicado en una antología de poemas y un blog que nadie lee. Me encontrarán en la sección cine en cada publicación. Las relaciones a larga distancia tienen un encanto muy particular: la atracción se mantiene como en el primer día; las partes no caen en rutinas absurdas de cajones desordenados o silencios insondables como centro de mesa; por último el tiempo del que se dispone no se desperdicia. La nuestra no será la excepción. No por mi parte al menos.

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