Verde Shanghai: Cristina Rivera Garza

La hora en que los autores callan y los personajes dicen la verdad

 Juan Guillermo Sánchez M.

 

verdeshMéxico: Tusquets, 2011.

 Es el deseo el que acecha a Marina Espinoza, protagonista de Verde Shanghai, la última novela de Rivera Garza. El deseo (“el animal salvaje” como lo llama Marina en una carta para Xian, 115), el deseo por lo que no fue y por lo que fue, por los que ya no están o por los que estuvieron y ahora persisten en la memoria como relatos inconclusos.

“Nadie puede ir hacia el pasado sin desatar un nuevo desorden” (98), piensa Marina al comienzo de la novela. Recordar “es un asunto complicado. Los recuerdos cobran vida por sí mismos y, sin parpadear, sin preocuparse por aquellos que los generaron, adquieren piernas, manos, caras, voces” (219), le dice Joel a Xian en otra ocasión en el Verde Shanghai, el café que visitan en distintos momentos cada uno de los personajes.

En la Gran Ciudad que recrea la novela (posible reflejo de la ciudad de México), el barrio de Dolores (barrio chino) es el teatro de espejos en el que Marina desentraña su propia historia mientras frecuenta cafés, esquinas, casas olvidadas, y escribe la historia de los otros que la habitan (“uno nunca puede ir más allá de lo narrado”-295- dice Chiang hacia el final), esos otros que en algún momento del pasado tomaron senderos distintos de ese “jardín que se bifurca”. Esa es Xian (una Marina más audaz, aunque etérea, un poco a la manera de Nadja de Bretón); ese es CristobalSaldívar (un viejo amor radicado en París); ese esChiangWei (cómplice de un pasado en el que Marina debía ser su esposa, personaje con rostro “en continuo proceso de desaparición”, 126); ese es Horacio (su esposo real, asediado por las perversiones del cuerpo); yasí todos los que se mueven por la ciudad con la lógica de los sueños: una stripper octogenaria en el primer piso de un hotel decadente(Su Muy Key, la mujer-momia, 223), una inmigrante china como una pitonisa en el cuarto al fondo de un café sucio (algún lector podría encontrar ecos de Aura en la escena), una drugdiller (Juana Olivares) obsesionada con la belleza de sus senos décadas atrás, un rubio con el pelo grasoso manejando junto a una mujer desorientada que acaba de mostrarle las rodillas.

Ante el enajenamiento progresivo en el que la protagonista se ve envuelta, un día la vemos partir de la comodidad de su apartamento de casada hacia alguna pensión anónima en el barrio de los chinos donde espera encontrar respuesta a sus visiones(La vía láctea, 136). Verde Shaghai es el testimonio ambiguo de esta búsqueda, de esta fuga, en el que la perseguidora es también la perseguida; es un encuentro con los vestigios orientales de una ciudad heterogénea que existe justamente gracias a los encuentros culturales.

En realidad, la Gran Ciudad de la novela no podría ser sin la migración china de comienzos del siglo XX, así comoShanghai no podría ser sin su homólogo mexicano al otro lado del mundo. La novela aprovecha los lugares comunes del orientalismo (el contrabando de opio, por ejemplo, 163) y construye sobre éste un universo negro al interior de un barrio sin ley en el que los atardeceres pegan duro sobre los balcones.

A través de pausas constantes, dos puntos, enumeraciones aparentemente inconexas y esa insistencia en la prosa por tratar de desnudar el vacío de los sustantivos y los verbos (la araña que ora…), Rivera Garza consigue una atmósfera psicológica en la que Marina y sus otros se detienen una y otra vez en las mismas palabras: cielo azul, guerra, amor, deseo, otro:

“El error, por supuesto, está en el verbo, en la presencia misma del verbo. Una intercalación habría funcionado mejor, ¿no te parece? Yotro.” (161)

La apuesta de Rivera es ambiciosa, superpone textos hasta hacerlos irreconocibles: las ficciones de la protagonista (cuyo cuento más largo es “La guerra no importa”), el relato de “la escritora” a partir de los recuerdos de Marina, las memorias de ChiangWei a través de las cuales seduce a Marina y la sumerge en un pasado oriental conjunto y, en cada uno de los capítulos, los fragmentos de poemas, novelas, canciones, enciclopedias, recortes de periódico en los que la ficción busca correlatos con la realidad. “Una historia sólo tiene sentido dentro de otra historia” (161).

Como su protagonista, Verde Shanghai es una novela para desorientarse. Hay momentos en que las frases de Rivera Garza dejan al lector en la encrucijada y por minutos tanto la ficción como la realidad desaparecen y sólo quedan zumbando los signos:

“Eran las 6:10.  La hora en que los hombres callan y las mujeres dicen la verdad.” (90)

Al final nos damos cuenta que Marina, por supuesto, es sobre todo la imagen del escritor, el “madame Bovary soy yo” de Flaubert, la irremediable esquizofrenia a la que todo creador de historias se ve obligado cada vez que se pierde entre sus personajes.

“Sólo los muertos pueden enterrar a sus muertos” (284), repite Marina hacia el final. Sólo los otros que fue el escritor pueden cerrar los círculos de las historias pendientes, sólo los personajes abandonados pueden darle fin a los autores que se empeñan en negar sus propios engendros: hora en que los autores callan y los personajes dicen la verdad.

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Juan Sanchez

Juan Sanchez

Bacatá-Isla Tortuga, ficción, poesía, crítica al trote, literaturas indígenas del Abya-Yala. He publicado diversos artículos sobre escritores indígenas procedentes de distintas naciones como la Wayuu, Camëntsá, Maya y Mapuche. Mi último libro es una jornada por las tierras altas de Guatemala a través de la poesía de Humberto Ak’abal. En el 2010, edité en Colombia un libro de poemas breves, Río (http://www.letrassueltas.com/?p=672), el cual sigue fluyendo. En estos últimos años he estado trabajando en modelos alternativos e independientes de publicación:Diarios de nada (http://diariosdenada.wordpress.com) es un libro de relatos llevado a la imprenta a través de una campaña crowfundingBalada / Track (https://payhip.com/b/7UFg) es una lista de reproducción con novela a bordo, un e-book recién bajado del bote de la no-existencia. ¡Salud!