Una cola

El mundo pensaba que al comienzo de una larga cola siempre había algo bueno. Pero, después de las cifras que aporta el desempleo en este viejo reino del sur de Europa, hemos descubierto que lo bueno está en la cola. En la cola de cualquier oficina del Instituto Nacional de Empleo, lo que se conoce por INEM o, más de andar por casa: el paro. Lo bueno está en la cola, en la gente que guarda esa cola, pues al comienzo solo hay un sonoro nada. No quisimos, en Sub–urbano, ir a ver ninguna de esas colas. No somos, no podemos ser, rescatadores de nadie. No somos, no podemos ser, observadores objetivos.

Seguro que son raras, las colas, excesivamente ordenadas, tan descorazonadoras como un impreso burocrático de mil páginas lleno de faltas de ortografía. Habrá allí un publicista, gestor de medios, que ha conseguido adquirir a buen precio un montón de impactos para un anunciante, tan solo comprando soportes de cartelería sitos junto a la misma cola que ahora se ve obligado a ocupar, habrá un ex empresario que acabó por arruinarse por invertir el dinero que le quedaba en el plan de medios que le ofrecía aquel publicista, pues un gross rating point es un gross rating point, sin importar que el público no tenga un maldito duro para consumir tu producto, rondará la cola también un comerciante de máscaras que acaba de  vender un antifaz al ex empresario para que no lo reconozcan sus ex empleados, y también estará, en la misma cola, el ilustrador que diseña esas máscaras, aprovechando la espera para tomar bocetos de todos los rostros que luego, en su casa, convertirá en las caretas más melancólicas, como por ejemplo el rostro de esa chica, que se parece a la actriz que interpretaba a Agnes Topisto, y que guardará pacíficamente la cola a pocos metros de un hombre de mono azul que se reirá de ella porque recordará, quizá sea el único que recuerde, quién es Agnes Topisto, lo que es cosa de risa, risa que contemplará estupefacta una mujer vieja en abrigo de pieles que no estará a la cola, sino que paseará su pequeño yorkshire por las inmediaciones mientras piensa en lo injusto que es que le quiten un pedazo tan descarado de pensión para asistir a unos vagos desempleados que luego se lo pasan pipa descojonándose en la cola, aunque también habrá un hombre que no se ría nada, pues el yorkshire de la vieja le quitará las ganas de reírse, ya que perdió su trabajo de portero cuando se negó a recoger la mierda de los treinta yorkshires que habitaban su edificio, todos pertenecientes a viejas en abrigos de pieles, una mierda que habría sido bien provechosa para aquel ingeniero que perdió por sorpresa la subvención para un proyecto, al presentar los planos de una innovadora planta de biomasa que funcionaba con toneladas de mierda de perro, y que no sabrá que ahí mismo, unos metros más adelante,  se encuentra el secretario del consejero de medioambiente que denegó aquella subvención, en detrimento de un plan para distribuir calefacciones de gasoil de segunda mano, cosa que tampoco vino bien al secretario pues perdió su puesto cuando las presiones de los ecologistas acabaron con la carrera política del consejero, que entró inmediatamente a formar parte de la junta directiva de una empresa petrolera, lo que le permitió por fin reformar su chalet, y esto será una coincidencia, porque ahí mismo, en la cola, estará el aparejador que se encargó de tal reforma y que tuvo que cerrar su empresa porque el ayuntamiento, que era, a la postre y por arte de birli birloque, quien pagaba, no pagó, y ahí se irá el buen aparejador, tras vender su Hammer amarillo, a engrosar la cola del paro, y tras él, también allí mismo, un obrero de la construcción, y un obrero de la construcción, y un obrero de la construcción, y un obrero de la construcción, y un obrero de la construcción, y un obrero de la construcción, y un obrero de la construcción, y un antiguo vendedor de SEAT amarillos, que se quedó a un milímetro de conseguir aquel puesto para vender Hammer amarillos, y que saludará en la cola a un ex periodista jovencito al que conoció cuando SEAT amenazaba con los primeros Expedientes de Regulación de Empleo, pues había entrado al concesionario y había preguntado ‘¿Qué tal las ventas?’ y él había contestado ‘Mal, mal, fatal’, entrevista breve tras la cual despidieron al periodista porque para esas cosas ya está la Wikipedia, y el periodista, esperando su turno en la cola, lamentará no haber hecho caso a su padre cuando le recomendó hacerse abogado y no periodista, algo de lo que el padre, que estará unos tres puestos en la cola por detrás del periodista, se arrepiente pues él lamenta no haber hecho caso al abuelo del periodista (un romántico empedernido) cuando le aconsejó escuchar a su corazón y estudiar Físicas, que era lo que amaba, y no Derecho, como recomendó la abuela del periodista (una mujer práctica), pero de físicos la cola del INEM estará absolutamente llena, y habrá uno, ya un poco chiflado de tanto esperar a que convoquen la oposición a su plaza, que formulará mentalmente las ecuaciones necesarias para fabricar seres humanos bidimensionales que no ocupen espacio en las colas, lo que chocará frontalmente con las intenciones de un miserable guionista que merodeará por ahí, haciendo trabajo de campo, pues le han dicho que sus personajes han de resultar más tridimensionales si quiere mostrar un retrato fidedigno del desempleo en España y vender su texto por una buena cantidad a una productora importante.

Nosotros, al contrario que ese guionista, a pesar de que también entendemos del tema, no nos molestamos en poner tal consejo en práctica, ya que no vamos a rescatar a nadie. Nadie va  rescatar a nadie. Lo bueno estaba en la cola, y nadie iba a ir a rescatarlo.

© 2012, Paco Bescós. All rights reserved.

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Paco Bescós

Paco Bescós

El huso horario Greenwich Mean Time (GMT) fija que, aquí en Europa, las cosas pasan unas cinco horas antes que en América. Así que vi la luz cinco horas antes que un americano nacido el 21 de enero de 1979. Me licencié cinco horas antes en la Universidad de Navarra y tengo cinco horas más de experiencia en mi profesión, la publicidad, que mis colegas americanos. También soy cinco horas más viejo, cinco horas más listo y moriré con cinco horas de antelación. Como nada de esto es cierto ni inteligente, nada de lo que escriba sobre Europa en esta sección será inteligente ni cierto. Pero lo haré cinco horas antes que mis compañeros.