UBICUIDAD EN EL TRÓPICO

Vaya año nuevo. Días apoteósicos, de excesos en cuanto puede, de aviones de aquí para allá. Ese móvil, el mismo que estuvo de brazos caídos el mes pasado no ha dejado de sonar. Hace a penas unas horas regresé a casa, pasé la Navidad lejos de Miami, tan lejos como pude. La última vez que crucé el Atlántico, si mal no recuerdo, fue en el mes de noviembre, el destino en aquella ocasión fue Helsinki. Como fan confesa de los países escandinavos opté por regresar a esas latitudes. El destino escogido: Noruega.

Noruega  es uno de los rincones más impresionantes de mundo. En busca de una  gran aventura, me desplacé hasta allí para despedir el año viejo en una pequeña localidad en el extrarradio de la capital, Oslo.

Llegué pocos días antes  de la esperada fecha para visitar algunos de su parajes más emblemáticos. Bergen fue el punto de partida para varias expediciones, se trata de un pueblo diminuto a 300 kilómetros de la metrópolis  noruega. Tras varios días visitando fiordos, glaciares y bosques bajo la sorprendente aurora boreal llegó el fin de año.  Gracias a mis amigos fui invitada a una cena-fiesta para celebrar la llegada de 2012.

Durante el invierno nórdico apenas se perciben cuatro horas de luz tenue. La cita para el convite era estrictamente puntual: a las seis y treinta de la tarde -además de sugerir vestimenta de gala -. Con lo primero cumplí, con lo segundo de ninguna manera. Para un viajero tropical que de golpe tiene que afrontar temperaturas extremas, resulta imposible hacer espacio en la maleta para situaciones tan particulares.

Entre trozos de venado, embutidos de jabalí, albóndigas de alce y otras rarezas para un paladar latino esperé pacientes las doce campanadas. Durante la cena  corrieron decenas de botellas de vino alemán y chupitos de la tradicional aquavit. A cada instante los comensales, que al comienzo de la velada apenas pronunciaban palabra, iban ganando en soltura. Poco antes de la medianoche y envalentonados por la aguda sensación de calor que produce la bebida de hierbas, salimos a la intemperie. Brindamos en múltiples ocasiones en noruego, inglés y español. La noche fue larga y atrevida y atrás iba quedando un año de cambio de continente, de casa, de querencias y de armario…

Por suerte la escritura como la imaginación otorgan el don de la ubicuidad. De regreso a casa, a Miami,  pensaba en la inmensa felicidad que experimenté y me dispuse a escribir estas líneas.

Y ahora comienza una nueva etapa. Y en breve se cumple un año de esta aventura llamada Miami. Y los doce meses por venir prometen mucho. Y si todo va bien en marzo estaré en Nueva Zelanda. Y el primer baile de año tiene fecha y nombre: The Rubber Covers. Y, mientras tanto, no paro de escuchar a Efterklang, una banda nórdica que me acompañó durante el trayecto, que espero ver como agua de mayo.

@yaricandelas

 

© 2012, Yari Candelas. All rights reserved.

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Yari Candelas

Yari Candelas

Nací una calurosa madrugada de agosto a finales de los setenta en medio de una gran crisis política y social que envolvía a mi país, Puerto Rico, aún así me empeñé en la vida. Comencé a viajar mucho antes de ver el mundo, desde entonces he hecho de la traslación constante mi modo de vida. Hace poco me instalé en Miami luego de casi una década en Barcelona. Me licencié en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, luego obtuve una maestría en Comunicación Cultural en la Universitaria de Barcelona y finalmente cursé estudios de doctorado, en Humanidades, en la Universitat Pompeu Fabra. Actualmente me desempeño como productora de contenidos audiovisuales para una empresa en ésta mi nueva ciudad, simultáneamente colaboro con varios medios, entre ellos Suburbano, y continúo promoviendo eventos culturales en ambas orillas de Atlántico. Desde estas páginas contaré mis vivencias como Miaminauta, navegaré la urbe en busca de encuentros, lugares y sensaciones que reconduzcan nuestra conflictiva relación.