To be or not to be una Latina Writer

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Con la llegada de la Navidad siempre me pongo nostálgica. Es la época del año en la que siempre me había pegado no estar en Maracaibo, Venezuela. El aniversario de la Virgen de Chiquinquirá trae desde el mes de noviembre fiesta, celebración, comida, música, ambiente. ¿Ya entonces para qué hay que descansar? De inmediato llega diciembre y se puede seguir con la algarabía hasta el año nuevo.

Tengo quince años que no voy a la feria de la Chiquinquirá. Hace quince años que vivo en Estados Unidos y el mes de noviembre se hace complicado viajar cuando aún no ha culminado el calendario de las clases en la universidad. Eso sí, en mi casa se pone el árbol de Navidad desde principios de noviembre, se escucha gaita y aguinaldo, se planea lo que se va a hacer en diciembre. Y me pregunta la gente aquí que por qué pongo los adornos antes de Acción de Gracias, y me dice que soy una exagerada. Pero no, es que para mí esta es la época más linda (pongámonos cursis) y hay que sacarle el jugo. No obstante, ya no extraño la ciudad, ya no echo de menos los olores, ahora lo que extraño es a mi familia esparcida por muchos países. Echo de menos llamar y estar en el teléfono una hora hablando con todos los tíos y primos: “ahora te paso a…” era la frase que más me gustaba. Estaban todos juntos.

A mí me costó definirme como inmigrante. Siempre me catalogaba como un ser de paso en este país y no fue hasta que parí a mi primera hija que me di cuenta que también pertenecía aquí. Ahora el carácter de inmigrante en Estados Unidos es parte de mi identidad. Creo que este año 2016 ha sido decisivo para mí. Tengo quince años viviendo aquí, soy una quinceañera. Ya me puedo poner tacones, ya me puedo pintar los labios de rojo oscuro. Ya puedo tener novio. Ya pienso y analizo, y quiero y me duele este país. Entonces ya en la Navidad no quiero estar en otro lugar, quiero estar donde mi familia esté. Lo que me pega ahora es el hecho de que mis hijas no crecerán como yo yendo a casa de la abuela el 24 y el 31 de diciembre para jugar, comer, recibir regalos y reír en compañía de todos los primos y tíos; porque esos primos y tíos están regados por todo el mundo; porque las circunstancias de la historia contemporánea los han obligado a partir a otros sitios.

Creo que al cumplir quince años y volverme una adolescente en términos migratorios, me he encontrado con esa parte de mi identidad a la que me estaba negando. Había evitado identificarme con el desarraigo que sentía y en consecuencia no había intentado plantarme en esta tierra. Como artista quería definirme como una escritora venezolana y quizás por eso no me había afectado el no pertenecer al círculo literario que se maneja en Estados Unidos. No he escrito en inglés, y hasta antes de mi último libro, había escrito historias ambientadas en mi ciudad natal, Maracaibo. En Vestier y otras miserias (2015) como le dije a Vera en una entrevista que me hizo en marzo para el Miami Herald, “ya empiezo a abrir un poco el abanico y me enfoco en la urbe, en el caos de cualquier ciudad grande, por lo que hay diferentes tipos de dialectos, ya no solo el maracucho”. Además no he proyectado en mis textos las características de lo que generalmente se considera Latin@ Literature. Esto me viene rondando en la cabeza desde principio de año; inclusive puse una pregunta en mi pared de Facebook: ¿soy una Latina Writer?  Tal vez pedía ayuda para definirme como artista, quizás necesitaba un empujón. La verdad me encontraba en una suerte de crisis de identidad literaria y como todo humano buscaba pertenecer a algún lugar. Siento que ahora con la tendencia de las editoriales a publicar textos escritos en español dentro de Estados Unidos (en la que Suburbano juega un papel crucial), con el auge de la sección iberoamericana de la Miami Book Fair Internacional, a la cual fui invitada el año pasado, y con la cercanía a la audiencia que brinda el uso de las redes sociales, escribir en español en este país es mi casa. Después de quince años ya empiezo a incluir en mis textos de ficción figuras que se encuentran con otras culturas, que se transforman al comenzar a plantarse en otro lugar. Soy una Latina Writer.

Que el 2017 nos traiga más historias que contar.

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Naida Saavedra

Naida Saavedra

Naida Saavedra (Venezuela, 1979) obtuvo con Vos no viste que no lloré por vos el premio Historias de Barrio Adentro 2009 de la editorial El Perro y la Rana. Su cuento “Vestier” ganó el premio Victoria Urbano de Narrativa 2010 de la Asociación Internacional de Literatura Femenina Hispánica. En 2013 fueron publicados Hábitat, Última inocencia y En esta tierra maldita y en 2015 su primer libro de cuentos, Vestier y otras miserias. Saavedra posee un Ph.D. en Literatura Latinoamericana de la Florida State University y sus investigaciones abordan la literatura caribeña contemporánea y la Latin@ Literature, centrándose en los temas del desarraigo y la posmodernidad. Actualmente reside en Estados Unidos, donde es investigadora y docente de la Worcester State University.