Silencios sonoros: Luz de noviembre & La hora violeta

Domingo de pijama y felices lecturas de la prensa retrasando la hora de comer sine die y de pronto una inquietud barra cabreo que se apodera de mí al leer el artículo de Sergio del Molino en ‘Babelia’, titulado ‘La reconquista del sentimiento’. No sé si es envidia, puede que sí, o una cuestión de justicia poética.
He apoyado a Sergio del Molino desde que sacó su libro sobre el duelo de su hijo, sin dejar que la suspicacia se apoderara de mí al enfrentar los títulos: La hora violeta, Del Molino, Mondadori, 2013, Luz de noviembre, por la tarde, Laporte, Demipage, 2011. Se lo comenté un día a una amiga y me dijo que con la hora violeta se habla del presagio de la muerte, así, en general, desde hace años. No lo sabía. Y un poema de T.S. Eliot.

Y cito una frase de la última página de mi libro:

No hay más de esa luz de noviembre, luz violeta que me mantenía quieto por la tardes, luz que observaba sentado desde su silla de ruedas.

He estado del lado de ese proyecto de Sergio, y leí el libro en cuanto salió, acudí a la presentación, invitado por el propio Sergio, que me conoce perfectamente y con el cuál he chateado en alguna ocasión. Me vio llegar a la presentación de La Central y se citaron muchos libros de memoir de duelo, como el de Francisco Goldman, el de Umbral y el de Marcos Giralt Torrente, sito en aquel lugar y también conocido mío, lo entrevisté en su día y tiene mi libro desde hace tiempo, obsequio de la editorial. ¿Por qué esa no-alusión?  ¿Falta de fair play? ¿Despiste?

Leo en esta mañana de domingo la columna de Sergio y cita, como colofón, obras recientes dedicadas al duelo, Di su nombre, de Goldman, Noches azules, de Joan Didion, o El olvido que seremos, de Abad Faciolince. Y Tiempo de vida, de Giralt Torrente.
He de pensar que Sergio del Molino, con el que comparto una efímera y pasajera y virtual e inexistente generación literaria (Generación Tuit, como la bautizó Jenn Díaz) no se acuerda de una obra reciente de memorias de duelo de título tan parecido al suyo. En cualquier caso, me parece un silencio sonoro que me descoloca y me fastidia un poco.
Le acabo de escribir este mensaje, así, en caliente:

Hola Sergio,


Acabo de leer tu artículo de ‘Babelia’ y me hubiera gustado una mención a ‘Luz de noviembre, por la tarde’, cuyo título es un poco una versión alargada del tuyo, y un libro sobre la muerte fulminante de dos padres jóvenes en un mismo año.


Como tú sabes mejor que nadie, esas circunstancias dolorosas nos han permitido crear libros bellos, y quizá nos fastidie un poco más de lo normal el no-reconocimiento o el olvido de los mismos, porque en el no-reconocimiento o el olvido se está obviando esa historia dolorosa, que no se volverá a repetir. Escribiremos más libros, pero ninguno como ‘Luz de noviembre’, o ‘La hora violeta’.


Un abrazo,
Eduardo

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Eduardo Laporte

Eduardo Laporte

Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):