Semana Santa, 1999

Siempre me ha gustado leer, y alguna explicación del tipo corrientes gravitacionales habrá, en primavera. Como si entrar en primavera fuera hacerlo también en la fase de lo disociado, que alcanza su culminación en el verano. Después, el otoño nos obliga a replegarnos y a tirar de despensa emocional. A masticar lo vivido, porque quizá la primavera y el verano sea un tiempo más consagrado a la vida que el resto de las estaciones, y quizá por eso cursen ahora no pocos casos de depresión, astenia o bajón vital generalizado. De momento, sigo siendo defensor de este tiempo a ratos pletórico.
Recuerdo haber ido con mis padres a la casa de Francia, abril de 1999, y disfrutar de las nuevas habitaciones surgidas tras la reforma. Había pocos libros todavía en esa casa y leí, solo, de madrugaba, fumando, todavía fumaba, el Diario de Ana Frank y El perfume. Me parecieron poéticos los dos, cada uno a su manera. Recuerdo también con especial placer la lectura, en la primavera de 2002, en las tardes ociosas de ni-ni recién licenciado, de Soldados de Salamina, de Cercas.
Hacía este tiempo lluvioso pero que uno sabe pasajero, últimos coletazos del invierno condenado a su extinción, como demuestran los anocheceres que tardan en llegar bajo un cielo aún azulón.
Uno o dos días después llegó mi novia. Hay una foto del momento por ahí. No tenía ni veinte años pero ya me sentía muy mayor, como por encima del ruido excesivo de mi juventud. Quince años después pienso en lo poco consciente que era de lo que estaba por venir, el posterior annus horribilis, y en cómo, a pesar del tiempo transcurrido, hay esencias que permanecen inmutables, insertas en lo más profundo de nuestro ADN sentimental. Como si acabar con ellas fuera también acabar, definitivamente, con ellos, algo contra lo que me rebelaré siempre.

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Eduardo Laporte

Eduardo Laporte

Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):