Relámpagos

Jean Echenoz

Editorial Anagrama

Traducción de Javier Albiñana

149 páginas

Me lancé con muchas ganas sobre esta nueva novela de Jean Echenoz. ¿Por qué? Pues porque estaba inspirada en la vida del misterioso Nikola Tesla y porque el anterior relato biográfico de Echenoz, Correr (Anagrama, 2010), sobre el atleta Emil Zatopek, había recibido críticas inmejorables. Esto convertía Relámpagos en inmediato objeto de deseo (no me digan que con ese título, Relámpagos, no dan ganas de devorarlo de inmediato).

Pues bien, la novela me ha dejado frío. No es que me haya espantado: se deja leer de adelante atrás, sin problemas, sin obstáculos. Aporta información interesante sobre un personaje ya novelesco de por sí, tiene algún momento divertido, algún destello. Pero, en fin: deja un desilusionante poso de facilidad.

Lo novela resulta terriblemente aséptica, de forma que no hay lugar para la emoción, cosa decepcionante, pues emoción es lo que promete un libro que se titula Relámpagos y que está protagonizado por el inventor de la corriente alterna, además de otro millón de cacharros que uno asocia a chispas, esferas de vidrio y rayos azules, en una época en los científicos eran estrellas de rock y Occidente estaba siendo edificado. Un libro que promete tanta magia, tanta ciencia mágica, tanta mística científica, defrauda si se queda en una relación de hechos locales contada por un narrador muy lejano al protagonista.

Hablando de decepciones, quizá la mayor de todas sea que el autor no se haya atrevido a llamar Nikola Tesla a su personaje. No, no es Nikola Tesla, sino un tal Gregor, quien vive la vida de Nikola Tesla en las páginas de la novela. Esta ambigüedad, a mi modo de ver, cobarde, permite al autor entrar y salir de la verdadera biografía de Tesla a su antojo, creando, como reza la contraportada del libro: ‘una ficción sin pretensiones biográficas’. Es este un truco tramposo, pues el lector se queda sin armas para juzgar la valía de quien escribe. Por ejemplo: se nos presenta a Tesla, perdón, a Gregor, con un claro cuadro maníaco compulsivo. Uno piensa: ¿Esta peculiaridad mental se justifica en que Tesla la padecía, o es aportación del autor? Si Tesla era verdaderamente así, uno lo asume como rasgo auténtico de su carácter novelesco. Si no era así, si es invención del autor, uno se enfada, pues esta enfermedad está descrita de manera tan tópica, mediante tics que ya hemos visto en millones de comedias, que ofende. En cualquiera de los dos casos, podría haberse tratado de forma más tangencial para no caer en lugares comunes.

No obstante, creo que el verdadero problema del libro radica en la elección del narrador. Echenoz nos invita a escuchar su monólogo mientras compartimos con él una copa de vino. Esto convierte los párrafos en una pista de carreras en la que las frases están trazadas con mucha precisión y se deslizan ágiles hacia el desenlace, con gran habilidad prosística (buena traducción, por cierto, de Javier Albiñana). Pero, al mismo tiempo, no permite ninguna posibilidad de recrearse en los aspectos más interesantes, no hay lugar para detenerse en la observación sensible y, esto, como habíamos dicho, mata toda emoción, toda lírica.

Aun así, existen fragmentos que se leen con placer, como el nacimiento de Gregor en mitad de la tormenta, el incidente en que casi provoca el derrumbe de un edificio en Manhattan o los terribles rayos que causa en Colorado Springs para estupefacción de los paisanos. También hay que conceder que, más allá de los defectos y lugares comunes, Echenoz ha sabido desarrollar con verosimilitud algunos rasgos de la personalidad de Gregor que no son nada sencillos de justificar: su asexualidad, la melancolía crónica, el desinterés por el mundo material, la abstracción de la que es cautivo.

‘Pero tales aptitudes, y sobre todo esa excesiva intrusión de la realidad en la imaginación, la invasión de la idea tomándose a sí misma por la materia, pueden desligarlo a uno un poco del mundo, o en cualquier caso de las personas que participan en un proyecto’

.

Por otro lado, ese mismo narrador que tantos problemas da a la hora de sumergirnos en los prodigios de la vida de Gregor, se demuestra excepcionalmente útil para contar las escenas de humor y las anécdotas más tabernarias. De hecho, donde mejor funciona la novela es ahí donde el autor desliza la ironía y arroja un buen cubo de ácido sobre unos personajes secundarios (estos sí, reales) cuya mezquindad alegra bastante el relato.

Parece que Relámpagos es una obra con buenas raíces que no han llegado a germinar. Se han muerto en la ejecución. No se consigue salvar la sensación de encontrarse ante una novela ligera. Una lástima, porque Echenoz demuestra que hay literatura en él. Y, sobre la vida de Tesla, sobre aquella época de ciencia asombrosa, de descubrimientos fascinantes, sobre aquel Nueva York primigenio lleno de locos visionarios, aún queda mucho por contar. Mucho más de lo que ofrece esta Relámpagos. Habrá que esperar la siguiente oportunidad.

© 2012, Paco Bescós. All rights reserved.

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Paco Bescós

Paco Bescós

El huso horario Greenwich Mean Time (GMT) fija que, aquí en Europa, las cosas pasan unas cinco horas antes que en América. Así que vi la luz cinco horas antes que un americano nacido el 21 de enero de 1979. Me licencié cinco horas antes en la Universidad de Navarra y tengo cinco horas más de experiencia en mi profesión, la publicidad, que mis colegas americanos. También soy cinco horas más viejo, cinco horas más listo y moriré con cinco horas de antelación. Como nada de esto es cierto ni inteligente, nada de lo que escriba sobre Europa en esta sección será inteligente ni cierto. Pero lo haré cinco horas antes que mis compañeros.