Rage against un árbol

Rage: El mundo ya sabe que en otro continente, el continente donde se rigen nuestros destinos, una alfombra roja ha sabido por fin reconocer el valor del mutismo.

Árbol: ¿Te refieres al premio que se ha llevado aquella película muda?

Rage: Me refiero a eso. Me refiero a la consagración del silencio como arte, como arma política, como grito reivindicativo.

Árbol: Rage, sólo es una película que pretende recordar el pasado del cine.

Rage: Sí.

Árbol: Pensaba que tú estabas en contra de que el pasado sea parte de nuestro presente.

Rage: Oh, sí. Toda esta maldita moda vintage, lo retro, los tipos odiosos con sus gafas de concha, con sus jerseys de pico y corbatas, las chicas con sus minifaldas y zapatos masculinos, y sus rostros, por el contrario, tan intolerablemente femeninos. La música yeyé. El art déco. Los coches de La Habana. Todo lo pasado que quiere acomodarse en nuestra vida presente. Es opresivo.
Árbol: ¿Y qué no lo es?

Rage: El futuro no es opresivo.

Árbol: ¿Porque no ha sucedido?

Rage: Exacto.

Árbol: Ah.

Rage: Aquellos entes que no han sucedido, aquellos entes que no son, se libran de la condición de opresores.

Árbol: Bien, Rage. ¿Por eso quieres destruirlo todo?

Rage: Te equivocas, Árbol. Ya no opino así. Si puedo destruir algo, quiere decir que existe: yo hablo de  lo que no es; no de lo que ha sido. En lo que ha sido siempre hay un pasado. El pasado es opresor. Mira, si no, aquello: mira la moda vintage. Asquerosa moda vintage. Mira también los adultos muertos de miedo por el maltrato vivido en su infancia. Mira todos esos estúpidos que se han pasado con las drogas en su juventud, y ahora babean y tartamudean. Mira la clase social: la clase social es un elemento opresivo que el pasado nos lega. Y, ahora, gracias a la genética, también sabemos que nuestra inteligencia o nuestra estupidez, nuestra belleza o nuestra fealdad, que nos harán tener más o menos oportunidades en el breve lapso de tiempo del que disponemos entre el nacimiento y la muerte, son cualidades heredadas, virus insertos en el ADN que nos hacen esclavos de nuestro pasado. Ni más, ni menos.

Árbol: Mi pasado es responsable de mi presente.

Rage: Exacto.

Árbol: Pero a mí me va bien.

Rage: Eres un árbol. Debería destruirte. Si no fueras presente, te destruiría. No sé si te prefiero como presente o como pasado. Como presente, tal vez. Por eso no te destruyo. ¿Sabes otra cosa que no posee condición opresora?

Árbol: ¿Los árboles?

Rage: No, los árboles son tan opresores como la más débil de las criaturas. La respuesta es: El silencio. Por eso estoy tan contento por lo de aquella película.

Árbol: El silencio.

Rage: El silencio se expresa como ausencia.

Árbol: El silencio no se expresa.

Rage: Más a mi favor.

Árbol: Pero también puede ser algo. El silencio es silencio.

Rage: No. El silencio es ausencia de ondas sonoras. Es como el frío. ¿Sabías eso, árbol?

Árbol: ¿El qué?

Árbol: El frío no existe. Es ausencia de calor. Por eso hay una temperatura fría mínima, menos doscientos setenta y tres grados Celsius. Pero no hay un límite para el calor.

Árbol: Ah.

Rage: Quizá sólo la destrucción total sea el límite que el universo impone al calor.

Árbol: Si tú lo dices.

Rage: …

Árbol: ¿Es por eso por lo que te has parado junto a mí, bajo la ventisca y la nieve?

Rage: Sí. Yo antes luchaba contra el frío. Ahora sé que el frío es el fenómeno más revolucionario que existe en las leyes de la naturaleza. El frío es ausencia y, por tanto, no puede ser opresivo.

Árbol: Dejando aparte el frío, ¿me concedes al menos el hecho de que el silencio requiere de cierta intención y, por lo tanto, puede ser algo más que mera ausencia, puede ser, también, voluntad?

Rage: Aquí, en este lugar, es posible. Pero en el espacio exterior, no. ¿Sabes cuánto espacio hay en el universo, cuánta ausencia de materia, donde las ondas sonoras están descartadas? El espacio también es revolucionario.

Árbol: Rage, el principio de incertidumbre dice que tanto el espacio como el frío absoluto son unos imposibles.

Rage: Y tú, árbol, también eres revolucionario. Porque no deberías saber nada de física. Porque no deberías hablar.

Árbol: Rage, de hecho, hablo. Hablo contigo. Estás en la cuneta de una autopista, en Polonia, vas camino de Siberia, desnudo. Y hablas con un árbol.

Rage: Tus palabras tampoco son opresivas, arbolito. Porque no tienen presente ni han tenido pasado.

Árbol: …

Rage: Tengo frío.

Árbol: Ya no sé si eso es bueno o es malo.

Rage: Tengo frío.

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El huso horario Greenwich Mean Time (GMT) fija que, aquí en Europa, las cosas pasan unas cinco horas antes que en América. Así que vi la luz cinco horas antes que un americano nacido el 21 de enero de 1979. Me licencié cinco horas antes en la Universidad de Navarra y tengo cinco horas más de experiencia en mi profesión, la publicidad, que mis colegas americanos. También soy cinco horas más viejo, cinco horas más listo y moriré con cinco horas de antelación. Como nada de esto es cierto ni inteligente, nada de lo que escriba sobre Europa en esta sección será inteligente ni cierto. Pero lo haré cinco horas antes que mis compañeros.