“Quiero salvar a mi familia”.

“Las personas pensaron que mantenerse enjaulado los haría moverse menos ”

(Ki-Young).

En 1960, durante uno de tantos períodos de inestabilidad política en Corea del Sur, Kim Ki-Young (1919-1998) produce, dirige y escribe Hanyeo o La mucama (The Housemaid, por su nombre conocido en inglés).  Esta pieza ha sido denominada como una de las mejores cintas surcoreanas, abriendo lo que luego será la época dorada de su industria nacional cinematográfica (inicia en los 60 y termina a comienzos de los 70) (Kyung Hyun Kim) . Aunque no tengo mucha experiencia en el cine de este país, coincido en que este filme es sobresaliente. Además, es una obra desconcertante: mantiene al espectador al borde del asiento, convencido de que la mucama, que posee cierta eminente locura, es también un ser peligroso, persistente y aterrador.  No obstante, al final, el director nos hace recordar el comienzo, develando así un intercambio de los roles interpretados. Todos los personajes habían ido convirtiéndose gradualmente en títeres, manejados principalmente por la empleada.  Sin embargo, ésta no es la única que opera fantoches, pues, obtiene la “ayuda” (directa o indirecta) de la dueña y señora de la casa, la Sra. Kim.  Esto es, los hechos que van aconteciendo suceden en aras de conservar la imagen de su familia y hogar.

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Al inicio de la pieza, el matrimonio dialoga sobre una noticia periodística acerca de un hombre que tiene una aventura amorosa con su sirvienta. En esta conversación se expresan dos puntos de vistas: la tontería que sería, según la esposa, tomar a una empleada como amante (“No veo cómo un hombre de buen carácter pueda perder la cabeza por una mucama”, dice la Sra. Kim en otro momento dado de la pieza) y, contrariamente, la viabilidad de la existencia de dicha relación, ya que es quien provee todas las atenciones del hogar y, sobre todo, quien, de acuerdo al marido, “está enteramente a nuestro servicio”. Consecuentemente, el público observará que los eventos van a indicar lo opuesto: los miembros de la casa estarán al servicio de ésta.

Esta constante contrariedad, entre lo que ocurre a lo largo de la obra y lo que resulta ser, funciona para manifestar los intercambios de los roles: de denotarse y cuestionarse quién verdaderamente maneja a quién. Un elemento que sirve como un guiño del director para señalar esto es el uso del cigarrillo.  Este pequeño cilindro parece tener el control de los impulsos de la mucama.  Por ejemplo, la Srta. Cho, amiga que recomienda a la empleada y estudiante del Sr. Kim, parece querer controlar a la doméstica comprándole cigarros. También, los niños parecen querer dominarla, quitándoselos.  Con esto, el señor de la casa, se los regresa y le permite fumarlos. Ahora bien, insisto en que parecen porque, después, quien  controla y domina es la sirvienta.  Aún así, esos detalles son avisos para el espectador: ésta resultará ser la dominada (entre otros). Por consiguiente, la aparente realidad se trastoca doblemente cuando el Sr. Kim, en el cierre de la cinta, exhala humo sobre la mucama; la expresión evidente de ésta, de estar atada al vicio de fumar, contrasta con el carácter que ella muestra a través de toda la pieza.

Asimismo, otra idea presentada es el cambio social de la época.  A mediados del siglo XX se manifiestan constantes transformaciones políticas en el país, a partir del fin de la guerra de Corea (1950-3) y el inicio del período de la  colonización norteamericana (desde 1953). Esto conduce a la occidentalización y americanización de la sociedad surcoreana, que producirán cambios en las clases sociales, y al énfasis en la importancia de conseguir éxito (o la apariencia de esto). Además, esto provocará otras variaciones, específicamente, en el rol de la mujer en sociedad: “The roles of women in society also began to change as a direct result, with many beginning to work for the first time in their lives”. (Quinn).  El filme ilustra esto, pues, el director: “…uses both of these changes in society, throughout The Housemaid, to critique the shift away from Confucianism to much less morally based Western ideals – implying that those changes were largely to blame for the disintegration of both the family in the film and family in the society-based sense”. (Quinn)

Así, para algunos críticos el cambio social ilustrado en la pantalla del cine, en lugar de pretender retratar la realidad, busca distraer al público coreano.  Según, Hyun Kim, “Kim Ki-young defied both genre rules and social conventions by playfully crossing the borders between reality and fiction, social rules and personal cravings, and gluttony and self-restraint, helping Koreans suffering poverty and other postwar trauma forget their miseries” (Hyun Kim).

Mencionado ya esto, en ambas posibilidades, una de las maneras que utiliza Kim-Young para simbolizar dichos cambios sociales, es representando un trueque de la máquina de coser y la faena laboral, por la máquina televisiva y su función de placer.  Por esta razón, se presenta a la señora Kim con el deseo de obtener una televisión, por lo que se dedica constantemente a sus trabajos de costura para poder comprarla. Con esto, se ilustra el canje de las dinámicas familiares a causa del trabajo. El esposo, sabiendo que su mujer está sumamente cansada con estas labores, le pide a ésta que desista de la idea de adquirir este aparato, símbolo de la modernidad.  Éste sugiere que él bien podría llevarla al cine. Así, adquirir un televisor indica, entonces, no solo los cambios por los que Corea estaba pasando en los años 60, sino también la decadencia del círculo familiar por trastocar sus prioridades:  “The TV signals that the Kims are the richest family in the neighborhood; only then do the parents reference their next project, helping their daughter get well and get those braces off her legs (a mix-up of priorities if ever one existed)” (Jake Cole).

 Seguido, la Sra. Kim provoca lo que luego acarrea. Ésta le responde a su esposo y se queja de que él nunca la lleva al cine, ya que está abrumado con tanto trabajo porque debe pagar su nueva casa y los servicios de la mucama. Aquí, no podemos perder de vista que ambas cosas son antojos que la esposa ha pedido para sentirse contenta, para poder mantener la perfecta imagen de una familia feliz. Es decir, la sucesión de eventos que van suscitándose, como el empleo del Sr. Kim en la factoría como maestro de música para costear la nueva vivienda, dar clases privadas de piano a la Srta. Cho, la consiguiente contratación de la doméstica recomendada a conveniencia de la misma Srta. Cho y, finalmente, todo lo que se le permite a la empleada, sobreviene por “salvar” a la familia, buscando cumplir así el deseo de la misma Sra. Kim.

Es evidente que todas las mujeres de la obra son manipuladoras y buscan controlar al Sr. Kim. Los personajes masculinos parecen ser, a lo largo de toda la pieza, los más débiles. El Sr. Kim, sujeto a la voluntad de su esposa, a la manipulación de la Srta. Cho, a la seducción y chantaje de la mucama y a la incapacidad física de su hija, se descubre atado y sin remedio de lo que las féminas deciden.  Éste, víctima de la supuesta debilidad femenina, a la que se alude incluso verbalmente durante la historia del filme, ulteriormente plantea, a carcajadas, las posibles tragedias que pudieran suceder si se dejase manejar por éstas.

Mi lectura de la pieza es que se trata de un aviso que da el director sobre la vulnerabilidad del hombre ante las mujeres.  Esto es, que sea posible que ante la tentación, el ‘macho’ pudiese comportarse como un animal que responda a sus instintos, a “sus más primitivos deseos”. Que una mujer joven en el seno de un hogar familiar, la mucama, “es como ofrecer carne cruda a un tigre”, según indica la Sra. Kim.  No obstante, como advierte inversamente su marido, igualmente podría ser como poner a “un lobo en un cercado de ovejas”.  Entonces, aquí podemos inferir que ese lobo podría ser tanto el hombre como la mucama; ¿o acaso el público? Esto es decisión del observador del filme. Aunque, no deja de impactar la ironía y efusión de las risas fuertes del protagonista al traspasar el umbral, antes ignorado, de la pantalla cinematográfica.

Una vez el espectador ha reconocido, al finalizar la pieza, la artimaña que el director ha tramado, comienzan a chocar en nuestra mente un tumulto de imágenes ya vistas en la pieza. Comenzamos a interrogarnos ciertas ideas que habíamos dado por hecho. Reconocemos que las verdaderas marionetas hemos sido nosotros, el público. Aun, no basta con descubrirse esta realidad sino que, para colmo, notamos que hemos sido engañados y burlados.

La verdad se hace patente, “the husband’s boisterous laugh indicates that what we saw is not how he really envisioned the story he read at the start. …his cheerful, didactic speech [is] an ironic subversion of whatever insipid morality gets pushed in these kinds of addresses” (Cole).  Aquí, la obra toma un tono didáctico a través de la ironía; es un aviso de que lo que se observa o lo que obtenemos a través de nuestros sentidos permuta, tal como el filme lo ha hecho ante nuestros ojos: “the final parting shot may just be the knockout blow in one of the most unsettling, devastating critiques in all of cinema” (Cole). La estructura de Hanyeo desdibuja la división entre la realidad y la ficción (Hyun Kim), entre lo que está dentro de la pantalla y lo que se encuentra fuera de ésta, y las  víctimas de la intensa trama, ya sea real (política, social, económica) o imaginaria (la estética cinematográfica), somos los espectadores.  Nos toca experimentar la sensación inevitable, y cada vez más agravada, del ‘shock’ de la vida misma, de la falacia que sería “salvar a la familia” a través de un engaño.

Trabajos citados:

Cole, Jake. “The housemaid (1960)”. Not Just Movies. Publicado el 20 de enero de 2011.  Tomado el 11 de abril de 2014 de:

http://armchairc.blogspot.com/2011/01/housemaid-1960.html

 

Hyun Kim,  Kyung. “The Housemaid: Crossing Borders”. The Criterion Collection, Film Essays. Publicado el 17 de diciembre de 2013. Tomado el 12 de abril de 2014 de: http://www.criterion.com/current/posts/2993-the-housemaid-crossing-borders

 

Quinn, Paul. “The Housemaid (1960, South Korea) Review”. Hangul Celluloid South Korean Movie Reviews. Tomado el 12 de abril de 2014 de:

http://www.hangulcelluloid.com/housemaid1960.html

 

 

© 2014, Diana Grullón. All rights reserved.

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Diana Grullón

Diana Grullón

Soy nacida y criada en Puerto Rico.  Tengo una licenciatura (B.A.) de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, en Literatura comparada e Historia del arte (2006).  En el 2004-5 estudié varios cursos en la Universidad Autónoma de Madrid.  Luego de haber confirmado mi pasión por las artes durante mis estudios subgraduados y de haber sido premiada en un certamen literario con el tercer lugar en Cuento Universitario (2003), ya no necesitaba más razones para seguir soñando.  Así emprendí un nuevo reto e hice la maestría en Florida International University (FIU) en español en Literatura latinoamericana, con especial atención al Caribe (2008). Actualmente, me encuentro en el proceso de escritura de mi tesis doctoral (FIU, Ph.D Candidate, 2010) y me graduaré en el 2014.  Mi trabajo analiza las teorías de identidad cultural en el ensayo del Caribe del siglo XX.  Mis pasiones siempre me han movido por la vida: mi labor de madre, mis estudios, mi gran amor por el arte y la literatura, los viajes y las culturas.  Con tanto, siempre tengo urgentes deseos de escribir.