Porque nos da la gana. Poema de David Campos

Porque nos da la gana

Uno observa el mutuo andar de las cosas

el día y la noche que somos.

Nadie duerme ni espera el murmullo húmedo

del frío.

Y no se vale no sentir frío

ni llorar ni odiar

todo el anhelo del pan remojado en el café.

Voy a quejarme siempre

de la sonrisa y del afán

de los libros y el sol

del amor y los latidos.

Tiritar en los dientes tu nombre

sentir hambre

y olvidar el deseo

llenar las arcadas de la risa

de no tener un quinto

Amar todos tus orgasmos

 

No exijo nada

mas que el oficio de vivir

día tras día como un niño

descubriendo el regalo más allá del regalo.

Saltar y caerse para recordar

diez años después

lo hermoso de quizá

matarse

en cada intento.

Temblar de frío o de impaciencia

de coraje o de placer pero temblar

sin la vergüenza del espejo

y con los latidos vivos

y los muertos

a cuesta sobre el canto de los días

 

Reír por la rabia y la risa

y el otoño y el viernes por venir.

Reír por el capricho

pataleando entre las sábanas.

Reír porque enojarse es reír más fuerte

y llorar es alegrarse mañana

aunque no haya ni tarde ni buenas noches.

Andar entre los ojos y las aguas y las ramas

columpio de brisa en brisa

apuro de las manos por tocar esos pulmones

que respiran y respiran ahogados

solo aire

el seco vacío de no reírse del frío y el calor

de la ola

del hambre

de la cama

Reírse porque sí porque nada

hay sin el coraje de la vida.

Reírse porque duele

reírnos porque nos da la gana.

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Elías David

Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.